POR FAVOR, CUANDO AMANEZCA

Por María Luisa Dellatorre

Cuando terminé de leer esta novela de Violeta quedé impactada y emocionada tanto por el contenido de la misma y su escritura.

Confieso que, si bien siempre me interesó el tema de la Eutanasia, nunca lo profundicé, a pesar de que tuve una experiencia parecida, con una tía mía en el año 2011.

En cuanto al contenido, este libro implica una exhaustiva investigación de parte de la autora, tanto del orden de lo legal, lo religioso, lo filosófico y estos conocimientos y argumentos se van entrelazando en un texto ficcional.

El lector de Por favor, cuando amanezca encontrará un nivel descriptivo muy realista, perfectamente logrado, ya que podrá oler, ver, recordar, imaginar espacios, situaciones y sentimientos. Estos detalles se orientan a recuperar momentos y crear un clima de tensión, que nos lleva a avanzar en la lectura.

Se podría decir que los dos niveles de su novela, la historia y el discurso, es decir el contenido y la escritura se integran, ya que, al describir con tanto detalle, todo se hace más realista y lleva a involucrarse con el contenido y a “tomar partido” por uno u otro argumento.

Si bien no nos sorprende en Violeta que su sintaxis y redacción sean impecables, cabe mencionarlo ahora, en estas épocas en que la escritura se simplifica ya demasiado quizás…

Podemos advertir un real cuidado del idioma.

En relación a la estructura, está constituida por 4 partes y momentos dentro de cada una. Estos últimos fluyen alternativamente como para que el lector tome perspectiva del tiempo y actualice la memoria de las distintas circunstancias de la novela.

Esto requiere un lector activo, que muchas veces tiene que volver atrás y recapitular lo narrado.

Cabe destacar el manejo del fluir de la conciencia, ya que hace más dinámica la lectura y se “palpan” más las emociones y sentimientos de los personajes. Es decir que este recurso narrativo no respeta la formalidad de los guiones de diálogo y todo fluye más dinámicamente.

Sintéticamente la novela presenta la historia de dos familias que se entrelazan a través de Francesca (abogada) y Felipe (profesor de filosofía). La de ella de origen italiano, residente en Salta y la de él argentina, residente en Córdoba. En ambas familias ocurren situaciones relacionadas con la Eutanasia, problemática que desencadena una serie de reflexiones y controversias de sólidos fundamentos, que nos llevarán seguramente a profundizar más en esta temática.

Quiero compartir con Uds. algunos párrafos donde se dan alguna de estas cuestiones:

-Hay dolores asumibles y otros que no lo son, y siempre nos duele menos el dolor ajeno -apuntó más lentamente-. Quiero decir que aquí debería ser especialmente respetada la voluntad del que está sufriendo -bajó la cabeza a tiempo que su volumen de voz disminuía.
Francesca comenzaba a aburrirse cuando, por fin, llegó el debate. Una pregunta despertó de nuevo su atención:
-Profesor -era un médico de mediana edad-, me ha encantado su exposición. Precisamente, trabajo en la Unidad de Terapia Intensiva de un sanatorio de Barcelona y estos temas los veo con cierta frecuencia. Lo que yo encuentro -el auditorio pendía de esas palabras que prometían develar realidad-, es que resulta mucho más fácil explicar estos temas en teoría, en un escrito o sobre la pizarra, que cuando el médico se encuentra al lado de una persona seriamente enferma, ya sea incurable o terminal, y esa persona o sus familiares le piden a usted una solución definitiva.

Fragmento en Momento 16 pag. 138 (Diálogo en clase de Bioética, cuando diserta Felipe)

Párrafo de la pag. 245-246 se le pregunta al prof sobre la Eutanasia, es en una conferencia de Felipe en la universidad, alguien le pregunta: Si la eutanasia pía o piadosa es considerada asesinato cuando quien decide matar prescinde de la voluntad del enfermo, ¿podemos sostener esa calificación legal cuando el enfermo intervino, accionó judicialmente y rogó, durante años, que le dieran muerte?

Francesca oyó sorprendida la respuesta de su marido.

-Hace un año, señor, le hubiera contestado, sin dudar, que igualmente se trata de un homicidio y que en la vida real nadie está exento de la tentación del homicidio por compasión. Hoy pienso un poco más en la diferencia que pone la autonomía, la voluntad del sujeto supuestamente eutanásico.

A continuación, un párrafo donde se ve la desazón de Francesca ante la muerte de un hombre que necesitaba un trasplante (ella también estaba a favor de la vida):

No soy Sócrates ni antigua ni filósofa, ni siquiera sofista para aceptar todo este misterio y este horror, no los del morirse como un perro con el hígado podrido sino el de poder adquirir una coraza impenetrable y galvanizada ante la necesidad de vivir del otro, otro del que, con suerte, entre las cuatro paredes de un juzgado se recuerda el nombre pero no se ha visto la cara, el sufrimiento, la luz de esperanza oscilante en los ojos, la frustración ante el no y otra luz ante un eventual sí después de otro amontonamiento de hojas impresas en computadora o prolijamente mecanografiadas por una empleada judicial (Terrible alusión a lo que puede ser burocracia judicial)

Avanzamos en la lectura, Francesca, después de un viaje dice hablando con su marido:

Encontré una página, Catholic.net…, donde dice que cada vez que permitimos que alguien se refiera al suicidio como un derecho a morir dignamente, estamos excluyendo e incluso ofendiendo a los que, atados a una silla de ruedas o postrados en la cama de un hospital, optan por resistir a la idea del suicidio y sobrellevan no sin mucho esfuerzo la lacerante cruz de su dolor. ¿Qué opinás Felipe?

Felipe no contesta y ella lo hace así, cito:

-No estoy de acuerdo porque en la mente, en el papel, en la soledad de un escritorio en que se conciben teorías no es posible experimentar lo que cada uno experimenta en el dolor y en el sufrir. Cada habitante de este planeta es distinto, y nadie tiene derecho a juzgar el aguante de nadie… o con la misma vara será juzgado.
A continuación, la carta de Francesca ( No creo conveniente leerla para no espoliar, además es muy larga)
Yo, Francesca Verseggio de Condal, de cuarenta y cinco años, lúcida plenamente y después de haber pensado en ello durante los últimos meses, les hago la siguiente petición: si llego a deteriorarme tanto por mi enfermedad actual (cáncer de cuello uterino) o cualquier otra, o por algún accidente, a punto de no poder decidir por mí misma, siempre que mis médicos coincidan en que mi estado es irreversible, les pido no prolongar mi vida por medios artificiales (técnicas de apoyo vital, líquidos intravenosos, fármacos o alimentación artificial), que se me suministren las medicinas necesarias para paliar al máximo mi sufrimiento y malestar, aunque signifiquen acortar mi vida y que, finalmente, si mi estado general es terminal y de extremo dolor físico y moral, se me administren rápida e indoloramente los fármacos necesarios para terminar con ellos. / “Te designo, querido Fefel (Felipe Condal), para que vigiles el cumplimiento de estas instrucciones fielmente, y para que vigiles que en cualquier caso mis médicos queden totalmente liberados de responsabilidad civil y criminal. Me reservo el derecho de revocar esta voluntad, si nuevas reflexiones me indicaran que es lo mejor.

Firenze, 19 de julio de 2006.

Más adelante observamos textualmente la postura de la Iglesia:

En su ‘Declaración sobre la Eutanasia’ de 1980, la Iglesia Católica afirmó que ‘por eutanasia, en un sentido verdadero y propio, debe entenderse una acción o una omisión que, por su naturaleza y en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor’, condenándola por considerarla un homicidio. La Iglesia enaltece el valor cristiano del sufrimiento, pero reconoce el derecho a buscar alivio mediante medicinas, aunque éstas puedan acabar abreviando la vida, y desaprueba el encarnizamiento terapéutico, aceptando el derecho a morir con dignidad siempre que ello no implique provocar la muerte

Violeta Herrero, para contrarrestar la seriedad de la problemática central nos lleva por hermosas y cotidianas vivencias familiares, en las que nos podemos reconocer: desde un amanecer de verano, el transcurso de una comida en familia, la referencia a Fiestas Religiosas como las del Señor del Milagro, la preparación de una fiesta de 15 años, etc..

Y esto logrado, como decíamos al principio, a través de delicadas descripciones e imágenes poéticas. Vaya una de ellas, con la intención de que disfruten las otras, al leer la novela:

Para ejemplo de frases poéticas Fran diciéndole que amaba esos grandes árboles, los que flanqueaban el tagarete, porque, al roce de la brisa en sus hojas, parecían tocar castañuelas sordas; la pena lo dobló por la mitad del cuerpo y necesitó entrar en el bar.

No es difícil advertir que la temática de esta novela es sumamente controversial, ya que se presentan en ella diferentes posturas con respecto a un planteo tan difícil como es la Eutanasia, el derecho a vivir y a morir dignamente.

Como no soy especialista, no debo dar mi opinión sin argumentos firmes; sin embargo, esta lectura nos interpela y lleva a reflexionar para luego tomar posición a favor de un enfoque más humano y realista.

María Luisa Dellatorre

Profesora en Letras y Diplomada en Gestión de las Relaciones Humanas para las Instituciones Educativas. Miembro fundador y Co-coordinadora de LecturArte-Salta desde 2010. Es miembro de número de la Academia de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina. Publicó en colaboración diversos libros relacionados con la Didáctica de la lengua y la LIJ, entre ellos:
Manual para Cautivar Lectores. Críticas sobre Literatura Infantil. León y los Girasoles (2018). y el cuento El Cuis Ramón y sus amigos. Es capacitadora docente en temas relacionados a la lectura y la LIJ. Expositora en congresos y jornadas sobre Literatura Infantil y Juvenil.

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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