Ángel Martínez Haza
Por Liliana Bellone

Criatura de latón cede su voz a un narrador-personaje-protagonista que cuenta las vicisitudes de “los pasos perdidos” que se anuncia desde el epígrafe de la novela:
“Soy dueño de mis pasos y los afinco donde quiera” (de Alejo Carpentier)
“Pasos Perdidos” es el lugar (un hotel en la provincia de Buenos Aires) que el protagonista-narrador encuentra (como la provincia Castalia en El juego de abalorios de Herman Hesse) para vivir una existencia nueva a partir de lo que ha escrito (novela iniciación, camino del héroe, o los pasos perdidos) que van a ese lugar recuperado luego de la catarsis escritural. Allí están los nombres de los maestros: Olga, Daniel, el poeta, Mouche, la perrita dulce y mimosa, en una especie de Jardín de Epicuro.
Ocurre que Agustín, el cubano, desde el Monólogo Interior que es la voz narrativa, es el protagonista de una historia que se sitúa en dos ámbitos: la Argentina y Cuba.
Los mapas de Buenos Aires, La Habana y Pinar del Río se entrecruzan en la narración. Buenos Aires y sus calles: Paraná, Corrientes, Rivadavia, Sarmiento, el Barrio de Flores, Retiro… La Habana: el Vedado, la Habana Vieja…
Los personajes dialogan desde la Sierra de la Ventana (Provincia de Buenos Aires). Olga y Daniel, maestros, protectores y guías evocan a Zoe y Arístides, los amigos de Cuba.
Novela iniciación que muestra el mecanismo del inconsciente. Agustín es un fotógrafo artista-luego será escritor-que en Buenos Aires conocerá ese espacio limítrofe con el hampa, el delito, la mala fe, el engaño, el peligro, la violencia, en medio de la desconfianza en el otro, un mundo del que escapará y al que se negará en una elección ética y moral.
Las fobias: murciélagos interiores, fetiches, estatuillas rotas, el encendedor con la figura del lobo (lupus)y las iniciales E. y L. (letras y números que recuerdan el cuento “La muerte y la brújula” de Jorge Luis Borges), perfilan a un narrador protagonista complejo, en sus relaciones amorosas, parentales, amistosas.
Los personajes femeninos: Luciana, Olga, Zoe, Lidia, son partes de una dialéctica amorosa que se plantea muy bien en “El delirio y los sueños en la Gradiva de Jensen” de Sigmund Freud.


La Argentina y Cuba se entrecruzan en el lenguaje: “guagua”, “guajro”, el voseo y el lunfardo rioplatense construyen un texto muy rico desde el punto de vista idiomático: el habla hispanoamericana, el español americano, eso que nos une en un solo continente, Nuestra América, como señalara José Martí.
Cubano y argentino, Ángel Martínez Haza, muestra en esta nueva novela su gran perfil de narrador, capaz de construir mundos y personajes que dicen una realidad nada impostada, una realidad humana, ética y a la vez compleja que es sin duda la finalidad de la novela hispanoamericana, esa novelística marcada por el gran Alejo Carpentier.

Ángel José Martínez Haza (Matanzas 1979): escritor y músico cubano-argentino, licenciado de la Universidad de las Artes de la Habana. Recibió el Premio de Poesía Bonifacio Byrne, el Premio de Poesía de la Revista Heptagrama, el Premio Internacional de Poesía de Buenos Aires El Zorzal y el Premio Provincial de Poesía de Salta. Publicó los poemarios Diálogos del encantador (Vigía 2006), La forma de un sueño (Matanzas 2008), Estancia recobrada (Fondo editorial, 2018) y las novelas Reino y Travesía (5 Sentidos NOA, 2013), Cuando se abre la noche (BTU ediciones 2024) y La cuerda ilusoria (Equidistancias 2024). Sus textos han aparecido en revistas literarias como Vigía, Matanzas, Punto Cultural, Excéntrica, A 4 manos, Artenauta, Heptagrama, así como en antologías de Argentina, Cuba y España. Actualmente reside en Salta, Argentina; es miembro de la UNEAC y del grupo Norte Entero.



