Mundiales de Fútbol: La Historia Negra

Por Marcelo Agüero Urquiza

Los delitos relacionados con los mundiales de fútbol abarcan desde fraudes digitales contra los aficionados hasta grandes casos de corrupción internacional. Al ser los eventos deportivos más grandes del planeta, las mafias y los delincuentes aprovechan la alta demanda de entradas, la pasión de la gente y las enormes sumas de dinero que se mueven para cometer distintos actos ilícitos.

Las estafas y fraudes contra los aficionados son los delitos más frecuentes y los que afectan directamente al público en general, antes y durante el torneo. Los métodos más comunes son:

  • Venta de entradas falsas: Los delincuentes revenden boletos clonados o inexistentes a través de redes sociales y páginas web no oficiales.
  • Páginas web falsas (Spoofing): Los ciberdelincuentes duplican el diseño de los sitios oficiales de la FIFA para robar datos bancarios y contraseñas de los usuarios.
  • Paquetes turísticos inexistentes: Agencias de viajes fantasma ofrecen vuelos, hoteles y traslados económicos que resultan ser un fraude.
  • Transmisiones ilegales con virus: Sitios que prometen ver los partidos gratis de manera digital, pero que infectan los celulares o computadoras para robar información.

La corrupción y los delitos financieros ocurren tras bambalinas e involucran a altos directivos del deporte, empresarios y gobiernos. Por ejemplo, esto se vio claramente en el caso de los sobornos por sedes (conocido como FIFA Gate), donde directivos compraron votos para elegir qué país organizaría el mundial. También destaca el lavado de dinero, usando las ganancias de los sobornos y los derechos de transmisión para meterlas de forma ilegal en el sistema bancario comercial. Además, existe la reventa ilegal a gran escala por medio de redes organizadas que desvían miles de entradas oficiales para venderlas en el mercado negro a precios exorbitantes.

Los delitos violentos y de alto impacto también forman parte de la historia negra de la Copa del Mundo. A lo largo de los años, se han registrado robos de trofeos emblemáticos, crímenes contra futbolistas y graves amenazas por parte de dictaduras o mafias de apostadores.

El trofeo original de la Copa del Mundo, llamado “Jules Rimet”, fue blanco de los delincuentes en dos ocasiones antes de desaparecer para siempre.

Primero ocurrió el robo de Londres en 1966. Tres meses antes del Mundial de Inglaterra, la copa fue robada mientras era exhibida en una iglesia.

El país entero entró en pánico hasta que un perro llamado Pickles la encontró envuelta en papel de periódico bajo un arbusto. El segundo caso fue peor: el robo definitivo en Brasil en 1983.

La FIFA le había regalado el trofeo original a Brasil por ser el primer tricampeón. Un grupo de ladrones la robó de las vitrinas de la Confederación Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro. Las investigaciones policiales determinaron que la copa fue fundida en oro y vendida.

Solo se recuperó la base original, guardada en el Museo de la FIFA. Los ladrones en Brasil sabían que el trofeo estaba protegido por un vidrio antibalas, pero la estructura trasera era de madera simple, así que usaron una palanca para arrancarla. Los hombres acusados del robo murieron años después en situaciones extrañas (asesinados o bajo misterio), lo que alimentó el mito de la maldición de la copa.

El trágico asesinato de Andrés Escobar en 1994 fue otro golpe oscuro. El Mundial de Estados Unidos 1994 estaba fuertemente salpicado por el dinero de las apuestas ilegales en Colombia. Los carteles del narcotráfico habían invertido millones apostando a que la selección colombiana avanzaría lejos.

El gol en contra o autogol protagonizado por Escobar hizo que los capos del narcotráfico perdieran fortunas. Al regresar a su país, Escobar fue a un restaurante en Medellín. Allí fue insultado por los hermanos Gallón Henao, poderosos personajes vinculados al paramilitarismo. El chofer de estos hombres, Humberto Muñoz Castro, sacó una pistola y le disparó seis veces al jugador. Muñoz fue condenado a 43 años de prisión, pero increíblemente salió libre tras cumplir solo 11 años, lo que generó indignación mundial.

Otras amenazas históricas en los mundiales ocurrieron antes del partido entre Uruguay y Argentina en 1930. En la primera final de la historia, el árbitro belga Jean Langenus exigió un seguro de vida y un barco listo en el puerto por si la violencia estallaba en el estadio. Los jugadores argentinos recibieron amenazas directas de muerte en su hotel por parte de los hinchas locales y sufrieron presiones extremas antes de la final. El defensor argentino, Luis “Doble Ancho” Monti, confesó jugar el segundo tiempo aterrorizado tras recibir cartas que amenazaban la vida de su madre y de su familia si Argentina salía campeón.

En 1934, el dictador italiano Benito Mussolini usó el Mundial de Italia para hacer propaganda de su régimen. Antes de la final, envió un telegrama al entrenador Vittorio Pozzo con una frase contundente: «Victoria o muerte». Los futbolistas jugaron sabiendo que perder arriesgaba sus propias vidas.

Durante la dictadura en Argentina 1978, el torneo se jugó bajo un régimen militar violento. Varios futbolistas denunciaron años después haber sufrido un clima constante de intimidación. Incluso, algunos jugadores de la selección argentina recibieron advertencias hostiles de altos mandos militares para asegurarse de ganar la copa a cualquier costo.

Zaire (hoy República Democrática del Congo) fue el primer país del África negra en clasificar a un Mundial, en Alemania 1974. El dictador del país, Mobutu Sese Seko, usó al equipo como propaganda política. Les regaló casas y autos, pero todo cambió tras las primeras derrotas. Luego de perder 2-0 contra Escocia y sufrir una histórica goleada de 9-0 ante Yugoslavia, Mobutu se enfureció. Mandó a sus guardias armados al hotel de los jugadores en Alemania. Los militares le dieron un ultimátum al plantel: si perdían por 4 o más goles ante el campeón Brasil, ninguno podría regresar al país y sus familias sufrirían las consecuencias. Al minuto 85, Brasil ganaba 3-0 y tenía un tiro libre a favor. Si anotaban el cuarto gol, los jugadores de Zaire temían morir. En ese momento, el defensor Mwepu Ilunga corrió desde la barrera y pateó el balón lejos antes de que el brasileño cobrara. El mundo entero se burló pensando que Ilunga no conocía las reglas, pero años después confesó que lo hizo por puro pánico para congelar el tiempo y salvar sus vidas.

El partido terminó 3-0 y el equipo pudo volver a casa a salvo.

Otro caso impactante fue el de Romário. El secuestro del padre del jugador brasileño, Edevair de Souza Faria, ocurrió en mayo de 1994, a solo unas semanas de comenzar el Mundial de Estados Unidos.

Es uno de los casos más increíbles de la historia del fútbol porque el jugador amenazó con no jugar el Mundial si no liberaban a su padre, poniendo de rodillas tanto a la policía como al propio crimen organizado. Finalmente, su padre apareció sano y salvo sin tener que pagar el rescate.

Los casos son muchísimos, incluyendo el ocurrido en Qatar 2022. Mientras que los comités oficiales mantuvieron durante años una cifra extremadamente baja de fallecidos, investigaciones de medios internacionales y grupos de derechos humanos revelaron que miles de trabajadores migrantes perdieron la vida construyendo las canchas y hoteles. La cifra oficial ponía apenas tres muertos. Después, poco antes de empezar el torneo, un jefe del Mundial de Qatar, Hassan al-Thawadi, confesó en televisión que la cifra real de obreros muertos en obras relacionadas al torneo era de entre 400 y 500 personas. Además, el prestigioso diario británico The Guardian hizo una investigación profunda basada en los datos de los países de origen de los trabajadores (como Nepal, India y Bangladesh). Descubrieron que más de 6,500 trabajadores migrantes murieron en Qatar desde que el país ganó la sede del Mundial en 2010 debido al sistema Kafala, una forma de esclavitud moderna que era legal en ese país.

Adolf Hitler también dejó una huella trágica en el fútbol, marcada por la desaparición forzada de equipos, persecuciones y la misteriosa muerte de la mayor estrella de la época. El foco de terror del régimen nazi ocurrió justo antes y durante el Mundial de Francia 1938.

Matthias Sindelar era el delantero estrella de Austria y uno de los mejores jugadores del mundo. En marzo de 1938, Hitler invadió y anexó a Austria al régimen nazi (un hecho conocido como el Anschluss). Por orden del dictador, la selección de Austria fue disuelta y sus mejores jugadores fueron obligados bajo amenaza a vestir la camiseta de la Alemania nazi para el Mundial de 1938. Antes del torneo, los nazis organizaron un partido «amistoso» de despedida entre Austria y Alemania. Había una orden implícita de no ganarle a los alemanes. Sindelar desobedeció: no solo anotó un gol para el triunfo austríaco por 2-0, sino que se fue a bailar de forma burlona frente al palco de los generales nazis.

Tras ese partido, Sindelar se negó rotundamente a jugar el Mundial para la Alemania de Hitler alegando supuestas lesiones y una edad avanzada. A partir de ahí, la Gestapo (la policía secreta nazi) lo persiguió de cerca y destruyó un bar de su propiedad. El 23 de enero de 1939, pocos meses después del Mundial, Sindelar y su novia (una mujer de origen judío) aparecieron muertos en su cama. El informe nazi dictó «intoxicación por monóxido de carbono» debido a una estufa defectuosa. El expediente policial desapareció por completo y la sospecha histórica es que fueron asesinados o empujados al suicidio por el régimen.

Por supuesto que hay muchísimos casos en esta “Historia Negra de los Mundiales de Fútbol”, pero nos tendríamos que extender demasiado en el espacio y en el tiempo. Estas historias nos demuestran que, detrás del brillo de la copa y los gritos de gol, el torneo más famoso del planeta también esconde rincones oscuros llenos de peligro, injusticia y poder.

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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