Por Belisario L. Romano Güemes
Recorrer las sendas perdidas es sentir el espíritu de nuestra tierra, es vivificarnos con la raíz señera de la epopeya gaucha, con Don Martín Miguel de Güemes, el caudillo de la sangre irrefrenable, el héroe nacional, conductor de la tierra en armas y encarnación de los humildes. Él fue la columna vertebral de la Patria, el forjador de la integración regional, un puntal inquebrantable de la Patria Grande: nuestra Sudamérica.
Su muerte en Salta, en 1821, rodeado por su ejército de milicias, es símbolo imperecedero de su mandato de futuro: ¡Morir por la Patria es gloria!

El grito que sacaron del pecho nuestros gauchos en la quebrada de La Horqueta, sobre la piedra más antigua de nuestra geografía, es un eco profundo de la nacionalidad, es el llanto colectivo que no cesa, al decir de Joaquín Castellanos.
Oficiales y gauchos juraron ante su espada, en su presencia agónica, rechazar la postrera invasión, y lo cumplieron. Güemes como el Cid Campeador, venció después de muerto. Hoy, en una nueva guerra de recursos, cuando el pueblo busca encontrarse con su destino, Güemes es parte de esta búsqueda, de esta certidumbre, de nuestras creencias más profundas.
Nuestro poeta nacional José Hernández supo ver en Güemes su importancia como forjador de la conciencia nacional. El Martín Fierro lleva su nombre «Martín» por Martín Güemes, el más gaucho de los guerreros de la independencia, como podemos apreciar en los recuerdos de la hija de José Hernández transcriptos en la obra Güemes documentado, escrita por el Dr. Luis Güemes Ramos Mejía.

Hoy como ayer, su nombre recorre nuestra tierra.
Suipacha, primera victoria de las armas de la revolución, lo tiene como protagonista fundamental. Fue borrado del parte de batalla, Era la primera pero no la última vez que las envidias y las intrigas obstruirían, su camino.
Cumplió con su palabra: las fuerzas realistas fueron completamente derrotadas y el camino al Alto Perú se abrió nuevamente por la fuerza vivificante de su brazo incorruptible.
Siete invasiones realistas fueron rechazadas desde 1816 a 1821. Una y otra vez entraron los realistas y una y otra vez se retiraron.
Un 17 de Junio una bala traidora pone fin a su vida. Un complot regional impidió que avanzara sobre el Alto Perú -actualmente Bolivia- a fin de cumplir con el plan sanmartiniano: llegar a Lima, centro del poder español en América, y constituir los Estados Unidos de la América del Sur.
Como Güemes en el parte de Suipacha el Norte argentino es olvidado y exige una reparación histórica. Sin Güemes nuestra independencia no hubiera sido posible. Sin el Norte nuestro país pierde la base de su matriz cultural, de su razón de ser, de su destino en Sudamérica.
Salta no es frontera: es el centro de un vasto espacio neocultural de integración, el actual problema energético, nuestra integración histórica con Tarija y Tupiza, nuestro pasado y presente, nos constituyen en una zona bisagra con el Sur boliviano y el Norte chileno. Nuestra epopeya gaucha nos une con lazos de sangre a la República hermana de Bolivia. Se ha demostrado que Güemes fue un precursor del federalismo argentino, él apostó por un federalismo republicano, de equilibrios, de cooperación y de integración. El suyo fue, como bien dice el profesor Carlos Romero Sosa, un «federalismo constructivo«.


Cuando la autoridad nacional tendió a disolverse, y en lo que se considera el primer acto de autonomía política de nuestra incipiente e inorgánica democracia del siglo XIX, así el Cabildo de Salta eligió a Güemes como gobernador. Fue el primer gobernador argentino electo en ejercicio de una autonomía local negada durante la administración española y postergada en su aplicación por los primeros gobiernos patrios. Güemes fue de este modo, quien inauguró nuestro federalismo de hecho.
Desde nuestra pertenencia, desde nuestra tierra salteña, emerge la palabra autorizada del General Güemes, comunicada al director supremo Álvarez Thomas en 1815, para decirles:
«Suplico igualmente con toda la efusión de un corazón penetrado de dolor y sentimiento de los males causados con esta revolución, que no sé si podremos parangonar con los bienes futuros que lisonjean la esperanza, separe de su lado y consejo, todo hombre interesado, ambicioso, soberbio, egoísta y desnaturalizado que no de gloria, porque verdaderamente, si lo precioso del oro queremos entreverar con la escoria e inmundicia del vil vil interés, si una provincia trata de cobrar sus auxilios, la otra sus empréstitos y empeños, aquellas sus servicios y cuál sus perjuicios, la Constitución y edificio que emprendemos vendría a reducirse a un concurso de acreedores o pleito de particiones y mejoras de tercio y quinto, y los fundadores de la patria, sus libertadores y reformadores del antiguo gobierno, haríamos únicamente el papel de hombres pueriles, ridículos y farsantes de comedia».
Por todo esto y mucho más evoco al General Martín Miguel de Güemes, Gobernador de la Intendencia de Salta, General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, único general de la independencia que muere en combate por bala enemiga. Junto al Libertador Don José de San Martín y al Creador de nuestra Bandera, General Manuel Belgrano, como uno de los pilares de nuestra libertad e independencia espiritual y material.
Desde el fondo de nuestra historia el General Martín Miguel de Güemes nos señala:»…al pueblo que quiere ser libre, no hay poder humano que lo sujete».
Belisario Luis Romano Güemes es un destacado escritor y docente argentino nacido en Buenos Aires, radicado desde 1981 en San José de los Cerrillos, Salta. Es profesor de historia y de enseñanza primaria, y ha publicado numerosos libros de poesía y narrativa, recibiendo galardones internacionales como el Premio a la Excelencia «Mar de Cristal». Entre sus obras figuran: Molinillo de Café (2002), De este mi sentir (2004), De mis palabras descalzas (2014) y Amanecer en versos (2016).

