Poemas sueltos

Del desgarro de Amy a la lluvia de la infancia

Por Fernanda Rossi

«Basta un instante para revelar el mundo,

un solo verso es suficiente para iluminar la poesía»

La poesía de Luis Ferrario (Tartagal, 1955) es un puente entre lo eterno y lo cotidiano. Desde el norte argentino, su voz se despliega en una danza de luz y sombra, rescatando el dolor de las estrellas y el eco de los trenes que ya no pasan, pero que siguen sonando en el corazón.

En este artículo acompañamos al escritor a través de cinco piezas que recorren su universo lírico, desde sus libros más emblemáticos hasta sus sonetos inéditos.


BACK TO BLACK


para Amy Winehouse


Casi una niña y ya traía
todas las sombras de este mundo oscuro
y también, cómo no, toda la luz,
todo lo que es belleza y armonía y desgarro
en esa voz que era una espada encendida
y caliente como el metal recién salido de la fragua.
Cómo es posible, me pregunto,
que en un cuerpo tan frágil y pequeño,
que en esa delgadez de junco agitado por el viento,
pudiera entrar tanto dolor, cómo es posible
que el sol brillara allí con esa luz
y no dejara traslucir un gesto
de lo que contemplaba en tanta inmensidad.
Pero allí está su acento que las piedras
no pueden ignorar con su dureza impenetrable.
Basta un instante para revelar el mundo,
un solo verso es suficiente para iluminar la poesía,
una canción alcanza con su cifra de sangre
para enseñar la música de las estrellas,
ese misterio estaba vivo en su alma
y nos traspasa el corazón cada vez que resuena en el silencio.
No sé si es la mejor cantante de la historia
pero sí sé que nunca escuché a nadie
cantar así sobre la tierra.
(De Oscuro Devenir)


TIEMPO FINAL


De repente el cielo estalla en rumores oscuros
y una feroz corriente de agua sangrienta se desploma.
Los hombres sienten el horror
de ver todas sus leyes arrastradas
por el oleaje que prorrumpe
y no deja títere con cabeza.
El fundamento del poder
se ve aterrado en un instante
y una misteriosa igualdad
vuelve a poner las cosas en el lugar más adecuado.

La grieta que hizo de la humanidad
un campo de matanza se rellena
con cascotes de destrucción masiva
y cenizas de huesos mártires
mientras un coro celestial vuelca el misterio
de un mundo en el que Dios ha decidido intervenir.
Por fin
las cosas se hacen de otro modo
para que tema el que tiene que temer
y el que aspira al amor y a la piedad se salve.
(De Elegía por la Luz)



UNA NOCHE HELADA EN PARÍS

Imagino que Bérthe Trepat no se enoja con Oliveira
cuando este le propone su desafortunada ayuda,
¿qué hubiera pasado en tal caso?, ¿de qué manera
podría haber mejorado su existencia la compañía de ese individuo?
Recuerdo vagamente la escena, la caminata onírica
bajo la lluvia de París en la mitad de la noche,
la anciana cuya música no es una música de aquí
ni de hoy ni de ningún momento porque no dice nada,
porque es ingenua como un niño hablando del espacio
o como un ángel precipitado en un chiquero oscuro,
y el indomable cínico que ha sentido piedad
y que no sabe cómo manejar el asunto,
el repugnante y despreciativo Mr Hyde de la vida
convertido de pronto en un Dr. Jekyll que ignoraba.
Y la pobre viejita repitiendo el chin chin de su locura
mientras el frío arrecia y todo se vuelve abominable,
mientras el mundo entero suena con el mismo ruido
de los caños antiguos en los antiguos edificios,
y el perramus del sátrapa exhalando su olor al empaparse
sin importarle que su dueño se haya trocado en buen samaritano
porque pasa que todo el patetismo de la historia
ha decidido concentrarse sin piedad en esta escena magnífica.
Todo acabó como debía, con la furia ofendida
de una feminidad traspuesta desde remotos claustros,
desde una infancia en que la niña era un prodigio
y una promesa cierta para la música de Francia,
desde el frufrú sedeño con que los hábitos monjiles
le alimentaron una fe completamente devastada.
Y entonces el insulto, la expulsión de la bestia
que se atrevió a invitarla a entrar en un hotel.
Y después de la huida, la más desoladora soledad,
las largas pinzas de un dolor que ya ni se percibe en el alma.

(De Lluvia Negra)


TREN Y LLUVIA


Tren y lluvia, qué intensa sensación,
de tiempos que se fueron como el río,
qué suave gris flotando en el vacío
sobre el lustroso andén de la estación.
Todo el ayer regresa con el son
de los rieles bañados por el frío
bajo las ruedas de ese tren sombrío
que solamente está en mi corazón.
Vuelve a los territorios de la infancia
con el sordo vaivén del traqueteo
que hace estallar mil flores de cristal.
Cruza el inmenso mar de la distancia,
está de nuevo aquí dando un paseo
y de pronto es lo único real.

«Cruza el inmenso mar de la distancia,

está aquí dando un paseo

y de pronto es lo único real»


LLUVIA DE AYER


Está lloviendo a cántaros la vida
mientras el cielo se desencadena
desde los manantiales de su vena
y se convierte en sangre de una herida.
Lluvia de ayer, materia consumida,
brazo de mar quemado por la arena,
brillo sin luz, sonido que no suena
pero que al corazón no se le olvida.
Lluvia que es hoy ceniza del deseo
por ese campo en flor que ya no existe
y que en la realidad nunca ha existido.
Todo en el mundo ha sido un devaneo
como esta lluvia gris que se resiste
a disolverse en polvo y en olvido

(De Sonetos Crepusculares, inédito)


Luis Ferrario nació en Tartagal, Salta, en 1955. Es una de las voces fundamentales de la lírica salteña contemporánea, cuya obra transita con maestría entre el existencialismo y el rigor de las formas clásicas. Su poesía explora las tensiones entre la luz y el desgarro, rescatando la belleza de lo cotidiano y lo sagrado.

Su vasta obra publicada incluye:

  • Las últimas tardes (1988)
  • Poesía rescatada (2013)
  • Paga y no alumbres (2015)
  • Luna y agua (2017)
  • Oscuro Devenir, Elegía por la luz, Lluvia negra y Los muros blancos (2018)

Actualmente, continúa explorando la forma del soneto en su serie inédita Sonetos Crepusculares, de la cual hemos compartido un adelanto en esta edición. Próximamente publicará una Trilogía poética con Juana Manuela Editorial.

2 comentarios sobre “Poemas sueltos

    1. ¡Muchas gracias por tus palabras! Nos alegra mucho saber que disfrutas de la poesía de Luis Ferrario tanto como nosotros. Es un honor poder difundir la obra de autores tan profundos. Te invitamos a seguir recorriendo nuestra revista; tenemos columnas sobre cultura, viajes, bienestar, gastronomía y sociedad que seguramente te resultarán igual de interesantes.
      ¡Bienvenido/a a nuestra comunidad!
      Un gran saludo literario,
      Fernanda Rossi

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