Por Marta Juárez
¿Sabías que el lapacho es el árbol más increíble del norte argentino?
Florece en invierno, justo cuando tendría que estar seco y triste. Es autóctono de sudamérica, y es un milagro de la Madre Naturaleza. Se queda absolutamente sin hojas así sus flores son las únicas que muestra sin competencia, sobresaliendo por todo el paisaje, así atrae a todos los polinizadores.
Cuando aparece es anuncio que la primavera está tocando las puertas. Es el árbol del Año Nuevo de nuestro Hemisferio Sur porque florece cuando comienza un nuevo ciclo natural en esta parte del Mundo.
Les comparto mi poema dedicado a ese árbol, guardián de mi casa.
Alma de lapacho
Marta Juárez
Un día, desde el monte nativo,
te trajo a mi casa un amigo.
Eras un brote tierno de lapacho:
dos chispitas verdes, tus hojitas,
en mis manos temblorosas.
Y la Madre Tierra te acogió,
te abrió su vientre amorosa
en el patio en cuyo centro
erigiste, soberbio, tu trono.
Te amadrinaron las lluvias,
supliendo mi olvido remolón.
Venciendo todo mal pronóstico,
ganó de cielo azul tu vocación:
la Vida, su mandato despótico.
Y rodando… rodando las estaciones,
fuiste vistiéndote y desvistiéndote
con elegancia y rítmico decoro,
pero siempre creciendo… creciendo.
Doblaron tus ramas y mis ánimos
los temporales del desengaño.
Fiero arreció sobre tu copa
—y sobre mi utopía—
el huracán, malones de desalientos,
mas no quebraron tu porfía ni la mía.
Tú, que tu copa tocara gloriosa el sol.
Yo, ver la luz de mis versos, mi poesía.
Y hoy te veo tan inmenso y corpulento:
eres este Árbol que convoca
un bandalaje de pájaros celestes,
vistiendo de cielo rosa tu cantata loca.
Tú me invitas a plantar bajo tu sombra
mis cenizas cuando llegue la hora,
para nutrir y seguir en tu verde unidos.
Yo disfruto tu mansa paz,
mi hermoso lapacho florido.

Compartimos otro poema de Abel Mónico Saravia escrito camino a Urundel mientras observaba un gran incendio, en agosto de 1974, donde describe la fortaleza de este hermoso árbol.
A un lapacho tendido
abel mónico saravia
Yo he visto un árbol caído
floreciendo desde el suelo.
El inclemente progreso lo tumbó,
como a otros tantos.
Pero una raíz fortuita
le conservó la sustancia
y desde allí, lentamente,
la vida fue recobrando.
Le fue subiendo de a poco,
lentamente, palmo a palmo,
por el tronco y los ramajes
para florecer lapacho
y entremedio del incendio
volver a ser palo macho.
El fuego ni el hacha aleve
no pudieron dominarlo
y, aunque en el suelo tendido,
desde el suelo está brindando
su canto de rosa al cielo,
que en flores convierte el llanto.
Canto rosa de la vida.
Ejemplo para el humano.
Desde el suelo tú floreces
y no te andas arrastrando.
Saquen ejemplo los hombres,
ejemplo de este lapacho.
