Por Juan Oscar Wayar

Murió la «Caudilla» Marietta Güemes Ayerza de Lanusse Tataranieta del Gral. Güemes.
El 8 de febrero de 2026, falleció a los 98 años Marietta Güemes de Lanusse, tataranieta del héroe salteño Martín Miguel de Güemes. Fue una de las últimas descendientes directas del prócer que aún vivía en Salta, custodiando con dedicación y amor la histórica finca familiar conocida como La Calavera, verdadero bastión de la memoria güemesiana.
Resulta profundamente conmovedor que, en la misma fecha del nacimiento del prócer salteño, el Señor haya llamado a Marietta, como si el tiempo cerrara su círculo para permitir el reencuentro eterno entre la guardiana del legado y el héroe que dio su vida por la patria, ahora unidos en los cielos.
Marietta Güemes Ayerza de Lanusse, nacida como María Teresa Güemes, (29 de mayo de 1927) fue una figura singular dentro de la histórica descendencia del general Martín Miguel de Güemes. Tataranieta del héroe de la Independencia, encarnó a lo largo de su extensa vida un compromiso profundo con la memoria familiar, la identidad salteña y la preservación del patrimonio histórico del Valle de Lerma.
Fue hija de Luis Güemes Ramos Mexía (1894-1975), historiador y estudioso del legado güemesiano, y de Laura Ayerza Jacobé (1896). Desde su infancia estuvo marcada por una educación atravesada por la historia, el deber moral y el respeto por un apellido que en Salta es sinónimo de gesta, sacrificio y patria. Creció comprendiendo que llevar el nombre Güemes no implicaba vanagloria, sino una conducta guiada por la austeridad, la nobleza y el compromiso con la tierra y su gente.
Contrajo matrimonio con Federico Lanusse, con quien formó una familia numerosa. Fue madre de Federico, Esther Fátima, Francisco Luis, María del Rosario, Laura y María Teresa Isabel Lanusse Güemes, a quienes transmitió no solo la genealogía familiar, sino una filosofía de vida profundamente ligada al sentido del deber histórico y humano.
Conocida cariñosamente como “Marieta” por su entorno más cercano, y como “Mama” por hijos y nietos, fue también llamada “La Caudilla”, un apodo que sintetiza su fuerte carácter, su liderazgo silencioso y su arraigo a los valores tradicionales del norte argentino.
Su nombre quedó íntimamente ligado a la histórica finca La Calavera, en Chicoana, una construcción del siglo XVIII levantada en 1760 a orillas del río Pulares. Heredada a través de la rama familiar, Marietta dedicó gran parte de su vida a rescatarla del abandono, restaurarla con respeto por su estructura original y mantenerla viva como espacio de memoria, trabajo y continuidad histórica. Bajo su cuidado, La Calavera no fue una reliquia inmóvil, sino una casa habitada, atravesada por la vida cotidiana, la fe, las tradiciones y el recuerdo de generaciones pasadas.

La casa pudo servir de descanso y un lugar de refresco para el general Güemes y sus tropas, desde la misma se podía ver la enorme extensión del Valle de Lerma y los movimientos del ejercito enemigo.
Profundamente sensible a la realidad social y política del país, Marietta expresó en numerosas ocasiones su preocupación por la pérdida del sentido patriótico, la desvalorización de los héroes nacionales y la fragmentación social. Defendió con convicción la figura de Martín Miguel de Güemes como prócer nacional y americano, reclamando el reconocimiento pleno de su rol en la independencia argentina.
Hasta edad muy avanzada conservó una lucidez notable, una fe arraigada y una sensibilidad intacta. Su legado no se limita a la preservación de una finca histórica, sino que vive en la transmisión de valores, en la memoria familiar y en una forma de entender la historia como responsabilidad viva. Marietta Güemes de Lanusse fue, en ese sentido, una guardiana del pasado y una referencia moral para las generaciones que la suceden.
Marietta Güemes de Lanusse partió en silencio, como vivió: con dignidad, fe y profundo amor por su tierra. Guardiana de la memoria, heredera de un legado inmenso, supo honrar su apellido no con palabras, sino con una vida entregada al respeto por la historia y por los suyos.
Hoy descansa en paz, junto a sus antepasados, dejando en Salta una huella serena e imborrable. Gracias, Marietta, por custodiar la memoria y enseñarnos que la patria también se cuida con el corazón.


