Recordando a Eva Duarte

SIMPLEMENTE EVA

Un día como hoy, 7 de mayo de 1919 nacía Eva Duarte, en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, y el mejor recuerdo es con fragmentos de la novela de Liliana Bellone, Simplemente Eva:

Verano en Junín. Era verano cuando se fue en un tren, recién hecha señorita con tacones altos, medias de seda, pollera angosta, sombrerito con tul y broche de fantasía. Verano,
siempre verano. Como el 15 de enero en el LunaPark.
Las Luces. Perón. Homero Manzi que los presenta. Siempre verano. Era verano cuando jugaba a la ronda en las calles regadas. El Arroz con Leche, y la plaza olorosa a paraísos,
esos árboles frágiles y con flores lilas tan perfumadas que parecen siempre adolescentes, árboles del verano y los jardines con magnolias y azucenas.
A Doña Juana Ibargueren le gustaban las magnolias y su perfume lujoso. Y las violetas, como a ella. Las rosas, las camelias y las orquídeas que le mandaban al Palacio Unzué, se las regalaba a Juana Ibarguren.
“Llevalas para mi madre”, le decía a Irma Cabrera. Y los ojos buenos de su madre la protegieron de las miradas ruines, de los deseos torcidos de las orgullosas señoras
de Barrio Norte.
¿Por qué la odiaban tanto? Porque era ilegítima, por eso la odiaban sin duda, como si el amor necesitara legitimarse con firmas y documentos. Pero esas pacatas señoras mezquinas y mediocres no podían ver más allá de sus narices. Estupidez. Tanto daño había hecho ya la estupidez. Mediocridad. Cholulismo. Cerraba los ojos fatigada.
Allá está Juancito con Fanny. Formaban una bella pareja. Fanny, amiga, hermana, me hubiese gustado que te casaras con mi hermano. Perón aún no ha llegado. Todo se
desvanece ahora, el tapado de visón, la gargantilla de esmeraldas, la Gran Medalla, la Gran Cruz de Isabel la Católica.
Todo se esfuma. Un viento helado arrasa. Nada queda en la planicie. Hay una mujer Solamente una mujer con un velo.
“Tuvo una extraña mejoría. ¡Se ha salvado!”, exclamó Juancito Duarte. Ella pensaba en esos momentos en su último pedido, las armas para la gente. Quiso levantarse, pero
se lo impidieron. Quiso ponerse los zapatos, los guantes, el sombrero, el traje sastre, el collar de perlas y salir. Salir. Alguien la estaba esperando. Bajó en sueños por las escalinatas el Palacio Unzué, voló por Libertador, por Alem y llegó al Parque Lezama, contempló las estatuas frías y una voz como el viento le dijo que había cumplido. Volvió por Paseo Colón, recorrió Independencia (Oyó la voz de Nelly Omar cantando Sur / paredón y después / Sur / una luz de almacén / ya nunca me verás como me vieras / recostado en la vidriera / esperándote), pasó por el edificio de la CGT y entró en la Secretaría por Yrigoyen. Miró los cuadros, los pesados cortinajes marrones, el sillón y el escritorio con los adornos de cocodrilo. Firmó un papel. El pacto estaba sellado.
Por el cielo gris de Buenos Aires se delizó también un sulky negro. Ahí venía Juana Guiquil. El carruaje se detuvo en la entrada del Palacio Unzué. Algunos vieron los caballos negros y vieron a la Juana Guiquil con un velo y joyas de plata. Juana Guiquil, el hada, la sibila, la bruja, el ángel, la moira, venía a cobrarse su deuda.
Al fin y al cabo todas las vidas son iguales, se resumen a pequeños sueños, pequeños deseos, pequeños paisajes olvidados y que son los más importantes. Hasta los monarcas
más grandes reducen su historia a pocos trazos, a una tibia sonrisa de la infancia…

liliana bellone (2026). simplemente eva. p. 236-237

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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