¡Todo estará bien!

por Olivier Pascalin

Todos crecimos con esta promesa casi inconsciente: un día, todo estará bien. Los cuentos de hadas terminan con «Y vivieron felices para siempre», las películas de los 80 y 90 con un epílogo radiante, y nuestras propias narrativas internas siguen este patrón. A través de metas, hitos y recompensas, hemos aprendido inconscientemente a pensar que la felicidad solo existe donde termina una gran búsqueda.

Pero, ¿qué nos sucede realmente una vez que finalmente alcanzamos esta meta? La ilusión de la llegada: la promesa que no lo es. Esta creencia de que alcanzar una meta específica nos traerá felicidad duradera casi siempre choca con una realidad diferente. De hecho, esta creencia conduce a una insatisfacción crónica: incluso cuando alcanzamos un hito significativo, la alegría anticipada se desvanece rápidamente y de inmediato dirigimos nuestra atención a la siguiente meta.

Nuestro sistema de recompensa, en particular las neuronas dopaminérgicas, se activa más al anticipar una recompensa que al obtenerla. Esto significa que nuestro cerebro está diseñado para hacernos desear lo que viene después, pero no necesariamente para disfrutar lo que ya tenemos.
En lugar de alcanzar un estado de satisfacción duradera tras alcanzar una meta, la mayoría de nosotros nos encontramos estableciendo un nuevo rumbo, siempre en el futuro, y este ciclo se repite.

Una trampa cultural y psicológica

Este sesgo no es solo un rasgo individual. Se ve reforzado por nuestra cultura moderna, que valora el progreso, la superación personal y los grandes logros. Se nos anima a medir nuestro éxito por lo que logramos, lo que a menudo nos impide apreciar el momento presente.
El peligro es que esta creencia tiene consecuencias: puede generar insatisfacción constante, pérdida de motivación e incluso una autopercepción distorsionada cuando no experimentamos la felicidad esperada tras un éxito.

Revertir esta dinámica comienza con la consciencia: reconocer que fijarse una meta puede aumentar la motivación, pero esperar la felicidad solo después de lograrla es lo que nos atrapa. Por eso ahora enfatizo la importancia de estar presente contigo mismo cada día.

En lugar de esperar, disfruta del proceso:

  • aprende
  • crece
  • saborea las pequeñas victorias diarias…

Pequeños hábitos que nos ayudan a vivir más plenamente. Cultivar la atención plena, redefinir el éxito en términos de crecimiento personal y cultivar la gratitud por lo que ya existe son estrategias para evitar el ciclo de expectativas y decepción.

¡Agradece también de vez en cuando!

Publicado por oberlus1954

Ce qui est capital, ce ne sont pas les moyens financiers mais votre motivation et votre discipline.

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