EL LIMBO DE LA HISTORIA

Por Olivier Pascalin (nota publicada por el Rotary Paraná)
El pasado martes 28 de julio, vivimos juntos como «Racines de la danse» una noche verdaderamente mágica en el Teatro 3 de Febrero de Paraná. A casa llena, y con un público que nos despidió de pie entre aplausos inolvidables, celebramos el estreno de «El limbo de la historia», una obra tan original como anacrónica que nació para sacudir los sentidos.
Como autor y director de esta pieza, ver la comunión absoluta entre el público paranaense y nuestra propuesta ha sido un regalo inmenso. La obra plantea un encuentro imposible y fascinante entre figuras históricas de tres siglos distintos, convirtiéndose en una comedia satírica, poética y profundamente humana; un auténtico y desopilante choque cultural que demostró que la historia puede (y debe) salirse de los márgenes rígidos de un libro o de un lienzo.
Un viaje al corazón del atelier y el misterio de la carta
La trama, construida con acciones repentinas y giros constantes, mantuvo a la platea en vilo. Uno de los pasajes más celebrados fue «La tregua del atelier y su carta escondida», el eje dinámico donde tres siglos colisionan.
Todo cobra sentido cuando nos adentramos en el misterio de la directora del museo parisino —maravillosamente interpretada por María Belén Arrua—, el lugar donde, tres siglos después, reaparece la enigmática carta de Madame de Maintenon, desatando la chispa de este viaje temporal.

En lo personal, fue un verdadero honor meterme en la piel de Édouard Manet, guiando al público a través de este universo pictórico y viviente. Y qué decir del privilegio de compartir escena con mi esposa, Lucila María Victoria Moro de Pascalin, quien aportó elegancia, gracia y talento incalculable encarnando a Susanne Lenhoff, la fiel compañera y esposa de Manet.
Un elenco de lujo y la música como puente
El espectáculo se sostuvo sobre los hombros de 8 intérpretes de un talento desbordante, capaces de cruzar fronteras temporales con total naturalidad.
La platea vibró con la imponente presencia de nuestros próceres argentinos, magistralmente defendidos por:
- Antonio Gianelli como San Martín
- Lucas Gelabert como Alberdi
- Mario Roberto Fernández como Güemes
¿Cómo olvidar la intensidad y el humor de la escena del duelo al sable entre Güemes y el propio Manet?

Momentos como ese demuestran que la historia, cuando se subvierte desde el arte, cobra una vida vibrante. Asimismo, pudimos explorar la más pura sensibilidad a través de la interpretación de Rosana María Inés Milocco como Manan Ventadour, y el toque de realeza y sutil ironía aportado por Mateo M. en la piel de Luis XV.
La música y la danza lucila Moro como latido propio
Una de las facetas que más disfruté compartir en este montaje fue la composición musical. Pude sumar mis propias canciones como autor y compositor, diseñadas específicamente para funcionar como el pulso vital de la obra, acompañando los tropiezos, las risas y las epifanías de estos personajes atemporales.
El limbo de la historia fue concebida como una experiencia didáctica y disruptiva: una invitación a mirar más allá del cuadro, a entender que las pasiones humanas no entienden de cronologías.
Gracias, Paraná, por abrirnos sus puertas, por latir con nosotros y por convertir esta noche en un hito inolvidable de nuestro paso por el Teatro 3 de Febrero.


