Tamam Shud

Por Marcelo Agüero Urquiza

El 1 de diciembre de 1948, se inició uno de los enigmas más famosos de la historia policial australiana, que fue conocido como “El Misterio del Hombre de Somerton”. Cuando fue encontrado sin vida en la playa de ese lugar, en Adelaida, un hombre elegantemente vestido. El cuerpo no tenía ningún tipo de documentos y las etiquetas de su ropa, estaban cuidadosamente arrancadas.

Un tiempo después, los investigadores encontraron en un bolsillo secreto del pantalón del fallecido, un papel enrollado con la frase “Tamam Shud” que, en idioma persa, significa: “Terminado” o “finalizado”. Algo así como “The End” en inglés o simplemente “Fin” en español.

La policía australiana, logró ubicar, el libro al cual le arrancaron la última hoja, dentro de un automóvil estacionado cerca de donde fue hallada la víctima. Se trataba de la última página de una rara edición del libro de poemas de Omar Khayyam, titulado “Rubaiyat” que, en persa, significa cuartetas o poemas de cuatro versos. En realidad, Omar Khayyam era sirio, pero escribía sus poemas, hace casi mil años atrás, en el idioma de su madre.

En la contratapa del libro encontrado por los investigadores, se observaron algunas anotaciones que aparentemente conformaban un código secreto de letras que, criptógrafos de todo el mundo intentaron descifrar sin éxito. Según las crónicas de la época, surgieron teorías conspirativas apuntando que, durante más de setenta años el Hombre de Somerton, era un espía de la Guerra Fría.

El misterio de su identidad se resuelve gracias a los avances de la genealogía genética forense. Otro factor que ayuda a esta resolución, es que los policías del pasado, habían secuestrado parte del cabello de cuerpo y, hasta le habían realizado una máscara de yeso para conservar la forma de su rostro, en un futuro lejano.

Así se descubre que su nombre era Carl “Charles” Webb, ingeniero eléctrico y fabricante de instrumentos de Melbourne, antigua capital de Australia (1921-1927), actual capital costera del estado de Victoria al sureste de Australia. Con respecto al manuscrito con las claves, se trataría tal vez de apuestas tentativas de carreras de caballos de las que Webb era aficionado. Se supo que él buscaba a su ex esposa sin poder encontrarla.

Por su parte, el poeta sirio Umar al-Khayyam, mejor conocido como Omar Khayyam, nació en el año 1048 en la ciudad de Nishapur, que en aquel entonces formaba parte del Imperio Selyúcida en la región de Jorasán (lo que hoy en día es Irán). Fue un destacado polímata de su época, reconocido mundialmente por sus contribuciones a las matemáticas, la astronomía y la poesía, siendo el autor de los famosos cuartetos Rubaiyat.
La mayoría de sus poemas ponderan al vino, al vino tinto sobre todo…

III.
Y, como la tripulación del Cock, aquellos que estaban frente a nosotros
La taberna gritó: "¡Abran la puerta!"
Sabes lo poco tiempo que nos queda para quedarnos,
Y, una vez que se marcha, no puede volver jamás.
VI.
Y los labios de David están cerrados; pero en la divinidad
Pelevi de alta potencia, con "¡Vino! ¡Vino! ¡Vino!
¡Vino tinto! —grita el ruiseñor a la rosa.
Esa mejilla amarilla suya hasta enrojecer.

Y es así que, regresando a Nuestra Salta, la Linda, la zamba “Padre del Carnaval” se editó formalmente el 18 de agosto de 1964 a través de la Editorial Lagos, y su registro formal ante la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) se completó ese mismo año bajo el código de obra de sus autores legales, César Isella y Horacio Guarany.

Aunque se rumoreaba que, en base a un mito urbano del folclore, fue el mismo Dr. Gustavo “Cuchi” Leguizamón quien había escrito y musicalizado esta hermosa zamba; pero como su genio poético hizo que él mismo se ensalzara, se la obsequió a don César Isella, el que la compartió con Horacio Guarany. La verdad se registra en los documentos y, éstos, dicen que Isella y Guarany, son los hacedores de “Padre del Carnaval”; pero, ¿a qué viene esto?

Viene a que, en la letra de esta zamba, en la segunda estrofa, dice:

Pucha, qué lindo si Omar el persa
Por a'i te hubiera hallao
Qué macharinda cuanta poesía, nos hubiera soltao
Qué macharinda si Omar el Persa, por a'ì te hubiera hallao

Y Omar el persa, no era otro que Omar Khayyam que vuelve a surgir en referencia a sus poemas (cuartetas) en alusión al vino, aunque se dice que tanto elogiaba al vino, pero él jamás tomaba. A diferencia de Li Bai (Lipo) el poeta chino.

¡Qué macha linda si Omar el persa, por ahí te hubiera hallado!

Quizá, Omar Khayyam, no lo habría hallado, pero vemos aquí, ejemplos de quienes encontraron el “Rubaiyat” con sus cuartetas llenas de vino tinto. A veces, escribimos y no sabemos nunca, hasta donde llegan nuestras inspiraciones.

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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