Por Olivier Pascalin

La vitamina D se produce en la piel por la acción de los rayos UVB del sol.
La vitamina D es esencial para la función cerebral. La velocidad a la que se producen los neurotransmisores, las moléculas que transportan mensajes de una neurona a otra, depende de una enzima que utiliza vitamina D.
En caso de déficit, puede aparecer fatiga, generalmente acompañado de debilidad muscular, siempre ligado a la falta de vitamina D.

Por eso no podemos enfatizar lo suficiente cómo se recomienda la suplementación con una dosis promedio de 3 a 4000 UI por día.

Ciertos alimentos que consumimos en nuestra dieta diaria, también tienen vitamina D.
Es muy importante el papel que juega la luminosidad en el reloj biológico interno y el estado de ánimo.
De hecho, la luz regula el reloj biológico interno. Éste controla varias funciones del cuerpo siguiendo ritmos muy específicos, como los ciclos de vigilia, el sueño y la secreción de diversas hormonas según el momento del día.
Después de entrar en el ojo, los rayos de luz se transforman en señales eléctricas que, una vez enviadas al cerebro, actúan sobre los neurotransmisores.
Una de ellas, la serotonina, a veces llamada “hormona de la felicidad”, regula el estado de ánimo y gobierna la producción de melatonina, otra hormona responsable de los ciclos de sueño-vigilia.
La secreción de melatonina se inhibe durante el día y se estimula durante la noche.

Así, los desequilibrios hormonales provocados por la falta de luz pueden ser lo suficientemente importantes como para provocar síntomas relacionados con la depresión.
Relacionado con esto, diversos artistas valoran la importancia del Sol para nuestra vida, como es el caso de Páez Vilaró.

Casapueblo, la casa-taller del artista Páez Vilaró en Punta Ballena, Uruguay, le dicen «La casa del sol», porque ingresa por los distintos ventanales y aberturas que tiene la casa, que se integra de manera poética con el mar.
POEMA AL SOL, EN CASAPUEBLO
(…) Alguna vez la travesura de las nubes oculta tu esplendor, pero cuando ello ocurre, sabemos que estás ahí, jugando a las escondidas.
Otras veces, en cambio, te vemos sonreír cuando las golondrinas o las gaviotas te usan de papel para escribir las frases de su vuelo.
Gracias, Sol, por invadir la intimidad de mi atardecer y zambullirte en mis aguas. Ahora serás la luz de los peces y su secreto universo submarino. También de los fantasmas que habitan en el vientre de los barcos hundidos en trágicos naufragios.
Gracias, Sol, por regalarnos esta ceremonia amarilla. Gracias por dejar mis paredes blancas impregnadas de tu fosforescencia.
Chau, Sol. Gracias por provocarnos una lágrima al pensar que iluminaste también la vida de nuestros abuelos, de nuestros padres y la de todos los seres queridos que ya no están junto a nosotros pero que te siguen disfrutando desde otra altura. Adiós, Sol, mañana te espero otra vez…
-CARLOS PÁEZ VILARÓ
