Árboles

Por Eduardo Ceballos

En esta oportunidad hablaremos de ‘Los Hermanos Árboles’, ya que todos son plantas con semillas, vale decir, que vienen de una interminable cadena de vida. La luz es su fuente de energía, el carbono y el agua son la materia prima. Un verdadero milagro existencial. Muchos árboles han desaparecido se han perdido en su camino. Cuantos bienes materiales proporcionan: alimento, madera, combustible, resina, medicamentos, refugio para pájaros, roedores, insectos, son nuestros protectores.


Tienen mucho que ver con el clima: los vientos, la lluvia, protegen de la radiación, de la humedad, son los serenos vigilantes de nuestra relación con el cosmos.
Amortiguan la intensidad de los ruidos molestos, absorben dióxido de carbono y restituyen oxígeno, mediante la fotosíntesis. Regulan la temperatura, otorgan sombra, producen un trabajo incesante que protege la vida.


Respetados y venerados por numerosos cultos. Han prestado su imagen como el roble entre los mapuches, el pino en la navidad, la araucaria de los araucanos. Esto se debe a que cada cultura lo interpreta y le consagra un rol distintivo.
No sólo cuidan al hombre, también cuidan el planeta. Ellos son parte de la comunicación astral que mueve los ingredientes que se mueven mágicamente por los infinitos caminos del universo.
‘El verde los árboles está en mi sangre’, lo expresó el poeta Fernando Pessoa, refiriéndose justamente a la presencia luminosa de su hechura.


Son nuestros hermanos compartiendo espacios existenciales. Nos acompañan. Nos brindan su protección y energía. Además, son bellos y podemos afirmar que un árbol se levanta como un templo sobre el paisaje. Es referencia, luz y guía.
Acompañan la historia humana y otorgan su carne, esa madera perfumada, para que las manos carpinteras construyan cuna, silla, mesa, cama, féretro. Desde el principio al final, siempre con los hermanos árboles. También se prestan para construir herramientas, armas, barcos, rueda, todo lo que la imaginación pueda.
Por el árbol andan los sabores con sus frutos, el perfume, el remedio a nuestros males. La sombra placentera y compañera, que ayuda a soportar el camino.
Ver un árbol es observar el paisaje de la vida, que pone su elegancia sobre la faz de la tierra, pintando de verde el futuro y la alegría que trepa por su madera.
Es el hogar de infinidad de seres vivos, que lo toman como su casa. Los años le dibujan en su rugosa piel el tiempo transcurrido. Todo es fiesta con el hermano árbol.


Pero a pesar de todo lo bueno que representa, hay muchos hombres que los talan indiscriminadamente, sin importar de los beneficios de su presencia. Sólo les importa su negocio. Los mensajes del clima, pareciera que son el clamor de los árboles, pidiendo clemencia. Los daños avanzan y los desiertos. Es menester educar a las nuevas generaciones para que cuiden la casa del futuro. Se debe premiar la existencia de los hermanos árboles, porque de ellos viene el viento de la vida.


Cada árbol es una canción, un laboratorio que trabaja en forma incesante, una catedral de luz, una pintura que baila con la brisa, un ser que comparte cada uno de los ingredientes fecundos de la realidad circundante.

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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