Juana Manuela mucha mujer…

Por Argentina Mónico

Mañana 6 de noviembre se cumplen 132 años del fallecimiento de nuestra querida Juana Manuela Gorriti, y en su homenaje, se festeja en Salta el día del escritor salteño, conjuntamente en honor a otro gran escritor como fue Don Juan Carlos Dávalos.

Juan Carlos Dávalos

Fue profesor y vicerrector en el Colegio Nacional de Salta. Fue también Director del Archivo General de la Provincia y Director de la Biblioteca Provincial Dr. Victorino de la Plaza. Entre sus obras se encuentran Salta, Relatos lugareños, Cantos agrestes, Los valles de Cachi y Molinos, La Venus de los Barriales, El viento blanco, entre otras. Había nacido en Villa San Lorenzo, Salta, el 11 de enero de 1887.

Mucho se ha escrito sobre Juana Manuela Gorriti, y se sigue escribiendo sobre ella, y como no soy ni escritora ni investigadora, lo que voy a presentarles es una mirada personal acerca de esta gran mujer, que me ha permitido iniciar el camino por la cultura desde la Editorial a la que represento, y en alusión a una de sus frases:

“Una vez que se ha entrado en el camino de las letras, hay que marchar, marchar siempre…”, pues he asumido el desafío y la impronta de enarbolar sus ideales patrios y culturales, para desarrollar mi trabajo como editora.


Para hablar de ella me posicionaré en su contexto de origen el Chaco Gualamba, gran extensión que en tiempos de la colonia abarcaba parte de Bolivia, Brasil y actual norte de Argentina, que estaba dividido por tres territorios, habitados por diferentes comunidades aborígenes.

Siendo el actual Horcones, lugar de nacimiento de Juana Manuela, la zona llamada Gualiama, donde tengo mi finca y viví parte de mi infancia, sabrán uds, que tengo lazos de sangre con Juana Manuela, ya que mi abuelo era Mónico Gorriti, será por ello que en algún lugar de mis genes, llevo en mis pensamientos esa visión de una Juana Manuela niña, que ha sido formada en una región agreste y desafiante como es Gualiama.


Sin duda que el contexto forma y moldea la personalidad de las personas, y pensando en ella, nació en una zona rural libre, rústica y agreste, y donde además la formación familiar atesoraba el sentido de Patria por encima de la propia vida, será esta realidad la que sin duda marcó su vida; porque ante las múltiples adversidades, no aflojó y supo encontrar caminos para seguir adelante.


Orcones! Miraflores! Gualiama! – murmuraba el labio, aspirando con ansia la brisa embalsamada”, y será esa brisa que en el día de hoy traerá aires para reconocer a esta mujer de carne y hueso como una gran heroína de América.

Una mujer nacida en plena revolución independentista, en el año en que surgiéramos como nación libre y soberana. Poseía la convicción y el sentido de libertad, que como bandera enarboló hasta el final de sus días.



Recordando su niñez, es viajar por los campos de Horcones y Miraflores, verla libre como los vientos, amante de la naturaleza, observadora de las costumbres campestres. Será esa geografía agreste que indiscutiblemente forjo su carácter, volviendo aguerrida, inquieta e indomable.

“La que escribe nación en la Frontera de Tucumán, y en el recinto de un campamento, pasé los primeros años de mi infancia en la soledad de los campos, donde mi padre, coronel en el ejército patriota, había juzgado necesario relegar su familia, pues, las ciudades eran entonces, el teatro de la guerra. Crecí entre los rebaños, sin otra sociedad que los pastores y los soldados de mi padre… estos eran justos, piadosos, valientes y leales.” J.M. Gorriti


Serán estos los valores que alimentaron y formaron su personalidad y que al leer la variedad de sus escritos los pone de manifiesto. La Frontera es un lugar particular, sólo quien vive en esos lugares comprende la importancia del valor, la lucha, la honestidad, la valentía y el coraje. Cualidades que sin duda forjaron a muchos de nuestros gauchos que defendieron nuestra Patria.

Los Gorriti vivieron en La Frontera, eran una familia defensora de la gesta libertadora, donde no sólo los hombres alistados al ejército luchaban, sino también las mujeres, niños, peones sumaron su esfuerzo a sabiendas, que era esta, la única manera de lograr la libertad.


Juana Manuela se formó en esa cuna de la gesta güemesiana y sabía lo que implicaba defender posturas desafiando la adversidad. En pos de sus ideales, rehusó quedarse interna para estudiar, fue tan grande la pena de su destierro cuando una tía la llevó a la ciudad, que se enfermó y tuvieron que traerla de vuelta a sus pagos.

“Fue para mí un día de duelo. Me anunciaron que era
necesario abandonar mi vida agreste, libre como los vientos, y cambiar los inmensos
horizontes en que la pasaba por el estrecho recinto de un colegio de monjas.
¿Qué iba a ser de mí entre aquellas figuras severas e impasibles? Su principal intención
sería ahogar mi querida turbulencia e imponerme su propia inmovilidad”.

¿Por qué estar internada y aprender en el encierro? ¡Si ella aprendía mucho más en libertad!
Cuando ganan los Federales, José Ignacio Gorriti y familia que eran Unitarios, son desterrados, se les confiscan todos sus bienes y deben huir a Tarija, Bolivia. En relación a esto de quedar pobres y perder sus campos Juana Manuela se refiere:

He aquí yo, que, en la vejez, edad de reposo, para escapar al rudo trabajo de la enseñanza, voy peregrinando en busca de un pedazo de pan que mi país me echa como una limosna, cacareado y dado en cara, en pago de la inmensa fortuna que mi padre prodigó para darle independencia. ¡Qué delirio tan pecaminoso el de aquellos héroes, que iban a quemar muy contentos en aras de una soñada patria, el porvenir de sus hijos! (Gorriti, 1999: 155-156).

Es precisamente en Tarija, donde encuentra el amor. Se enamora del capitán Manuel Isidoro Belzú, con quién al poco tiempo se casa; pero su matrimonio no fue feliz, mantuvo una relación tormentosa cruzada de acusaciones mutuas de infidelidad y separaciones.

Sin duda la época revolucionaria que se vivía, incidió en su relación, ya que tuvo que deambular de Bolivia al Perú, hasta que puso fin a su matrimonio, luego de diez años de una relación inestable.

Pero en ella, las dificultades eran desafíos a vencer, así que instalada en Perú con sus niñas Edelmira y Mercedes, comenzó a trabajar como maestra en casas particulares, y si bien tenía contactos, no le fue fácil.

Una mujer sola con hijos y sin marido, no era bien visto en la sociedad de la época, una sociedad discriminadora, donde la mujer tenía un rol silenciado. Pero nunca se dio por vencida y convencida que tenía que hacer algo por sus ideales libertarios, se puso a trabajar desde las letras, escribía artículos para los diarios del momento, mientras alternaba con sus clases y las tertulias literarias, en las que se discutían también temas políticos.

En su nuevo terruño, conoció mucha gente, y de a poco instaló en su casa un instituto de formación de maestras sustentada en la enseñanza de valores. Así su hogar era de uso múltiples, de a ratos se convertía en aula y de tarde noche en sala de tertulias.

«Era imposible conocerla y escucharla sin sentirse de pronto subyugada por la magia de su palabra brillante, por el encanto de su espíritu apasionado, aunque un tanto ligero», escribe quién la conoció y la escuchó (FREIRE DE JAIMES,CAROLINA, 1892.)

Como la economía familiar se tambaleaba, decidió enviar a sus hijas Edelmira y Mercedes a La Paz, con su padre.

Por ese tiempo, el General Belzú, elevado al mando supremo de Bolivia, pidió otra vez a sus hijas. Entonces, por una parte la exigüidad de los goces que en mi precaria situación podía dar a mis hijas, por otra la espléndida existencia que el padre prometía para ellas, decidieron á la pobre madre. Púsose, como vulgarmente se dice, una piedra sobre el corazón, y se dio á la tarea dolorosa de hacer nacer en sus hijas el deseo de reunirse á su padre, es decir, de separarse de ellas. Pintéles con fantásticos colores la dicha que al lado de su padre las esperaba, la diferencia de cuánto las rodearía, y mi gozo al verlas en esa elevada posición, gozo que me haría olvidar todos mis pasados dolores… ¡Y quedé sola! (Gorriti, 1999: 143).

Su vida estuvo marcada por los sufrimientos y la incertidumbre, pero nada doblegaba a esta noble mujer. Cuando le informan que su esposo había muerto, no titubeó en ir a buscarlo, escondida para que no la tomaran presa, se disfrazó de varón para llegar a la plaza principal de Bolivia, donde yacía el cuerpo del Gral. Belzú, al cual levantó en una carreta para darle sepultura.

Vinieron a decirme que Belzú había caído atravesadas las sienes de un balazo, y yo corrí en medio del combate; llegué hasta donde yacía el desventurado ya cadáver, lo levanté en mis brazos y en ellos lo llevé a casa: a ese hogar que él había abandonado tanto tiempo hacía! Con mis manos lavé su ensangrentado cuerpo, y acostándolo en su lecho mortuorio, lo velé y no me aparté de él hasta que lo coloqué en la tumba. La misión de la esposa parecía ya acabada; mas he aquí el pueblo que me rodea y me pide más: me pide que lo vengue. Sí: lo vengaré con una noble y bella venganza, haciendo triunfar la causa del pueblo que era la suya».

Seguramente que su corazón debió quedar destrozado, pero sus ideas la llevaron a armarse de coraje para pelear desde la palabra, para sumar más personas y así apuntalar la verdadera revolución de las letras.

«Mi vida no se ha de consumir en el dolor como un leño que se arroja al fuego; haré como las aves cuando ven roto por la tormenta el árbol que las cobija contra todas las inclemencias; buscaré en mi alma las fuerzas que me faltan, para construir un nuevo nido”

En Perú ante la invasión de los españoles en 1864 Juana Manuela se alistó en el ejército como enfermera y asistió a los soldados heridos en el campo de batalla. A raíz de este hecho fue considerada heroína de la resistencia peruana y diez años más tarde fue condecorada por el Gobierno peruano con “La estrella del 2 de mayo”.

El gobierno de este país me concedió el 2 de mayo la medalla decretada á los que asistieron á esa jornada, y me envió con el diploma esta linda joya, que es una estrella de rayos rojos en esmalte y centro de oro con un castillo y una leyenda en torno: Dos de Mayo de 1866 – Y en el reverso, también un castillo con esta otra: – 50 cañones contra 300 (Gorriti, 1876).

Tras la caída de Rosas, su nombre empezó a ganar reconocimiento también en Buenos Aires, adonde viajó por primera vez en 1874, pero luego le comunicaron que su hija Mercedes estaba muy enferma, así que regresa al Perú. La muerte de su hija, fue un gran golpe, de mañana temprano, se veía una mujer que con un ramillete de violetas, partía al cementerio a visitar su niña.

No tengo ánimo para escribir, abrumada por el nuevo terrible golpe con que a Dios le plugo volver a herirme: la pérdida de mi hija Mercedes… (Gorriti J.M. 1879, p. 222)

Sin duda Juana Manuela fue una hacedora de la palabra, porque en una sociedad machista, se abrió paso, puso su sello en las tertulias literarias, y continuó defendiendo con ímpetu sus ideas libertarias.

¿Cómo abandonar los ideales en las que se formó desde niña, y desde dónde aprendió a hacerse mujer?

Decid á las mujeres: – Ilustráos cual lo hacen los hombres; estudiad, adquirid los conocimientos necesarios para usar de vuestros derechos, que nadie os contesta; y que cuando los querais tomar, estén en vuestra mano. Pero desterrad de vuestra vida las fruslerias á que la consagrais; aprended, y heos entonces, sin el permiso de nadie, en la posesión y el goce de vuestros derechos. ¡Derechos! – concluí riendo con aquellos jóvenes, que eran ya mis amigos, – ¿creen ustedes, hijos míos, que la mujer tiene para mandar el mundo necesidad de que se los declaren? ¡Bah! Todos saben bien que desde el fondo de su alcoba, lactando á su hijo y arreglando el banquete para el esposo, ordena la confección de las leyes y la caida de los imperios (Gorriti, 1999: 169-170).

Mucho se ha escrito de ella, UNA MUJER que sin lugar a dudas dejó una huella indeleble por donde transitó.   Sus profundos escritos nos permiten  visibilizar sucesos, sentimientos y lugares que, de no ser por su pluma hubieran quedado en el olvido.

Parafraseando a la novela Juana Manuela mucha mujer, sin duda ha sido y será una mujer que cobró vida en tantas mujeres que callaron y que gracias a su ejemplo pudieron abrirse y ser libres.

Ya en sus últimos días, Guido Spano le dejó un ramo de violetas que llevaba en su traje ella le dijo:

-Estas flores son mis últimas violetas -dijo Juana Manuela. Luego extendió su mano a Vicente Quesada.
-Pobres manos mías, tan secas y rugosas -dijo.
-Yo las veo tan bellas y tan blancas como el día que las vi por primera vez, cuando me deslumbraron sus encantos –le constó su amigo.
-Son sueños que pasaron, su realidad es el recuerdo –repuso ella
-No es el recuerdo -la interrumpió Quesada-, es el amor.
-Es muy tarde para pronunciar esa palabra -murmuró Manuela-. Mi alma ha abierto ya sus alas a la muerte.
Cerró los ojos y no los abrió ya más”

Analía Efrón, op. cit, págs. 212 y 213

¡Una mujer libre aún en su propia muerte!


Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

Un comentario en “Juana Manuela mucha mujer…

  1. Excelente artículo!!!👏👏👏👏

    Felicitaciones a todos los escritores y escritoras de esa maravillosa provincia. Mi corazón con Uds amigos Salteños.❤️❤️👏👏👏

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