Por Jorge Triviño Rincón
Viajamos desde la ciudad de Manizales, hasta la cuidad de Bogotá, capital de Colombia. Un desplazamiento en auto en el que debimos hacer varias paradas para descansar y tomar alimentos, pues el viaje tarda aproximadamente ocho horas.
Decidimos pernoctar en la casa de un hermano que allí vive. Teníamos planeado emprender hacia nuestro destino final en la ciudad de Villavicencio, capital del departamento del Meta. El tiempo estipulado era de dos horas y media. La carretera se encuentra en perfecto estado con magníficas señalizaciones y el día estaba soleado. Nos encontramos con varias poblaciones del departamento de Cundinamarca, uno de los cuales me encantó por su belleza a la lejanía. Se trata de Tipacoque, municipio que vio nacer al novelista, periodista, ensayista, diplomático y político colombiano Eduardo Caballero Calderón, quien además, fue alcalde de esa población y que escribió una de las novelas más conocidas Siervo sin tierra, donde narra los sucesos de un campesino que no pudo tener una parcela para él y su familia. El personaje Siervo Joya, luchó por todos los medios para acceder a un terreno, pero le fue imposible.


Continuamos maravillados por el paisaje de grandes piedras de roca y alcanzamos a distinguir miles de laminillas entrelazadas. El terreno es tan agreste que pocas plantas crecen alrededor de él, como dice Eduardo Caballero en su novela, solo sirve para tener cabras; además, la formación rocosa es de origen volcánico. Imaginamos que en los primeros períodos de la formación de esa tierra, hubo erupciones volcánicas de las cuales surgieron esas moles pétreas.
Dieciocho túneles, puentes y viaductos conectan de manera sorprendente a esos dos departamentos de Colombia, además de viaductos.
El desplazamiento causa alegría a nuestra alma y nos hace pensar en que Dios dotó a nuestro país de riquezas sin par.
Al llegar a la ciudad de destino, nos alojamos en un apartamento rentado previamente por Airbnb. Nos espera un precioso apartamento denominado Embrujo llanero, ¡y vaya que lo es! Tiene todos los enseres nuevos. Tres televisores de última generación, vajilla de lujo, una sala de cuatro puestos para estrenar, lavadora, cafetera, loza fina y un sistema de almacenamiento de agua con llaves para compartirla cuando no haya suministro; y ventiladores en las tres habitaciones que funcionan con control remoto.
Desayunamos y partimos hacia el Bioparque Los Ocarros, aproximadamente a media hora de allí.
Un aviso está sobre la pared que da acceso al mismo. Nos saludan con gran amabilidad después de haber pagado la tarifa.
Al trasponer la entrada, vemos una escultura del ocarro; un hermoso armadillo que habita en la selva amazónica. Un animal excepcional que vive en el territorio andino, conocido también como gurre. Vive en el interior de la tierra en cuevas que el mismo socava. El nombre de ocarro se debe a la presencia de un armadillo gigante, oriundo del Vichada; el cual pudimos ver en una de las jaulas en estado de sueño dentro de ese territorio diverso.

El Bioparque Los Ocarros, se encuentra ubicado a 3 kilómetros de la ciudad de Villavicencio, Vía Restrepo, Villavicencio Meta (Colombia).
Con una extensión de 5,8 hectáreas. El Bioparque fue fundado el 17 de octubre de 2003 con el objetivo de respaldar la conservación de la Fauna nativa de los Llanos Orientales Colombianos.
El Bioparque debe su nombre a un Armadillo gigante, (Priodontes maximus) nativo de la regia, el cual se encuentra en vía de extinción.

«El Bioparque Los Ocarros cuenta con aproximadamente 1.200 animales de 193 especies diferentes naturales de esta región convirtiéndolo en el primer Bioparque del país en el que conviven tantas especies propias del ecosistema llanero. El Bioparque está íntegramente dedicado a preservar las riquezas naturales de la región, además de ofrecerles a los visitantes diferentes tipos de recreación temática para inculcar el aprendizaje sobre especies de flora y fauna in situ.”
Continuando nuestro camino nos sorprendieron las variedades de tortugas que allí protegen. Es admirable que tantos animales hayan sido recuperadas del maltrato que ejercen los seres humanos, del abandono de los mismos y del tráfico de fauna silvestre. El sendero conduce hacia adelante, mostrándonos animales de todos los ecosistemas de la zona selvática y del llano.



Tuvimos oportunidad de conocer al chigüiro o capibara, (Hydrochoerus hydrochaeris) uno de los más grandes roedores del mundo que habitan en las cercanías de los ríos que cruzan el llano y la selva del Amazonas. También protegen algunos castores y una hermosa nutria que quería encantarnos con su graciosa forma de nadar. Nos miraba a través del vidrio y sonreía de manera portentosa. Del castor, (Castor californicus) nos conmovió su historia. Había sido abandonado por su madre por un problema en una membrana de una de sus extremidades; luego fue recogido por alguien que lo tuvo durante algún tiempo y luego fue llevado a la Universidad Nacional de Colombia y remitida luego al Bioparque.


Otra de las criaturas que nos sobrecogió fue un puma que estaba flaco y enfermo que tenían bajo su cuidado. Otra más, una zarigüeya pequeña y que parecía estar en indefensión. Se había extraviado del cuerpo de su madre y recogida para ser cuidada en el centro de protección. La tenían sobre un peluche donado para que sirviera de nido para que no extrañara a su madre. Nos miró con esa ternura inherente a un tímido animalillo.
Sus ojos reflejaban ternura y estupefacción. Nos explicaron los veterinarios y cuidadores que esas criaturas son perseguidas por los cazadores porque tienen fama de comerse las gallinas; pero esto es una falacia, ya que se alimentan de insectos (¡millas de garrapatas!), caracoles, roedores, aves, huevos, ranas, frutas, nueces, granos, e incluso carroña y restos de comida humana en basureros, y se comen las serpientes más venenosas, protegiendo de esa manera a los seres humanos.
En ese paraíso tienen además, aves como el cóndor (Vultur gryphus) que con su majestuosa gorguera nos maravilló, y cerca, los gallinazos (Coragyps atratus), el zopilote, confirmándonos que son los primeros en iniciar el festín de los animales muertos y que lo consideran como rey, teniendo respeto por la jerarquía.

Varias águilas de esa zona con su imponente presencia crearon en nuestra alma el respeto por la belleza e hidalguía.


Y dentro de pequeños lagos artificiales, alrededor de siete cocodrilos, dormían muellemente abrasados por el calor de la luz del Sol.
No faltaron los micos jugueteando y formando algazara al saltar, brincar y dar cabriolas, algunos estaban fuera de las grandes jaulas.
Y en cuanto a los anfibios, hay gran cantidad de serpientes y culebras, dentro de la cuales, la anaconda (Eunectes) en estado de quietud nos dejó perplejos, ¡ah!, y no podré olvidar mi reencuentro con la serpiente la talla X (Bothrops asper), que de niño había visto enroscada en un chachafruto que existía frente a mi casa en el campo; además una serpiente bastante venenosa, la cuatro ojos, de alta peligrosidad.
También pudimos observar a la serpiente cascabel (Crotalus), en uno de los nichos acondicionados para protegerla.
En peceras gigantes pudimos observar las tilapias ( cíclidos antes conocidos como tilapinidos y ahora incluidos en los grupos taxonómicos celotilapina, coptodonina, heterotilapina, oreocromina, pelmatolaina y tilapia) de la zona selvática, de gran volumen; tan diferentes de las que usualmente cultivan en la zona cafetera, que no parecen ser de la misma familia.
No podré olvidar a los venados de esta zona, de tan hermosa figura y de garbo y elegancia, y del rey de la selva amazónica, el jaguar (Panthera onca), que habíamos visto en un viaje que hicimos antes al Amazonas. Su imponencia, su cercanía y belleza sin par, nos hace sentir admiración y respeto. Es uno de los felinos que encantan por su postura y realeza.

También pudimos contemplar a alrededor de ocho cocodrilos (Crocodylidae) que yacían tomando la luz del sol. Son seres majestuosos, dignos de respeto y consideración por su presencia atemorizante. Estaban un poco alejados de nuestra vista.
Uno de los animales más representativos de la selva amazónica y que pudimos ver muy de cerca, es la danta o tapir; el Tapir andino, danta de montaña o danta de páramo (Tapirus pinchaque). Es una especie de mamífero perisodáctilo de la familia de los tapíridos.
Nos maravilla que un bioparque albergue a tantas especies de la fauna colombiana, y sobre todo, que hayan recibido y rescatado animales en estado de indefensión, y que además, puedan mantenerlos bajo su cuidado.
Acciones como esta, son dignas de emular en cualquier lugar del mundo. Debemos proteger este patrimonio, ya que muchos seres humanos se dedican a sacar de su hábitat a seres tan preciosos como indispensables para el equilibrio de la vida en nuestro planeta.
Abandonamos ese santuario con el corazón rebosante de alegría por haber conocido una obra de tan magna importancia.
El Bioparque Los Ocarros ha quedado en nuestro corazón siempre, por siempre.
BIBLIOGRAFÍA
- Wikipedia en español.
- Turismo colombia
