Por Nelly Mormina

Aún recuerdo desde niña,
aquella sonrisa franca,
la dulzura de sus manos
y el amor de sus miradas.
Sus manos que nos traían
unas bellas enseñanzas
mientras sus labios reían
ante cualquier payasada.
Hoy evoco aquel recuerdo,
la maestra de mi infancia
era para mí una madre
la amiga que se brindaba,
compañera de los juegos,
maestra con toda el alma!!
Mi maestra era la guía,
que a todos nos encantaba,
tenía un aula de alegría,
de cosas que nos gustaban.
Hoy la recuerdo y quisiera,
estar con ella en mi aula,
allí donde nació el saber
mis primeras enseñanzas,
cuando con pasos de niña,
lentamente caminaba.
Hoy he querido tenerte,
otra vez entre mi mente,
dulce maestra de infancia.
