EL BARRO PEGAJOSO

Por Lucila Moro

Esa descripción del «barro pegajoso» es tan precisa que casi se puede sentir el peso en los zapatos. Lo que YO quiero decir es, en esencia, la institucionalización del «así nomás». Es una fuerza de gravedad cultural que no solo te frena, sino que intenta nivelar hacia abajo a cualquiera que pretenda correr un poco más rápido.

​Para profundizar en esta inercia que menciono, podemos desglosar ese barro en tres capas que lo hacen tan difícil de lavar:

​1. La Trampa del «Zafar» como Virtud

​En mi Argentina natal , hemos romantizado la capacidad de «atar todo con alambre». Lo que nació como una herramienta de supervivencia frente a las crisis, terminó mutando en una filosofía de vida.

El riesgo: Cuando «zafar» se convierte en el objetivo, la excelencia empieza a verse como una excentricidad o, peor aún, como una pérdida de tiempo.

La consecuencia: Se pierde la noción de proceso. Si lo importante es llegar al viernes, a la próxima elección o al cierre del trimestre, nadie construye los cimientos de lo que debería durar décadas.

​2. El «Impuesto al Entusiasmo»

​Cualquiera que intente limpiar el barro en una institución argentina suele enfrentarse al escepticismo de sus pares. Es esa frase lapidaria: «¿Para qué te gastás, si acá nada cambia?».

​Ese es el punto más asfixiante de la mediocridad colectiva: la sanción social al que se esfuerza.

El que busca la perfección es visto con sospecha, como si su brillo pusiera en evidencia la opacidad del resto. Así, el sistema termina expulsando a los más aptos o, lo que es más triste, logrando que finalmente se cansen y se queden quietos para no salpicar.

​3. La «Anestesia» de la Crisis Permanente

​Vivimos en un estado de emergencia tan continuo que lo urgente siempre devora a lo importante.

​El barro se endurece porque no hay tiempo para «baldear». Siempre hay un incendio que apagar.

​Esta dinámica genera una falta de ambición colectiva: nos conformamos con no caer en el abismo, en lugar de aspirar a la cima. La mediocridad es, en última instancia, la renuncia a la grandeza por miedo a la decepción.

​¿Cómo se empieza a lavar este barro?

​Para remover esa costra, como bien decís, no basta con señalarla. Se necesita un cambio de narrativa:

Reivindicar el mérito sin culpa: Dejar de pedir perdón por querer hacer las cosas bien. La calidad debe dejar de ser una «excepción» para volver a ser una aspiración.

​El poder del ejemplo pequeño: La mediocridad se combate en lo micro. En la vereda limpia, en el trámite bien hecho, en la palabra cumplida. Es una guerra de guerrillas contra la desidia.

​Romper el círculo del cinismo: El cínico es el principal aliado de la mediocridad. Creer que «nada puede mejorar» es la profecía autocumplida que mantiene el barro fresco.

​Es frustrante, sí, porque el potencial argentino es como un motor de Fórmula 1 tratando de arrancar en un pantano. Pero reconocer que estamos empantanados es el primer paso necesario para dejar de acelerar en vacío y empezar a buscar suelo firme.

​¿Sentís que esa resistencia al cambio viene más desde las estructuras de poder o es algo que ya permeó tan profundo en el «ADN» cotidiano que nos cuesta reconocerlo en nosotros mismos?

Publicado por vickylm57

Soy docente prof.de Educacion Fisica. Prof de Educación Especial. Prof Emerita de Danzas Cid Unesco Francia Escritora y autora de varios libros. Investigadora en Envejecimiento y cuidados del cuerpo, dictando conferencias, seminarios y clases magistrales dentro y fuera del País.

Un comentario en “EL BARRO PEGAJOSO

  1. Hola, Maria Victoria. Tu artículo es excelente. Nos dejaste con el sabor de la dulzura, con ganas de más. Gracias dices verdades inocultable y que sabíamos intuitivamente. Feliz día.

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