Roberto Goyeneche

PUNTO Y COMA

Por Roberto Espinosa

Hace un siglo vio la luz, El Polaco, ese conversador del tango, sigue vivo a través de sus memorables interpretaciones

Un dos por cuatro trastabilla en los labios astillándose en manos temblorosas.

“Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento, perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon en el viento…”

Ese viernes de 1926, hay un curioso alboroto de empedrados en el barrio porteño de Saavedra. Ese 29 de enero, el llanto de un changuito dibuja tal vez un vaticinio de tango.

Su abuelo es el culpable de un despelote de Robertos que lo acompañará por la calle de la vida. Su padre: Roberto Emilio; su tío: sólo Roberto, al igual que el Polaco. Cuando en el comedor dominguero, la madre invoca: “¡Roberto!” Tres le responden al unísono.

Su padre lo deja huérfano de caricias a los cinco años. El Polaco lo busca en las huellas del tango y lo encuentra en su amigo Enrique Cadícamo. A los 15 años ganó un premio y se inicia en los ecos ciudadanos con la orquesta de Raúl Kaplún. Por esos años, maneja un taxi y después oficia de colectivero en la línea 19:

“Manejaba y cantaba. Después me fui a cantar con Salgán y seguía arriba del colectivo”.

La camiseta de Platense flamea ya en sus insomnios.

Canté con el alma

“El Polaco es único. Canta hasta los puntos y comas”, desliza “Pichuco” Troilo una noche. “Si existe algún misterio para definir mi estilo es ese: cantar las comas. El intérprete debe cantar todo. Cátulo Castillo dice: ‘Soñaba, ayer, la espera del silbido’. ¿Y yo voy a cantar: ‘Soñabayer la espera…’? Eso sería una barbaridad. Yo siempre di patadas mientras canté. En el arranque, hasta rompía los vasos, los hacía caer de los estantes. Porque siempre puse todo; canté con el alma. Toda mi vida me gustó transpirar la camiseta”, explica Goyeneche.


“¡Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado! Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz”.

Los fantasmas de Gardel, Cátulo Castillo, Cadícamo, Troilo, Manzi, los Expósito, Piazzolla, se arremolinan en sus lágrimas. “El Gordo Troilo no tiene definición. ¿Se puede definir a un arcángel? Dios lo mandó a la Tierra y le dijo:

‘Vaya, enseñe, muestre, toque, ponga la magia y vuelva’.

Manzi como Discépolo están en la estratósfera, en el infinito. ¿Se puede decir algo más?:

‘Fuimos como lluvia de cenizas y fatigas en las horas resignadas de tu vida…’ Gardel sabía hacer todo bien; era un mago… Ástor, un renovador, un exquisito, un tipo que tuvo que aguantar todo, pero que al final ganó porque no envejeció, no se quedó en el tiempo”.

Si yo me muero ayer

1987, septiembre en Tucumán. La verborragia del colectivero eclipsa por momentos la timidez del troesma. El Polaco va a poner su garganta al servicio de la orquesta de Osvaldo Pugliese ese domingo 13 en el club Floresta. La charla fluye entre los tres en el bar del hotel República. “Mire, viejo, me falta grabar con Stokowsky y Paderewsky. Dios me ha dado 60 años y cantar a esta altura del partido con el maestro Pugliese es… Mire, si yo me muero ayer, no me importa. Ya hice todo”, me dice.

Polaco, ¿está de acuerdo con eso de que “el tango es un pensamiento triste que se baila”?

No estoy de acuerdo porque Discépolo era un hombre triste. Hay tangos jocosos y otros que cantaba Gardel en que la gente se ríe, Mire, yo no me acuerdo de Enrique porque lo conocí muy poco, pero fíjese que todos sus temas son tristes. Quiere decir que él era triste, pero no todo el tango. A mí me gusta la alegría, la comunicación con la gente que es feliz. Enrique era triste y, ojo, que no estoy hablando mal de él.

¿Cómo ha vivido la experiencia de incursionar como actor en la película “Sur”, de Pino Solanas?

Uy, mire, si yo hubiese sabido que el cine costaba tanto, pero tanto, no lo hago. Mire, yo estuve desde el mediodía hasta las 6.25 de la mañana, cantando bajo un puente con un frío de muerte y cantando sin retorno. Porque hay que hacer cámara, contra cámara, ensayos, tomas… Ahora es un orgullo ser actor, aunque yo soy cantor; además tengo un papel muy importante y participo en todos los embrollos de la historia. Ya filmé 10 tomas, pero cuesta mucho, muy sacrificado. No sé cómo hacían antes 70, 100 películas y yo que estoy con una, me estoy muriendo (se ríe)…

La garganta con corazón calamar pasea su estilo inconfundible de conversador del tango por las orquestas de Troilo, Pontier, Pansera, Baffa, Piazzolla, Stampone, Berlingeri, Pugliese y se personifica en “Sur”, la película de Solanas; 89 discos más de un millar de piezas grabadas.

1994, agosto. Los pulmones de 68 años ya lo dejan a menudo sin aliento. Ese sábado 27, conversando un sermón de vino, el alma de Roberto “El Polaco” Goyeneche deambula enloquecida por los bares de Saavedra. “

¿Qué le habrán hecho mis manos… qué le habrán hecho, para dejarme en el pecho tanto dolor…? Dolor de vieja arboleda, canción de esquina, con un pedazo de vida, naranjo en flor”.

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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