Por Roberto Espinosa
Dos siluetas hurgan sus perfiles en el reflejo. Se miran. No se conocen, pero creen reconocerse en la ironía intemporal. Una estridencia transgresora desanuda una lluvia invisible. Se saludan. Una es normanda. La otra salteña. El resplandor dibuja palabras en forma de pera: “Yo te amo criatura endeble e infinita, como se aman ciertas cosas terribles, como el oneroso fuego sobre playas de ambrosía, como la sangre tibia que endulza las manos de inocentes, como el anverso monstruoso de la noche pintando eones olvidados. ¡Devuélveme el flagelo frío de los astros con tus labios despojados! Y qué será de la pena, huyendo al amanecer entre fantasmas dormidos y destino de papel. Qué huella dejó el suspiro de la doncella precoz, la caricia arrepentida, las lágrimas del fervor…” Eso sucede mientras una gymnopedia conversa con una zamba en un espejo.
I.- “YA LO VERÁ USTED”
EL PARAGUAS: Siempre decía que nació muy joven en un tiempo muy viejo, y de algún modo resultó ser cierto. Yo, como paraguas, puedo decir que a menudo comentaba: “Cuando era joven me dijeron: ‘Ya lo verá usted cuando tenga cincuenta años’. Ahora tengo cincuenta y aún no he visto nada”. Desde chico se perfilaba como… no sé cómo decirte… un ocioso creativo, un provocador… Se burlaba de la preceptiva, de los dogmáticos, los fundamentalistas, aunque tuvo sus incursiones místicas, pero le duraron muy poco. En 1891 fue el compositor oficial y maestro de capilla de la Orden de la Rosacruz, liderada por Joséphin Péladan. Compuso para la orden piezas de inspiración mística, pero poco le duró esa…, digamos… militancia. Se abrió y fundó la Iglesia Metropolitana de Arte de Cristo el Guía, de la cual era su único miembro, y comenzó a componer la Misa de los Pobres. Los temas religiosos y artísticos lo apasionaban. Luego, al final de la Gran Guerra, se hizo bolchevique como decimos nosotros: “pour épater le bourgois”… para escandalizar al burgués… Era una especie de antisistema, se diría ahora… Llegué a su vida en 1887, cuando dejó su casa paterna para instalarse en Montmartre…
LA CARCAJADA: Yo soy su carcajada. Recuerdo que siempre se refería a tu amigo franchute como el viejo más joven de la música. “Ha hecho también sus revoluciones. Ha empezado por reírse del formalismo. Sus ideas la recibieron todos los grandes músicos de su época y lo querían mucho”, decía de él este salteño, que era una suerte de duende burlisto, y se reía de los fanatismos… No era muy crédulo que digamos. Sus Coplas del Tata Dios armaron un revuelo bárbaro en la Salta mojigata de entonces.
“Pobrecito Tata Dios siempre solito y ausente. Se moriría de aburrido si no fuera por la gente. Pobrecito Tata Dios administrando perjuicios, pobreza, muerte y olvido. La pucha con el oficio. Pobrecito Tata Dios ni siquiera cantar sabe, sin sentimientos ni sueños no tiene Dios que lo ampare. Pobrecito Tata Dios no le queda un solo amigo, siempre rodeao de adulones que van a chuparle el vino”. (Se carcajea)
En 1925, él tenía siete años cuando tu cofrade murió. Su papá lo introdujo en la música. Contaba: “Mi tata era un gran melómano. Tenía una guarida familiar, un altillo, y a las 7 de la noche, cuando terminaba su trabajo, subíamos a escuchar música. Tocaba un poco la guitarra, sabía algunos acordes en el piano, pero sobre todo, buscaba y encontraba su felicidad escuchando música. Otro hombre que fundó su orgullo en ser honesto. No se puede ser un saltimbanqui… Mirá si son tontos los deshonestos, que no creen en nada. ¿Vos creés que algún usurero cree en el amor? El hombre que no cree en el amor, no cree en la vida… El hombre está dotado para permanecer toda su vida enamorado porque el amor es la proyección de la vida. Pero hacela noble a la proyección…” Supongo que llegué a su vida en su adolescencia o en su juventud, francamente no lo recuerdo.
II.- ¡PERO ESTÁS LOCO!
EL PARAGUAS: Vos sabés que entró en el Conservatorio de París en 1879, a los 13 años. Los maestros dijeron que no tenía talento y que era un gran ocioso. Fijate que su segundo hogar, cuando se mudó a París, fue un cabaret. Se ganaba la vida tocando el piano en Le Chat Noir, sí El Gato Negro, caedero de pintores, poetas, músicos y de todo artista que anda suelto por ahí. En esa época comenzó con sus Gymnopédies, a las que siguieron las Ogives y las Gnossiennes; también conoció a Claude Debussy, una amistad que duró casi 20 años.
“Antes de componer una pieza, camino multitud de veces a su alrededor acompañado por mí mismo”, decía Erik.
CARCAJADA: Bueno, su ámbito no fue precisamente el cabaret. El Cuchi solía contar que al terminar el secundario, su tata le preguntó qué quería hacer y le dijo que iba a estudiar abogacía: “’¡Pero estás loco, si vos sos músico! Andate a París que te envío una mensualidad’”. Entonces le respondí: “¿Para qué querés que sea músico, para que termine como pianista en un bodegón? Acá tenés que disfrazarte, tenés que tener un título para ser un ladrón respetable y después tomarte el tiempo necesario para hacer música sin problemas de dinero”. “¡Sos un animal!”, me dijo. ‘Cuando pase el tiempo me vas a dar la razón’, le respondí. Y aquí estoy’”.

Se fue a estudiar a La Plata, donde se recibió de abogado. Allí cantó en un coro, hizo unos estudios musicales. Regresó a Salta, donde conoció al Barba Manuel Castilla, con quien amasó la amistad en música, poesía y vino.
PARAGUAS: Luego comenzó a pianotear en el Auberge du Clou, algo así como la Posada de la Uña, un bullicioso y barato local de Pigalle… allí conoció a Suzanne Valadon, modelo y pintora impresionista, que había sido amante de Toulouse Lautrec. El día que la conoció, el 14 de enero de 1893, le propuso matrimonio. Le escribía a su Biqui encendidos versos que evocaban “todo su ser, sus hermosos ojos, sus dulces manos y sus pequeños pies”. Pero la turbulenta relación duró seis meses. Ella lo abandonó.
Él escribió: “Me dejó sin nada excepto una helada soledad que llena el cerebro de vacío y el corazón de tristeza”.
Bueno, también le dejó un bello retrato. Él le compuso tres poemas musicales y “Vejaciones”, una breve pieza que debía ser tocada 840 veces sin interrupción, en la que expresaba su callado e insoportable dolor.
CARCAJADA: Supongo que tuvo luego otros amores.
PARAGUAS: No se le conocieron. Tampoco volvió a hablar de ella, por lo menos, públicamente. ¿Y el salteño?
CARCAJADA: Aunque el Cuchi hablaba de algunos viejos amores sobre todo en los últimos años de su vida, estos parecían vivir en evocaciones o en algún texto. Decía cada vez que tocaba la zamba que compuso para el Erik algunos de sus versos: “A dónde irán los retratos que el espejo hizo crecer cuando el amor los peinaba por mirarlos florecer”.
III.- “TE DOY CINCO PESOS”
CARCAJADA: Vos sabés que el Cuchi se ganaba la vida como abogado. Trabajó en la Fiscalía de Estado de Salta; ofició de diputado provincial y fue profesor de Historia en el Colegio Nacional. Renegaba de su profesión de letrado. La música fue su pasión. Desde changuito era un gran observador de la naturaleza y de los pájaros. Con frecuencia contaba:
“Cuando yo tenía 10 o 12 años, mi madre era muy aficionada a los pájaros, a las plantas y tenía en mi casa muchas jaulas de pájaros. Por ahí, le resultaba un pájaro que no le quería cantar, ¡qué barbaridad! Entonces yo le ofrecía un trato: ‘Mama, yo te lo hago cantar a ese chalchalero’. “¡Bueno, hijito, cómo no!” Inmediatamente, chango, y lleno de deseos, arreglaba el precio con mi mama: cuánto me iba a pagar para hacerlo cantar al chalchalero. Y mi mama hablaba de números redondos: “Te doy cinco pesos”. Entonces me hacía amigo del chalchalero y lo empezaba a silbar hasta que me contestaba y cantaba. Necesitaba el chalchalero la expresión de una tradición de su canto... Yo me pongo a silbar y enseguida los tengo a mis pájaros a mi lado. La música ha resuelto en los animales la necesidad de un mensaje. Los rococos son señores músicos, además son los autores de una cantidad de ritmos... Los santiagueños se creen los dueños de la chacarera, pero son los rococos los inventores del ritmo. El rococo es un bicho fabuloso. Habría que plantearle a alguna universidad un taller de pájaros. El pájaro tiene una experiencia de composición, que hay que aprendérsela y mejorársela…”
PARAGUAS: Notable sensibilidad, sin duda. Erik fue siempre un bohemio. Sin embargo, volvió a los 40 años a la Schola Cantorum para estudiar contrapunto y orquestación con Roussel y D’ Indy, podrido de que le dijeran que era un diletante.
“Si he de ser el alumno de alguien, creo decir que sólo lo soy de mí mismo… Estaba harto de oírme reprochar una ignorancia que yo creía tener, en efecto, puesto que las personas competentes las señalaban en mis obras… Me han insultado mucho en mi pobre vida, pero nunca fui tan despreciado”, decía.
Rompía los esquemas. A las tradicionales indicaciones en las partituras como forte, pianissimo, grave, lento… proponía al intérprete expresiones de su invención para indicar sus estados de ánimo que eran verdaderos desafíos creativos, por ejemplo: Abra la cabeza, Alegría moderada, Como un ruiseñor con dolor de muelas, Con convicción y una tristeza rigurosa, Con el rabillo del pensamiento, Con un profundo olvido del presente… En fin, fijate…
CARCAJADA: Pobre intérprete. Lo obligaba a ser imaginativo. ¿Te imaginás cómo haría el pianista para que el dedo se ponga colorado o que lagrimee?
IV.- POBRE POR CONVICCIÓN
CARCAJADA: Mirá, el Cuchi era mucho más que un compositor e intérprete de la música popular. Siempre andaba indagando en la música del siglo XX: Schoenberg, Alban Berg… Sobre el Erik decía que “Vejaciones” era lo más agudo de su crítica al formalismo. Y agregaba que es “un trozo de música que no tiene la determinación de un compás real, no cumple con las obligaciones de la teoría de la música. El compás es una facilidad que se le da para que haga música a la gente que no sabe. Yo he compuesto en 4 x 4 observando la estricta medida y es una vejación también. Las vejaciones tienen por objeto aclarar qué es lo importante en la música. Yo escribo otro tipo de música. En 1987, he estrenado con la Sinfónica de Paraná una obra escrita hace 20 años: ‘Preludio y jadeo’. Es un intento de pasearme por cierta concepción del serialismo. Puede darse una música importante en una serie. Satie ha revolucionado las células musicales. La célula es lo más íntimo y pequeño del lenguaje musical. Por ejemplo, tenemos en Satie las Gymnopedias; la Misa de los Pobres es una hermosura… El que está destruyendo con una piqueta si no se pone a construir inmediatamente, ha perdido el tiempo. Nada en arte se hace destruyendo lo que han hecho los otros, sino suplantándolo, renovándolo. El que destruye todo, se queda sin nada”.
PARAGUAS: Es así… Vos sabés que Satie era, en general, muy alegre y divertido. Sus bromas no eran forzadas; a veces amable, y a veces extremadamente agudas, según cuenta su amiga Valentine Hugo. Incluso cuando estaba en lo más profundo de su pobreza no podía resistir de burlarse de sus problemas y de la cansadora estupidez de las dificultades materiales. Era muy sensible… No tenía edad, no era ni joven ni viejo… Era de aspecto serio, por los lentes clavados en su nariz y el sombrero de hongo, además me llevaba siempre bajo su brazo. Stravinsky dice que le tenía horror al jabón y era pobre por convicción. Sus vecinos lo respetaban enormemente… En su departamento no tenía cama, sino un catre. En invierno, llenaba botellas de agua caliente y las ponía todas en círculo debajo del catre. Recuerdo que uno de sus aforismos era:
“Ser un pobre diablo no es suficiente, hay que serlo con modestia”. “El músico es quizás el más modesto de los animales, pero también el más orgulloso, pues es el que inventó el sublime arte de arruinar la poesía”.
V.- EL ESCÁNDALO
PARAGUAS: Vos sabés que dos años antes de componer “Sócrates”, que se basó en los diálogos de Platón, fue protagonista de un éxito del escándalo. Se juntó con tres geniecillos: El ruso Sergei Diaguilev en la escenografía, el dramaturgo Jean Cocteau en la puesta en escena y Pablo Picasso que colaboró en el vestuario y la escenografía. Hicieron el ballet Parade, que significa desfile.
La música de Erik incluía sonidos de máquinas de escribir, tiros de pistola, botellas de leche, sirenas de barcos. Toda una novedad. La première de “Parade” fue escandalosa, hubo disturbios provocados por un grupúsculo, detractor de Satie, que estuvo abucheando y silbando, pero fueron sofocados por el aplauso general.

Un crítico musical hizo un comentario desfavorable del ballet. Satie, muy enojado, le escribió:
“Señor, usted no es más que un culo, pero un culo sin música”.
Por esta ofensa lo metieron en cana ocho días… No sé si sabías que Erik compuso un ballet “instantaneísta” (Relâche, que significa liberado), en colaboración con Picabia, para los Ballets Suecos de Rolf de Maré. Al mismo tiempo, compuso la música de la película dadaísta Entr’acte, de René Clair, que se utilizó para un intermezzo de Relâche y aparece fugazmente en ese corto. Era un adelantado. Tuvo dos hermanos, Conrad, el menor, lo socorría económicamente a menudo, algo parecido a Theo con Vincent. Mientras que Olga enviudó en 1891, pocos meses antes de que naciera su hijo. Por disputas familiares, dejó a su niño y huyó a Buenos Aires, donde vivió hasta 1948, dando clases de piano.
“Mi hermano siempre fue difícil de entender. Ni siquiera parece que alguna vez haya sido perfectamente normal”, decía de él.
CARCAJADA: Bueno, el Cuchi era un tipo de una gran curiosidad y de algún modo, también un adelantado. Hizo conciertos de campanas en Salta y en Tucumán. Contaba que había sido campanero. Decía que la campana es “un hermoso instrumento musical, a pesar de que la gente se queja de ellas. Además, son instrumentos que están muy unidos al sentir de la población. Con las campanas lo llamaban a Güemes, a través de un código secreto. O cuando alguien moría las campanas eran echadas a vuelo”.
El concierto tenía cuatro movimientos: una baguala; un ritmo de carnavalito, una chacarera y el cuarto, una cueca. También proyectó hacer un concierto con pitos de locomotoras. Pero su creación más notable fue el Dúo Salteño, que fue un ejemplo de su creatividad que insufló nuevos aires al folclore. Siempre fue un observador agudo y crítico de la realidad. Mirá lo que decía:
“Todo el mundo quiere la conquista del mercado. La necesidad de plata es importantísima. Los músicos no tienen tiempo para pensar en la música, sino en cómo ganar plata y son tan tontos que han sido conquistados por el mercado. A mis 71 años, tal vez desearía vivir un poco más para aprender otras cosas. Nunca me he querido ir de Salta. Voy de vez en cuando a Buenos Aires a pelear por algunas cosas que hago. He conseguido el respeto de alguna gente que me conoce. Mi fin no ha sido enriquecerme”.
VI.- TAMPOCO FUE FÁCIL
PARAGUAS: La cirrosis y la pleuresía lo arrinconan. La muerte lo visita ese 1º de julio de 1925. Desde 1898, nadie había entrado a su cuarto en Arcueil. Tras su entierro, su hermano Conrad y sus amigos encontraron una colección de unos cien paraguas, entre los que estaba yo; algunos aparentemente jamás usados; el retrato que le hizo su amiga Suzanne Valadon, cartas de amor a ella; dibujos; una colección de trajes de terciopelo verdes, varios sin usar; partituras…
CARCAJADA: Mirá, tampoco fue fácil para el Cuchi… en los últimos años, la memoria lo abandonó, no sabía quién era y tampoco reconocía a nadie. Yo desaparecí no sólo de su ser, de sus días… De Carcajada estruendosa pasé a ser una risa perdida o una sonrisa en el mejor de los casos.
PARAGUAS: ¿Ese que se está acercando es el Cuchi?
CARCAJADA: Sí. ¿Y el que tenés ahora al lado es el Satie?
La bruma siluetea los gestos de dos duendes. Negras y corcheas danzan un vals sin anteojos. Blancas y semicorcheas orejean tal vez una cueca.
VII.- SUEÑOS Y DIGNIDAD
SATIE: Hola, Cuchi. No conocía tu música, pero por lo que he escuchado ahora me emociona tu creatividad armónica, esos acordes que dibujan sueños o picardías en movimiento. El piano, como el dinero, no resulta agradable más que a quien lo toca. Los artistas de nuestro tiempo se están convirtiendo en hombres de negocios, y tienen los mismos razonamientos que los notarios. Hay que aprender a ver a lo lejos. A lo lejísimo. No me considero un maestro, es demasiado ridículo. Mi médico siempre me ha dicho que fume. Incluso se explica:
‘Fume, amigo mío. De lo contrario, alguien más fumará en su lugar’.
Me llamo Erik Satie, Como todo el mundo… Ser Satie es ser irrepetible, esto es, encontrar un modo propio de disolverse hacia el triunfal anonimato, donde lo único es atributo de todos”.
CUCHI: ¡Así es, Erik! Es mejor pensar que la dignidad humana te debe alejar del delito porque es necesario que alguien se dé corte de ser honesto, pero además corrés el riesgo de que te bauticen gil. El honesto cumple actualmente el rol de gil. Hemos construido una sociedad tan desaforadamente imbécil, que no aprecia la paz. ¿De qué puede enorgullecerse el hombre? ¿De ser mejor ladrón? Yo no creo en los valores formales, no creo en una ética que te la coloquen con inyecciones. Yo he presumido toda mi vida con mi honestidad… Me parece un camino respetable… Si en este país los ladrones, una vez que se hacen ricos, dejaran de robar, sería una solución, pero a todos los ladrones les encanta seguir robando, no tienen límites. Te tengo mucha admiración y de algún modo sos uno de mis maestros.
Unas cartas de amor destapan en una melodía el espíritu del troesma francés. Una zamba cosquillea las ironías de un duende salteño y se entrevera en las piernas de una mujer.


