Por Lucila Moro
Bajo el cielo celeste de la patria, donde los ciclos de la vida y la historia se abrazan, se levanta un canto a la renovación, al deber cumplido y al legado que trasciende el tiempo.

Semilla de Ejemplo y Luz de Otoño
l. moro
En el cruce perfecto del camino,
llega el equinoccio con su balanza de luz,
el día y la noche miden su destino,
y el árbol se desprende de lo que ya fue cruz.
Nos enseña la tierra en su giro constante
que mudar el ropaje no es perder el valor;
cada cambio es un paso, un giro adelante,
una promesa de frutos, de un tiempo mejor.
En este mismo suelo de vientos y de gloria,
se alza la sombra ilustre de Manuel Belgrano,
el hombre que fundó con actos la historia,
y no con palabras que se lleva el verano.
No buscó los honores, prefirió la entrega,
honró su palabra con el cuerpo y la cruz;
su vida es la antorcha que nunca se niega,
dejando en la patria una estela de luz.
Y en la mesa que une, donde el alma se anida,
brilla la bandeja argentina con su hondo calor,
el plato compartido, la herencia encendida,
el rito que sana, que entrega el amor.
Es el símbolo fiel del hogar que nos guía,
del esfuerzo fraterno que sabe a verdad,
donde el pan se transforma en total alegría
y el encuentro derrama su gran dignidad.
Es el Día del Padre, la voz del sustento,
del faro que cuida, del brazo que da,
que como el equinoccio, Belgrano y el viento,
nos marca el camino que no morirá.
Tres faros que danzan en una armonía,
tres fuerzas que dicen con voz de metal:
«El cambio es principio de una nueva vía,
y cumplir la palabra es el bien inmortal».
Cada ciclo que cambia, cada promesa que se transforma en acto y cada mesa compartida nos recuerdan que el verdadero ejemplo no se proclama:
Se vive. ¡Feliz día a quienes construyen el futuro con el corazón y la palabra empeñada!
Párrafo aparte mis mejores deseos a todos los padres que tengan un amoroso día. Y los que partieron dejaron en nuestro corazón ¡sus enseñanzas de vida!
