La mirada de un fotógrafo de naturaleza
Por Daniela Latorre

El fotógrafo argentino Santiago Arias, oriundo de Salta, trabaja en el cruce entre la fotografía de naturaleza y el ecoturismo. Su recorrido lo llevó a desarrollar safaris fotográficos en Costa Rica y otros destinos de alta biodiversidad, experiencias que organiza para público general y que buscan alejarse del turismo de consumo rápido para proponer una relación más consciente con los territorios.
Con apenas 22 años, Santiago ya se perfila como uno de los fotógrafos más influyentes de su generación. Fue elegido como embajador de marca por Nikon, una de las más importantes en la industria de la fotografía. Un verdadero prodigio.
Sus redes sociales también son de alto impacto: hace tiempo superó los 150 mil seguidores.
La IA no debería ser un problema para los fotógrafos, debería ser una herramienta, como en su momento fue el Photoshop un dilema hoy es la utilización de Inteligencia Artificial.
Posteo de santiago Arias en instagram
La IA, puede llegar a ser muy útil, pero tampoco hay que darle la libertad de hacer lo que quiera con nuestras fotos. Yo soy de la opinión de que no puede crear arte, esa es la capacidad única y exclusiva del ser humano. Crear de forma consciente algo es arte, pensar, sentir y hacer. No darle un prompt a un sitio web y que haga una imagen, eso no es arte.
Tenemos que intentar aprender a usar la IA, de forma responsable, usarla para cosas que quizá son difíciles de hacer, como quitar el ruido a una foto, o quizá eliminar un palito que te molesta. Pero bueno, cada uno traza la línea de cuánto edita sus fotos en diferentes lugares. La mía está ahí.
Sin embargo, su formación y su práctica se construyeron por recorridos donde sólo algunos pocos eligen estar. Donde no el valor no circula en torno a la fama ni la acumulación de likes.
Arias supo descubrir y dar rienda suelta a su pasión por la fotografía en contacto directo con la naturaleza y con comunidades locales en distintos países. Así, fue desarrollando una mirada cada vez más crítica sobre el impacto del turismo en los ecosistemas.
Después de explorar muchos territorios y realidades diversas, encontró una nueva veta para su profesión: invitar a otros a viajar a través del lente de la cámara. Su proyecto destaca por la originalidad y su noble intención de vivir en grupo el descubrimiento de destinos “exóticos”. ¿El objetivo común? Fotografiar animales autóctonos, flora nativa y paisajes que te dejan con la boca abierta. Todo en plena naturaleza, sin grandes lujos ni hoteles extravagantes. La atención puesta al servicio de la observación y el respeto del entorno.
En sus convocatorias a estos viajes grupales, él promete que no hace falta tener el equipo más moderno ni años de experiencia. Con su guía y la voluntad de ponerse al servicio de la curiosidad propia, es suficiente.
Más allá del carisma y la frescura propia de su juventud, Santiago contagia esas ganas de dejar huella. Pero huellas de las buenas. De viajar con sentido. De aprovechar la tecnología para conocer mejor el mundo en que vivimos, a la vez que aportamos un granito de arena a la valoración de las especies únicas de cada ecosistema y a la concientización de la importancia de su conservación.
En un contexto donde el turismo sostenible se volvió una categoría ampliamente utilizada —y muchas veces vaciada de contenido—, su mirada introduce una pregunta incómoda: ¿qué significa realmente hacer ecoturismo hoy?
Desde su práctica, la respuesta no pasa por el marketing ni por la estética, sino por las decisiones concretas que se toman en territorio.
“Hoy intento pensar los viajes desde el respeto. No me interesa solamente llevar gente a fotografiar animales, sino generar experiencias donde el entorno y las comunidades estén primero. Para mí una foto nunca vale más que el bienestar de una especie o de un lugar.”
En sus safaris fotográficos, el desafío es pasar del foco en la captura de imágenes, a pensar la forma en que se habita el espacio. La relación con la fauna, el impacto del grupo en el entorno y el vínculo con las comunidades locales son parte central de la experiencia.

Para Arias, el ecoturismo no se define por las palabras, sino por las prácticas.
“Creo que un proyecto de ecoturismo real se nota en las acciones y no en el marketing. Cuando hay límites claros, trabajo con comunidades locales y una preocupación genuina por conservar el lugar, se siente. Cuando todo está pensado solo para vender experiencias o contenido, también se nota.”

En ese sentido, advierte sobre una deriva frecuente en la industria del turismo contemporáneo: la transformación del “eco” en una estética más que en un compromiso real con los ecosistemas.
“Me genera desconfianza cuando el término ‘eco’ se usa como una estética. Muchas veces hay discursos muy lindos, pero después ves prácticas invasivas con animales o un turismo demasiado agresivo para el lugar.”

La expansión de los viajes fotográficos y el crecimiento de las redes sociales agregan una capa adicional de tensión. Documentar, compartir y visibilizar la naturaleza puede contribuir a su conservación, pero también puede intensificar su exposición y alterar aquello que se busca observar.
“Hay una contradicción constante. El turismo y la fotografía pueden ayudar a conservar, pero también pueden terminar dañando lo mismo que muestran. Creo que hoy, con las redes sociales, existe mucha presión por conseguir imágenes cada vez más impactantes y eso a veces hace que se pierdan ciertos límites éticos.”
En ese límite inestable se mueve hoy gran parte del ecoturismo contemporáneo: entre la intención de proteger y la presión de mostrar. Entre la experiencia directa y su transformación en contenido para consumo rápido en las redes.
Santiago afirma que el secreto de un turismo sustentable está en aquello que no se puede capturar: el valor humano.
“Las comunidades locales son clave. Son las personas que realmente conocen y viven el territorio. Me interesa trabajar con proyectos donde haya una participación real de la gente del lugar y no solamente una mirada externa sobre la naturaleza.
El proyecto que estoy desarrollando busca unir fotografía, exploración y conservación de una forma más consciente. Me interesa que la experiencia vaya más allá de producir imágenes lindas y que también genere conexión y reflexión.
Me gustaría que las personas vuelvan no solo con buenas fotos, sino con otra forma de mirar la naturaleza. Que aprendan a observar más, a ir más lento y a conectar de verdad con el entorno.
Siento que hoy el ecoturismo está creciendo muchísimo, pero también se está volviendo muy consumible para redes.
Creo que el desafío es no perder la honestidad y recordar que conservar implica responsabilidad, no solo admirar paisajes.”
Los safaris fotográficos que Arias organiza —abiertos al público y enfocados en destinos de biodiversidad como Argentina, Costa Rica y otras regiones de América Latina— se inscriben justamente en esa tensión. Más que una promesa de imágenes espectaculares, buscan abrir una forma distinta de mirar, donde la naturaleza pase de ser un escenario de vacaciones, para ser apreciado como territorio vivo que exige cuidado, tiempo y distancia.
