SER o PARECER

Por Olivier Pascalin

De la distancia reveladora a la ilusión de la proximidad sin costo

Se trata de una autopsia lúcida, cruda y profundamente filosófica de la cultura de masas contemporánea: la elevación de la mediocridad, la erupción de la inmediatez y la anulación del malestar fecundo que genera la verdadera excelencia.

​Esta reflexión desde la perspectiva de un artista multifacético que inició su trayectoria hace cinco décadas como yo permite observar que el fenómeno «artista» denunciado no es una anomalía fortuita, sino la culminación de un proceso de vaciamiento ontológico.

​¿QUÉ CAMBIÓ? La inversión del Paradigma Artístico y Humano

​​Hace 50 años: La admiración hacia un maestro de la escena, un compositor o un escritor nacía de la percepción de una distancia técnica y poética. Su obra ponía en evidencia lo que al espectador o aprendiz le faltaba por construir. Esa «distancia incómoda» no aplastaba; funcionaba como una brújula y un motor de desarrollo.

​Hoy: Se idolatran figuras cuya distancia con el público es casi nula o sea el idiota celebrado entrega la sensación de pertenecer sin el costo que la pertenencia siempre exigió. La masa ya no busca en el artista una elevación o una pregunta difícil, sino una confirmación complaciente de que estar vacío y no haber construido nada es suficiente.

​De la arquitectura temporal a la estimulación emocional inmediata

​Hace 50 años: Una pieza musical, una obra teatral o un texto dramático se estructuraban sobre el tiempo de maduración, el conflicto interno y el residuo poético. La obra exigía silencio, paciencia y permanencia. La música no buscaba solo el ritmo corporal; buscaba la resonancia en la memoria.

​Hoy: La música basura y el reggaetón masivo, la producción cultural contemporánea ha sido despojada de relato y de conflicto. Se ha sustituido la elaboración estética por la fórmula hipersexualizada, la ostentación y el bucle adictivo. No hay residuo después de que la canción termina, solo la necesidad mecánica de pasar al siguiente estímulo.

​Del resentimiento disfrazado de «Democratización» al rechazo de la excelencia

​Hace 50 años: La maestría en el oficio (el dominio del en-dehors y la línea de plomo en la danza, la precisión armónica, la densidad dramatúrgica) era respetada como un logro del espíritu y del rigor.

​Hoy: La pedagogía del confort ha convertido la excelencia en una amenaza psicológica. Ante quien domina una disciplina tras años de entrega, el individuo contemporáneo no siente el deseo de aprender, sino una incomodidad punzante. Para defenderse, recurre a la lengua del resentimiento: tilda la complejidad de «aburrida», «inaccesible» o «elitista», prefiriendo la mediocridad empacada bajo la etiqueta de «lo real» y «lo popular».

​¿POR QUÉ CAMBIÓ? Las Fuerzas Mecánicas del Vacío.

  • La captura de la voluntad sobre la razón: Apelando a la intuición de Schopenhauer, la industria cultural actual descubrió que para dominar la atención no hace falta convencer al intelecto ni conmover la sensibilidad profunda. Basta con impactar la voluntad primaria a través del ritmo repetitivo, la hipersexualización y la notificación constante. El bucle elimina la pausa donde podría nacer la reflexión.
  • La inclusión sin esfuerzo como mercancía: El sistema descubrió que el mercado más lucrativo no es el de quienes buscan superarse, sino el de quienes buscan la absolución de sus carencias. Vender «permiso para no construir nada» genera audiencias de millones, respaldadas por algoritmos que convierten el volumen de clics en la única prueba de valor moral y estético.
  • El colapso de la rigurosidad pedagógica y cultural: Se abandonó progresivamente la formación del juicio crítico y el entrenamiento del gusto en favor de la inmediatez comercial. Al eliminar la exigencia formal en las artes, se convenció a varias generaciones de que el número de reproducciones o la hipervisibilidad mediática equivalen a talento.
LA PERSPECTIVA DEL CREADOR: El Acto de Resistencia

​Mirado a través del prisma de cinco décadas de labor interdisciplinaria entre la escena, la música, la literatura y el cuerpo, este panorama no debe conducir al cinismo ni a la resignación, sino a un posicionamiento ético inquebrantable:

​El verdadero acto revolucionario en el siglo XXI no es la protesta ruidosa, sino la decisión cotidiana de soportar la incomodidad que produce la belleza real.

​Exponerse a lo que exige: El antídoto contra la idolatría del vacío consiste en cultivar la capacidad de permanecer frente a una obra que no se entrega de inmediato, que resiste la lectura rápida y que requiere que el espectador o el oyente crezca para poder comprenderla.

​Habitar el silencio posterior: Frente a la música que se consume y desaparece al instante, sostener la búsqueda de aquella creación que no se puede bailar en dos minutos, pero sigue haciendo eco mucho después de que el silencio vuelve.

​Guardar la dignidad del oficio: Mantener la exigencia técnica, la densidad poética y el rigor narrativo no como un mero apego al pasado, sino como la única trinchera capaz de ofrecer a las futuras generaciones una alternativa real frente al desierto de la inmediatez.

Olivier pascalin

Publicado por oberlus1954

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