Escuchar para escucharnos…

Por Lucila Moro


Suelo mirar, a veces con asombro, a veces con envidia y la mayoría de las veces con interrogantes, las vivencias de quienes por familiaridad o por casualidad rodean mi vida preguntándome ¿porqué estoy ahí, o porqué están ellos ahí?… como piezas que no encajan en éste juego de vivir mi vida, tan distinta a la de ellos, tratando sin encontrar sentido, dislocándome o desarticulándome para disimular esa realidad, como forma de justificar una antinomia perversa y obsesiva, ellos tan claros y lógicos tan sabios y seguros tan responsables y familieros y yo, tratando de entender y ser.

Ellos tan absolutos, meticulosos y previsores y yo fluyendo con vientos que, no sé porque motivo, casi siempre, no me son favorables, camuflándome para que crean que soy parecida, casi siempre con éxito pero, fracasando, con absoluta seguridad, en el intento por convencerme a mi misma, (por suerte), de todo lo que sostienen. Tan asertivos y yo dudando de casi toda teoría donde se involucren intereses.

Las circunstancias siempre determinan el camino a seguir, siempre y cuando se tenga la capacidad para hacerlo y correrse a los lugares más cómodos, aceptables y seguros, porque ahí es donde están bien, sin dudas ni planteos sobresaturados de lógicas a ultranza, que perfectamente pueden refutarse o desarticular con muy poco, si se quisiera…

Tal vez no haya sido mi caso el de envolverme en una hermética e infranqueable seguridad, y entonces, me quedé boyando donde no debía o quizás, la vida quiso que me quede acá porque los otros senderos inciertos y desconocidos me hubiesen conducido a lugares más lúgubres que éste, el de la duda permanente.

Mis amigos son mejores amigos que yo, porque los pierdo a veces y ellos me encuentran. Mi familia, prodiga amor y lo disemina por el viento y a la distancia me lo hacen llegar, sin haber encontrado de mi parte el método eficaz para hacerles sentir el mío.

El amor se me diluye o lo pierdo casi siempre por cuestiones menores que nunca refuto, porque tal vez equivocadamente, piense que el amor no es esfuerzo, ni hay que convencer a nadie de nada. Cuando en el invierno todos van a la montaña, a mi me regocija las caminatas a la orilla del mar. La gente que me rodea prefiere los colores estridentes y a mí los colores pastel y las acuarelas; pensamos siempre diferente y lejos estoy de querer hacerlos caer en mi equivocación, dejarlos ahí es un acto de amor.

La música que suelo escuchar es igual a la que escuchan los demás, solo que no coinciden los momentos con los estilos. Hace mucho tiempo tengo el antojo de un sauvignon blanc en compañía, y ellos prefieren hectolitros de malbéc o sirah y por supuesto que los acompaño.

Sus preferencias políticas argumentadas y comprensibles toman distancia para no salpicarse con las mías. Sin embargo me quedo, dejándome rodear, invadir, y en mi afán de disimular mis diferencias uso mi sutileza y me disfrazo de ellos, ¿debe ser un acto inconsciente para seguir dejando que me amen?

Y entonces comprendo porqué estoy ahí, recordando algo que leí:

«No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto».

Jorge Luis Borges

Es seguro que estoy por amor, y voy a seguir caminando sin el absolutismo poco altruista y nada convincente de estos o aquellos. Me seguiré refugiando en una tercera posición donde el solo mencionarla entre «absolutos ideologizados» me traería más de un problema que desde hace mucho prefiero evitar.

Los quiero demasiado como para maltratarlos, sacándolos de su cómoda seguridad y metiéndome en la teoría de conciliar criterios, que con el tiempo se han solidificado en sus mentes transformándose en obsesiones mesiánicas inmodificables. Lo gratificante es saber que, aquellos y estos, tienen razones y verdades de donde aferrarse, pero el miedo y el enojo los lleva algunas veces a un estadío político filosófico contradictorio; y otras veces a decir lo mismo con diferentes palabras y sin escucharse.

Por suerte el descubrimiento de algunos Blend y ciertas asperezas en mi paladar justifican algunos silencios de esas dagas verbales que me ahorro y que solo contribuirían a señalarme ideológicamente y sin dudas erroneamente.

Sin duda que hay que aprender a escuchar a otros, respetando sus ideas; pero también respetar las nuestras.

Publicado por vickylm57

Soy docente prof.de Educacion Fisica. Prof de Educación Especial. Prof Emerita de Danzas Cid Unesco Francia Escritora y autora de varios libros. Investigadora en Envejecimiento y cuidados del cuerpo, dictando conferencias, seminarios y clases magistrales dentro y fuera del País.

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