Por Rosalba Linares (escritora y poeta venezolana)

Tuve una vez un largo sueño
donde los pájaros con sus trinos entonaban
melodías, que a mi alma embelesaba.
La suave brisa entronaba ruidos de tranquila
Agonía, al ver que el sol radiante encendía
a colores neutros y fríos dándoles alegre vida.
De repente los pájaros hacían mudo silencio
mientras yo veía como hojas diferentes caían.
El trueno retumbaba ahora y las aves iban
y venían enloquecidas, buscando… dónde irían
cuando la verdadera tormenta comenzara
y ellas por andar lejos a su casa no llegarían.
Mi ser se escogía no de frío, sino de pena
por ver a los arboles sucumbir en los rios
de lluvia que del cielo en cascadas caían.
De pronto los montañas se enmantillaron de blanco
y los suelos se cubrieron con fuerte y denso abrigo
buscando calor protegiendo campos de flores
del gran frío, anunciando del glacial invierno su arribo.
A mis enlagrimados ojos les llegó sensación
de alivio, al poder contemplar ahora lo florido
del campo que se extendía en infinito brillo
de tantos colores y pajarillos vistosos, que danzaban
teniendo un cielo limpio de grises nubes, acrisolado
por radiantes coronas de un sol en amarillo.
Lloré despierta al sueño extraño que había observado
y seguía llorando extasiada, al terminar de escuchar
las notas en violines de Vivaldi, Las Cuatro Estaciones.
