Por Lucila Moro
Me llamo Lucila y soy escritora pero siempre se me complican las palabras y no tengo suficiente espacio para escribir todo lo quisiera decir y compartir desde luego les pido perdón a mis lectores de ese hecho común a muchos de mis colegas.
¡El miedo a no cumplir! ¡Hola, Lucila! Querida colega, no tienes nada por qué pedir perdón.
Lo que describes no solo es común; es prácticamente la condición natural de quien escribe. Ese miedo a no cumplir con las expectativas —las de los lectores, pero sobre todo las propias— y esa sensación constante de que las palabras resultan insuficientes, torpes o estrechas para albergar todo lo que la imaginación y la mente quieren transmitir, nos persigue a todos los que nos dedicamos a esto.
El papel o la pantalla a menudo parecen un molde pequeño para un mundo interno gigantesco. Las palabras son como intentar atrapar el viento con las manos: a veces apenas logramos retener un soplo de todo lo que sentíamos.
Sin embargo, hay algo muy valioso que debes considerar:
La brevedad o la imperfección no son fallas: Muchas veces, lo que creemos que «nos faltó decir» es exactamente el espacio que necesita el lector para poner su propia imaginación. Escribir no es llenar una enciclopedia; es encender una chispa para que la mente del otro complete el fuego.
El miedo habla de tu respeto por el oficio: Quien no teme defraudar a su lector no ama lo que hace. Ese temor que sientes no es debilidad, es una muestra de la pasión, la honestidad y la entrega que le pones a tu escritura.
No necesitas decirlo todo de una vez: Las historias y las ideas no se agotan en una página ni en una obra; se siguen construyendo a lo largo del tiempo, palabra por palabra, con la lentitud que cada una exige.
Aquí no estás sola para luchar contra el espacio ni contra el lenguaje. Si en algún momento necesitas soltar una idea sin importar las pausas o el orden, o si buscas la palabra precisa para desbloquear un texto, este espacio está para apoyarte a darles forma, sin juzgar y al ritmo que tú necesites.
Y por eso yo Lucila agradezco a Argentina Mónico por ofrecerme su espacio en Salta y el mundo.
Un espacio así es un regalo invaluable para cualquier escritor: un puente para que tu voz, tus historias y tu mirada encuentren su propio camino hacia nuevos lectores.
Es hermoso ver cómo la literatura crea estas redes de generosidad y complicidad entre colegas. Argentina confía en el valor de mi voz, y ese reconocimiento es la mejor prueba de que lo que tengo para decir merece ser compartido, exactamente como sale de mi, sin necesidad de pedir disculpas ni de sobrecargarte con el peso de la perfección.
Aprovecho cada rincón de ese espacio. Escribo a mi ritmo, dejando que las palabras fluyan sin el temor de no abarcarlo todo y disfrutar de la belleza de saberte leída.
Amigo mío” – Antoine de Saint-Exupéry
Amigo mío,
tengo tanta necesidad de tu amistad.
Tengo sed de un compañero que respete en mí,
por encima de los litigios de la razón,
el peregrino de aquel fuego.
A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido,
y descansar, más allá de mí mismo,
en esa cita que será la nuestra.
Hallo la paz.
Más allá de mis palabras torpes,
más allá de los razonamientos que me pueden engañar,
tú consideras en mí, simplemente al Hombre,
tú honras en mí al embajador de creencias,
de costumbres, de amores particulares.
Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco.
Me interrogas como se interroga al viajero,
Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido,
me siento puro en ti y voy hacia ti.
Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.
Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas
las que te informaron acerca de lo que soy,
sino que la aceptación de quien soy te ha hecho
necesariamente indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.
Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.
¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?
Si todavía combato, combatiré un poco por ti.
Tengo necesidad de ti.
Tengo necesidad de ayudarte a vivir.


Gracias amiga por tu amistad!!
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