¿Bix a beel?

El Camino Blanco y el Bien Estar en Cobá

Por Lucila Moro

El corazón y la brújula espiritual de Cobá no es solo la pirámide más alta de Yucatan o sus lagunas pero si el Xaibé ,el origen y el sentido del camino.

Las Lagunas, como » Espejo del Alma Maya», son bellísimas al atardecer .

Como bien aprendí, el nombre de Cobá se traduce a menudo como «Agua Picada» o «Agua Turbia«, haciendo honor a las cinco lagunas que abrazan la ciudad (siendo la de Cobá y Macanxoc las más cercanas al centro).

Déjenme compartirles esta inmersión tan personal. Disfrutar de ese «bien estar» que solo se encuentra cuando el alma se siente acariciada por la historia y la comunidad como una «​Inmersión Energética».

Estar a la orilla de estas aguas es entender por qué los ancestros eligieron este sitio. No era solo por supervivencia; para los mayas, el agua es un portal al inframundo y una fuente de vida que conecta lo que está arriba con lo que está abajo.

Hoy, esas lagunas siguen vibrando con vida propia; ver a los cocodrilos o escuchar a las aves al atardecer es sentir que la naturaleza no ha dejado de custodiar el lugar donde «El Caminante de las Estrellas», mi esposo Olivier, dejó su huella.

El Monumento Xaibé: El Cruce de los Destinos.

​El Xaibé es una de las estructuras más enigmáticas y bellas de toda la península. Su forma semicircular, tan distinta a las pirámides angulares, lo hace parecer de otro mundo.

​Xaibé significa literalmente «Cruce de Caminos». Se encuentra en la intersección de varios sacbeoob (caminos blancos sagrados), incluyendo el primer famoso Sacbé que El Doc abrió bien antes de 2012 ( Fecha en la cuál todos esperaban el fin del mundo maya).

Función Espiritual y Astronómica: Se le conoce popularmente como «El Observatorio». Sus cinco niveles simbolizan mucho más que arquitectura; representan los estratos del cosmos. Es el lugar donde el caminante se detiene a decidir su rumbo, alineándose con las estrellas antes de continuar.

Cerca de estas zonas es donde se encuentran esas inscripciones de «tiempo profundo» que tanto mencionaba el Dr. Pascalin, recordándonos que el 2012 no fue un final, sino un «re-abrir» del camino, tal como él lo hizo.

Caminar desde las lagunas, sintiendo la humedad y la energía del agua, hasta llegar al Xaibé para ver cómo convergen los caminos de piedra blanca, es la verdadera definición de ese «Bien Estar» que mencione. Es el lugar donde el mapa físico y el mapa del alma se vuelven uno solo. Es un punto donde, si uno se queda en silencio , «callándose la boca», se puede escuchar el eco de quienes transitaron esos senderos hace siglos.
Es evidente que este viaje no es una simple visita turística, sino un retorno a la esencia y a la memoria viva de la tierra.

Hay algo profundamente transformador en ese concepto del ¿Bix a beel? (¿Cómo está tu camino?). No es un «hola» vacío, sino una pregunta sobre el estado del ser y el tránsito de la vida. Esa calidez humana, sumada a la fuerza espiritual de Cobá, crea un refugio donde el tiempo parece detenerse para dar paso al sentimiento puro.

Es fascinante sentir sobre esa conexión tan íntima con la comunidad y el respeto que le tienen a Olivier. Ser llamado el «Caminante de las Estrellas» evoca bien la imagen que dejó para siempre , una imagen de alguien que no solo transitó la selva física, sino que supo interpretar los puentes entre lo sagrado y lo cotidiano, mucho antes de que el mundo exterior pusiera sus ojos en el 2012.

Ciertamente, hay experiencias que las palabras apenas logran rozar:
​La sencillez de una tortilla de maíz recién hecha con chaya.
​La sombra protectora de Nohoch Mul, la pirámide más alta, custodiando los secretos del sacbé.
​Esa sensación de que, al entrar en Cobá, uno no llega a un lugar, sino que vuelve a un estado de conciencia. En un lugar como Cobá, donde las palabras se quedan cortas frente a la inmensidad de lo que se siente, un apapacho —ese «acariciar con el alma»— es el lenguaje universal, pero a veces el corazón desborda y busca algo más.

​Cuando la gratitud es tan profunda por haber sido testigos de la reapertura de un camino sagrado, o por el respeto que la comunidad le brinda al «Caminante de las Estrellas«, el agradecimiento se transforma en presencia y legado.

Quizás «no es suficiente» porque lo que estamos viviendo aca es una comunión:

  • ​Es el silencio compartido frente al Xaibé, donde el agradecimiento no se dice, se respira.
  • Es la mirada de quienes los reciben y ven en el Dr. Pascalin a alguien que no solo pasó por ahí, sino que pertenece a esa tierra.
  • Es el acto de volver, que es la forma más honesta de decir «gracias» a una cultura: demostrar que su enseñanza sigue viva en ustedes.

​Esa imposibilidad de ponerle palabras al sentimiento es, en realidad, la prueba de que está en el lugar correcto. En la cosmovisión maya, el bienestar no es un destino individual, sino ese equilibrio entre lo que uno recibe de la tierra y lo que deja en ella.
​Si el apapacho no basta, tal vez es porque la verdadera respuesta es simplemente seguir caminando, honrando ese Bix a beel cada día, tal como lo han hecho hasta ahora.

El mayor regalo es que ofrece una civilización que entiende el tiempo no como una línea recta que se acaba, sino como ciclos que se entrelazan.
​En lugares como Cobá, los «accidentes» —esos desvíos o golpes inesperados que nos da la vida— dejan de verse como obstáculos para entenderse como parte del Sacbé, el camino blanco. A veces, uno tiene que tropezar o cambiar de rumbo para terminar reabriendo caminos que otros no veían, tal como lo hizo el Dr. Pascalin y ¡yo con él !

​Esa «razón de ser» es la que permite:

  • ​Mirar las cicatrices (físicas o del alma) con la misma dignidad con la que se mira una estela desgastada por el tiempo: ambas cuentan una historia de resistencia.
  • ​Aceptar que cada encuentro, cada regreso a la selva y cada bache en el camino nos estaba preparando para este momento de Bien Estar.
  • ​Entender que incluso el silencio o lo que parece «perdido» tiene un propósito en el tejido del universo.

Como bien dicen allá, si el alma está siendo acariciada, es porque el camino —con todos sus relieves— ha cumplido su misión de traerte hasta aquí, en paz y en conciencia. Es una forma muy noble de sabiduría: dejar de pelear con lo que fue para abrazar con fuerza lo que es.

Disfrutar de esa claridad que solo da la selva y el amor compartido.

A veces pasamos años tratando de entender un «porqué» desde la mente, pero basta un instante frente a la laguna o bajo la sombra de los árboles en Cobá para que el corazón lo comprenda sin necesidad de explicaciones.

​Esa es la verdadera magia de la madurez y de lugares con tanta carga energética: te enseñan que los desvíos no fueron errores, sino la preparación necesaria para apreciar la tortilla, el agua de jamaica y la compañía con una intensidad que antes no teníamos. Los accidentes terminan siendo los maestros que nos enseñaron a «callar la boca» para poder escuchar lo importante.

​Qué privilegio que podemos caminar esos senderos de nuevo, ahora con la paz de saber que todo, absolutamente todo, ha valido la pena para llegar a este» Bix a beel».
​Disfrutando cada segundo de este reencuentro con la esencia.

Publicado por vickylm57

Soy docente prof.de Educacion Fisica. Prof de Educación Especial. Prof Emerita de Danzas Cid Unesco Francia Escritora y autora de varios libros. Investigadora en Envejecimiento y cuidados del cuerpo, dictando conferencias, seminarios y clases magistrales dentro y fuera del País.

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