Semillas en el Jardín de las Palabras

Por María Fernanda Rossi – La Pluma Viajera

Un encuentro con Daniela Latorre en el Akasha

Para esta entrevista no tomé un avión ni crucé fronteras físicas. Le pedí a Danie encontrarnos en el Akasha. Para quienes me leen, saben que mis lugares preferidos son poco ortodoxos, y este no es la excepción: el Akasha es esa gran Biblioteca Universal donde se guardan las semillas de las palabras, más allá de cualquier idioma.

Allí, en ese jardín de esencias donde el tiempo no existe, me senté a matear con Daniela Latorre. Entre su valija que recorre el mundo y mi mochila de viajera, nos pusimos a rumiar qué es lo que realmente germina cuando nos animamos a escribir nuestra propia historia.

P: Danie, en tus relatos hablás de una valija de 22 kilos de cuadernos. ¿En qué momento esos cuadernos dejaron de ser «papel» para ser parte de tu anatomía?

Danie sonríe y acomoda ese peso que ya no le resulta ajeno. Para ella, esos cuadernos son piel y caparazón. «Escribo para saber lo que pienso y lo que siento», me dice mientras describe un ritual de amor propio: una vez al mes, se lee a sí misma para perdonar a la Danie del pasado y abrazar sus procesos. Sus cuadernos tienen separadores de colores; son jardines donde ella cuida qué proyectos necesitan ver la luz y cuáles todavía deben descansar en la sombra de la hoja.

P: Te mudaste a Croacia buscando el silencio. ¿De qué materiales está hecha tu «casa interna» hoy, esa que te permite frenar el ruido del mundo?

Mi casa hoy está hecha de verde, de mar y de graznidos de gaviotasresponde con la paz de quien ha encontrado su centro—. Necesitaba silenciar el ruido del afuera y vaciarme de lo ajeno para ponerme al servicio de la creación. Hoy mi arquitectura interna es el equilibrio: una casa para escribir, sembrar, cocinar y recibir amigos. Es el parate necesario para no perderse en la vorágine.

P: Sé que estás trabajando en un proyecto donde las plantas y las palabras se entrelazan. ¿Cómo es ese proceso de madrugadas y brotes?

En el Akasha, las palabras de Danie huelen a tierra húmeda. Me cuenta que cada mañana, antes de que el mundo se despierte, le dedica un poema a una planta diferente. En Croacia, guía a otros artistas a reconocer plantas medicinales en el monte. Para ella, escribir es una forma de honrar a la naturaleza que nos sostiene; es un diario botánico del alma.

P: Muchas personas, entre las que me incluyo, nos preguntamos cómo hacés para sostener este estilo de vida. ¿Cómo se organiza la «cosecha» para que el arte también sea sustento?

Danie es metódica en su libertad. Divide su año en temporadas: un semestre de servicio, diseñando y ejecutando talleres, y otro semestre de escritura pura, donde escribe solo para ella. «El engranaje está aceitado porque el trabajo es personalizado y a largo plazo», explica, demostrando que la autonomía es posible cuando uno es dueño de su propio tiempo.

P: Si pudieras sembrar una sola semilla de lenguaje en el registro del universo para que otros viajeros la encuentren cuando duden, ¿cuál sería?

Danie guarda silencio y me regala la frase de una amiga, que atesora como sus cuadernos, bálsamo contra la ansiedad creativa:

“Estás viviendo. No estás escribiendo porque estás viviendo. Ya vendrá el momento de escribir. Ahora, viví”.

Al despedirnos en ese jardín etéreo, me cuenta que en 2017 escribió en uno de sus cuadernos: «Quiero quedarme a vivir en Croacia, algún día, por un tiempo«. Hoy, esa frase no es solo tinta; es su realidad. Escribir, para Daniela Latorre, es un acto de psicomagia que termina por manifestar el mundo que nos animamos a soñar.

Me retiro del Akasha con el sabor a hierbas frescas en el mate y la certeza de que, aunque estemos en movimiento, nuestra verdadera casa siempre viaja con nosotros, escrita en papel y guardada en la piel.


Lo que aprendí de Danie

  1. La Psicomagia del Papel: Escribir tus deseos no es solo un ejercicio; es plantar una intención en el universo que, tarde o temprano, germina.
  2. El Valor del «No-Hacer»: Estar viviendo intensamente también es parte del proceso creativo. La musa no se enoja si te vas a caminar por el monte; ella camina con vos.
  3. El Ciclo de la Escritura: Respetar las temporadas (siembra y cosecha) es vital para no agotarse. Hay tiempos para dar y tiempos para nutrirse en silencio.

Les presento a Daniela Latorre

Es una viajera, lleva un estilo de vida slowtravel, que consiste en viajar despacio para conocer los lugares e impregnarse de su cultura. 

Es Licenciada en Psicología (UBA), trabajó como psicóloga comunitaria en procesos de integración social y comenzó a viajar por el mundo, estudiando y escribiendo historias. 

Publica relatos, poesías, artículos y ensayos sobre las intersecciones de los desplazamientos modernos, las identidades, su impacto ecológico y lingüístico. 

Ama el arte y la naturaleza, por ello recorre cada lugar para saborear su cultura paso a paso.

Para contactarse con Danie: mariadanielalatorre@gmail.com


Por último, quiero compartir con ustedes nuestro ping pong de preguntas y respuestas, base de esta entrevista.

Hola Danie, antes de pasarte las preguntas que me surgen para esta “entrevista” quiero contarte un poco sobre ellas. Yo suelo “viajar” a encontrarme con quienes charlo. Pero para esta mateada con vos, elegí que nos encontremos en el Akasha. Siempre mis lugares preferidos son poco ortodoxos y locos, como yo misma.

¿Por qué Akasha? Porque siento que es una gran Biblioteca donde se guardan las semillas de las palabras, más allá de la lengua en la que se expresen. Para mí, la semilla de la palabra es universal; es esa esencia pura que queda contenida en un término, ya sea en castellano, en croata o en sánscrito.

Así que te invito a que nos encontremos ahí, en ese jardín de esencias. Mientras compartimos un mate, podemos reflexionar qué germina entre tu valija y mi mochila. Acá te dejo las preguntas para cuando el silencio de tu nueva casa en Croacia te invite a rumiarlas…

P: En tu nota hablas de esa valija de 22 kilos de cuadernos. ¿Qué es eso que cargás en tu valija que sentís que ya no es un objeto, sino un pedazo de tu propia anatomía? ¿Cuándo dejaron tus cuadernos de ser «papel» para ser “piel”

D: Yo pienso en mis cuadernos. Yo escribo para saber lo que pienso, lo que siento. Y, cuando están lejos de mí, convivo con el recuerdo de sus páginas. Vienen a mí como imágenes vivas durante el día: de alguna página en particular; de una nota que subrayé muchas veces; de un consejo que quise atesorar cuando lo recibí y necesito ahora mismo; de listas de libros y películas que me recomendaron mis estudiantes y apunto siempre en las hojas del final.

Una vez al mes, yo reviso mis cuadernos. Me leo. Me encuentro con la Danie que fui hace unas semanas. Puedo abrazarla. Entenderla a esa Danie y a quienes la rodeaban en esos días que ya pasaron. Puedo perdonarme, empatizar. Así puedo construir historias nuevas que sí quiero compartir con alguien más. Subirlas a alguna plataforma, hacerlas libro.

Marco las páginas de mis diarios con separadores de colores. Elijo un color para cada proyecto: los que ya existen, los que están por venir, los que apenas asoman y piden mi atención. Así ordeno mis pensamientos. Puedo organizar mis musas, que son muchas, y quiero atenderlas a todas. Es mi forma de cuidarlas, darles cariño y atención. Con esos papelitos de colores, yo ya sé qué proyecto tiene mucho material acumulado y necesita ver la luz. Es un método que me sirve para administrar mi tiempo y mis amores.

Por eso ya no puedo perder mis cuadernos, como no podría perder mi piel. Son una parte de mí. Son mi límite y mi caparazón.

Podría dejarlos atrás, sí. Quizás, algún día. Pero, en este momento, los necesito cerca. Necesito este hogar. He viajado tanto, con tan poco, que me llegó el momento de cultivar una casa. Para eso, necesito mis cuadernos cerca. Son ellos: nadie ni nada más. Todo lo otro, está llegando. Las plantas, los muebles, los atardeceres.

P: Dijiste algo hermoso: «La casa sigo siendo yo«. Ahora que te estás mudando de nuevo, ¿cómo es la arquitectura interna de esa casa que sos vos? ¿De qué materiales está hecha hoy, en Croacia o a donde te lleve la vida, para resistir tanto movimiento?

D: Sé que esto es una etapa. Un momento que mi cuerpo me pedía. Ahora que lo estoy viviendo, sé también que se puede acabar. Que necesito mantenerme atenta, porque mi naturaleza es inquieta y curiosa. Y puedo comenzar a extrañar a mis amigos al otro lado del globo (que también son viajeros) o puede venir una musa muy insistente y reclamarme seguirla hacia otro lugar, como ya me ha pasado.

Entonces, para habitar este hogar hoy y aquí quedarme, necesito paz. Ver verde por las ventanas, ver el mar, escucharlo, escuchar las gaviotas. En mi casa no se escuchan autos ni gritos ni ruidos de ciudad. Costó mucho desandar los caminos anteriores, pero por fin conseguí materializar esta visualización que perseguía: una casa en la naturaleza donde escribir, sembrar huerta, cocinar y recibir amigos. Esto es lo que necesito para mantenerme quieta y con suficiente movimiento a la vez. Desde acá, estoy pudiendo dar forma a proyectos de escritura y creatividad que venía posponiendo. Necesitaba ponerme al servicio. Hacer un parate para compartir y dejar de consumir. Viajar mucho se puede volver vacío cuando menos te lo esperás. Porque eso de lanzarme a culturas nuevas es lo que me mueve, pero puedo perderme en ese camino. El mundo te marea. Para mí, aprender es como respirar. Necesito aprender otros idiomas, escuchar otras culturas. Pero, respirar mucho también es tóxico. Como alguien que se le aceleran las pulsaciones. Respirar es vital pero respirar demasiado, es un problema de salud grave. Entonces, para mí, lo más sano es frenar. Hacer espacio para reencontrarme con quién soy hoy, en un lugar donde pueda serlo sin forzarme a ser alguien que ya no soy. A encajar donde ahora -por ahora- no encajo.

P: Ahora vas a sintonizar y crear con plantas y semillas; yo las veo como palabras que buscan herencia y, a la vez, permanencia. ¿En qué momento sentís que una idea o un texto deja de ser «tu equipaje privado» y pasa a germinar en el Akasha (como esa memoria universal)? ¿Cómo se cultiva un texto hoy para que tenga raíz y no sea solo «ruido» digital?

D: Me encanta esta pregunta. En mi caso, cada proceso creativo es diferente, y a mí me gusta eso. No tengo rituales estrictos porque mi personalidad no es así. Sé que para otrxs escritorxs funciona bien escribir todos los días una determinada cantidad de horas. O comenzar todos los años en una fecha específica un proyecto nuevo (como hace Isabel Allende).

El proyecto de las plantas hace rato que aparece en mis cuadernos. Como te contaba antes, yo escribo todos los días y una vez al mes releo y marco. Esto es para tal proyecto, esta página es para tal otro, y así… Luego, retomo esas notas. Algunas las reescribo en la computadora, edito, publico, y así sigue el ciclo.

Las plantas están escribiendo sus historias en mis cuadernos desde hace varios años. Ya tengo varias marcadas así.

Y lo que estoy haciendo ahora, activamente, es escribir un diario cada mañana. Es el único diario que tengo en la mesa de luz ahora. Lo primero que hago, antes de destaparme la frazada, es tomar el diario y escribir un poema a una planta. La que sea, la que me venga a la mente en ese momento.

También desde el 2023 tengo un cuaderno donde escribo y dibujo cuentos sobre plantas y sus propiedades. Creía que ese iba a ser el archivo principal, pero después tuve la idea del diario de madrugada y lo quise sumar al proyecto.

También estoy haciendo talleres presenciales con otros artistas aquí en Croacia que están interesados en conocer sobre las propiedades curativas de las plantas. Una vez por mes los llevo al monte a encontrar plantas medicinales, reconocerlas, estudiarlas y crear algo para honrarlas.

P: Esta es una duda de colega gestora y viajera: vivimos en un mundo material que exige sustento, pero habitamos un mundo creativo que exige tiempo lento. ¿Cómo logras que el dinero y la gestión de tus talleres sean aliados de tu autonomía y no «invasores» que le quiten el aire a tu escritura? ¿Cómo se equilibra la siembra creativa con la cosecha económica?

D: En los últimos años, lo que me funciona mejor es organizarme por temporadas: un semestre de muchos talleres para estar al servicio, y el siguiente es de escritura propia. Pero durante todo el año trabajo con estudiantes individuales que demandan menos tiempo porque lo que más me drena la energía es hacer la promoción de los cursos. Me encanta enseñar. Creo que es un talento natural del que no puedo escapar aunque quisiera. Pero hoy en día, enseñar viajando, es cansador para mí porque no se me da muy bien lo de las redes sociales. Y me encanta la libertad de crear mi propio programa de clases. No quisiera seguir un calendario de una escuela, donde no tuviera que ocuparme de difundir mi trabajo y conseguir estudiantes. Así que para poder mantener el control de mi tiempo y mi creatividad, paso unos meses diseñando los talleres y ejecutándolos. La otra mitad del año, escribo sólo para mí.

 También escribo para clientes, por proyecto. Y tengo algunos estudiantes con quienes trabajo todo el año, pero de forma personalizada, a largo plazo. Eso no necesita difusión porque por suerte ya está aceitado ese engranaje.

P: Si pudieras sembrar una sola frase en el registro del universo para que otras mujeres viajeras y escritoras la encuentren cuando duden del camino, ¿cuál sería tu semilla de lenguaje hoy?

D: Es una frase que me dijo una amiga en una oportunidad en que yo estaba con la ansiedad de no estar creando suficiente. “No tengo casi tiempo para escribir”, le decía. Estaba viajando muchísimo, viviendo nómada y muy intensamente. Feliz, sí, pero sentía que no estaba atendiendo a la musa. Que no podía finalizar proyectos de libros. Mi amiga me dio un consejo que atesoro desde entonces, y al que siempre regreso:

“Estás viviendo. No estás escribiendo porque estás viviendo. Ya vendrá el momento de escribir. Ahora, viví”.

Es de esas frases que te decía que guardo en mis cuadernos. No siempre vuelvo a la materialidad de la hoja exacta donde escribo esos recuerdos… pero el acto mismo de escribirlos, es un acto de psicomagia para mí. He escrito sueños y deseos que no imaginaba ni remotamente posibles… para luego encontrarme cumpliéndolos, sin explicación sensata de cómo lo logré.

Si te digo que en 2017 escribí “quiero quedarme a vivir en Croacia, algún día, por un tiempo”, ¿me creerías?

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