Honremos a nuestra Madre Tierra

Por Argentina Mónico

Roberto Mamani Mamani

El término Pachamama está formado por dos palabras de origen quechua: “pacha” significa universo, mundo, tiempo, lugar y “mama”, Madre. A la Pacha se la considera una deidad andina de la tierra, una figura que representa la energía femenina de amor, protección y fertilidad.

El 1 de agosto de cada año se rinde homenaje a la Pachamama, porque es el tiempo en que la tierra descansa; con rituales que cambian según la zona, pero en su esencia, cada uno le realiza una ofrenda a la madre tierra, rogándole por sus cosechas, por la salud, y para renovar energías para los días venideros.

También con la llegada de agosto, mes de los vientos y del cambio, se realizan los sahumerios con diferentes hierbas y cosas que se queman, renovando el aire de las casas para que se «vayan los malos espíritus«, como un pedido a nuestra Madre Tierra para que nos proteja.

Para conocer más sobre este culto ancestral, les socializo la leyenda de los dioses Pachamama y Pachacamac:

Se dice que en épocas remotas vivieron en el cielo dos hermanos. Ellos eran Pachacamac, el dios creador del mundo y Wakon, el dios del Fuego y del Mal. Los dos se enamoraron de la bella Pachamama.
Fue Pachacamac quien se ganó el corazón de la hermosa joven. De esa unión nacieron los gemelos Wilka, un varón y una hembra.
Lleno de rencor por la perdida del amor de la joven Pachamama, Wakon desencadenó desastres sobre la tierra. Provocó sequías, inundaciones y muerte, por lo que fue expulsado del cielo. Pachacamac se conmovió tanto por los desastres causados por su hermano, que decidió bajar del cielo para enfrentarlo. Fue una pelea muy despiadada.
Pero permitió restablecer el orden sobre la tierra. Por lo que Pachacamac y Pachamama reinaron como seres mortales junto con sus hijos los Wilkas.
Todo era felicidad, hasta que un día Pachacamac se ahogó en el mar y se convirtió en una isla. Fue ahí cuando la oscuridad cubrió el planeta. La Madre Tierra se quedó sola con sus gemelos en la más completa negrura de la noche. Se dice que un día, la familia vio a lo lejos una luz sobre una colina y decidieron alcanzarla. El andar fue muy peligroso porque monstruos temibles se les cruzaban en el camino para asustarlos, pero ellos siguieron adelante.
Pasaron por la laguna de Rihuacocha para beber sus aguas y continuaron su camino. Finalmente llegaron a la cueva de Waconpahuin, en el cerro de Reponge. Ahí se encontraba un hombre semidesnudo que los invitó a pasar. La Pachamama y sus mellizos entraron sin saber que ese desconocido era el malvado Wakon. Había adoptado una figura diferente para engañarlos.
Wakon pidió a los niños que fueran a una vertiente a traer agua mientras las papas se cocían. Los tubérculos hervían en el fuego que ellos habían visto a la distancia. Debido a que el cántaro estaba roto, los niños tardarían mucho en regresar. Cuando se fueron, Wakon intentó seducir a Pachamama, pero al no lograrlo, la mató. Se dice que de esa forma su espíritu se alejó para convertirse en la Cordillera Central de Los Andes.
Cuando regresaron los Wilkas, el dios del mal les dijo que su madre no tardaría en regresar.
Los días pasaron y Pachamama nunca apareció. Huaychau, el ave que anuncia la salida del sol, les dijo lo que había pasado con su madre y el peligro que ellos corrían. El ave les aconsejó que fueran a la cueva de Yagamachay, el lugar donde en esos momentos dormía Wakon. Tenían que entrar para atarlo de los cabellos a una piedra y salir de inmediato del lugar. Así lo hicieron. Al escapar del lugar se encontraron con la zorra Añas, quien al enterarse los escondió en su madriguera.
Cuando Wakon despertó, enojado se desató la piedra y salió a buscar a los Wilkas. En su andar, el malvado dios preguntó por los niños a un puma, un cóndor y una serpiente. Los animales protegieron a los infantes y le dijeron que no los habían visto. Finalmente se cruzó con Añas. La astuta zorra le aconsejó subir a un cerro muy empinado y cantar imitando a su madre, para que los gemelos fueran hacia él. Así lo hizo. Pero al llegar a la cresta del cerro, Wakon pisó una piedra suelta y resbaló, cayendo al abismo, que se lo tragó sin piedad. Se cuenta que su muerte causó un violento terremoto.
Los mellizos permanecieron ocultos en la madriguera de Añas hasta que el espíritu de Pachacamac los vio desde el cielo. Al ver su sufrimiento, decidió llevarlos de regreso junto a él. De esa forma, un día al despertar, los pequeños vieron una gran cuerda que bajaba desde el cielo. Comenzaron a subir por ella hasta encontrarse nuevamente con Pachacamac. Ya reunidos, el feliz padre les entregó su reino y convirtió al Wilka varón en el sol y a la hembra en la luna. Así se creó el día y la noche, asegurando que las tinieblas no volvieran a aparecer.
Pachacamac agradeció la fidelidad de la bella Pachamama entregándole el don de la fecundidad. Desde entonces, desde las cumbres de la cordillera de Los Andes, envía bendiciones a la tierra.
Gracias a ella, la lluvia riega los suelos, los árboles crecen y los animales viven y se reproducen. La Madre Tierra también premió a los animales que ayudaron a sus hijos. De esa manera, la naturaleza tiene una eterna protectora, y el sol y la luna marcan el día y la noche.

leyenda popular

Publicado por Juana Manuela

Empresa destinada a la publicación de textos de difernetes géneros literarios, como así también a la difusión de nuestra cultura latinoamericana.

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