Cuando el amor se vuelve trinchera

DEL CARIÑO AL MALTRATO COTIDIANO

Por Lucila Moro

Hay un tipo de violencia que no deja moretones. No grita, susurra. No golpea, desgasta, duele

Hablo de ese maltrato que se instaló en muchas parejas adultas y que normalizamos con frases como «ella es así», «yo ya la conozco» o «son cosas de la convivencia».

No son cosas de la convivencia. Son faltas de respeto.

El ninguneo como forma de poder

El ninguneo es una de las violencias más crueles. Es cuando el otro te deja de mirar. Cuando contás algo importante y te contesta haciéndote cargo. Cuando te dice «siempre exagerás». Cuando lográs algo y te responde «no es para tanto».

Ningunear es decirle al otro, sin palabras: «No estás a mí altura». Y una persona que no existe, empieza a pedir permiso para todo.

La grosería disfrazada de sinceridad

Nos vendieron que ser sincero es decir todo sin filtro. Y no es así.

«Te lo digo porque te quiero» no puede ser la excusa para humillar. Decirle a tu pareja «estás gorda», «sos un inútil», «quién te va a respetar » delante de la gente, no es sinceridad. Es crueldad. Es marcar territorio a costa de la autoestima del otro.

El amor no debería doler en la forma en que te hablan.

Las pequeñas injusticias que matan el amor

No es solo la gran traición. El amor se muere de a gotas:

Cuando uno siempre tiene que ceder para que no haya conflicto.
Cuando el trabajo de uno vale y el del otro es "trabajar en la casa".
Cuando uno administra el dinero y el otro tiene que rendir cuentas.
Cuando uno puede salir con amigos y el otro tiene que dar explicaciones.

Eso no es pareja. Es un jefe y un empleado. Es cualquier cosa, menos dos adultos eligiéndose.

¿Por qué nos quedamos?

Nos quedamos por historia, por miedo, por los hijos, por costumbre, por no empezar de nuevo a los 40, a los 50, a los 60. Nos quedamos porque confundimos amor con aguante. Y no es lo mismo.

Amar no es aguantar todo. Amar es cuidarse mutuamente para no tener que aguantar nada.

Volver a tratarnos bien

No se trata de ser perfectos. Todas las parejas discuten. El problema no es el conflicto, es cómo lo transitamos.

Una pareja sana puede discutir sin insultar. Puede estar en desacuerdo sin humillar. Puede enojarse sin castigar con el silencio.

Tratarse bien es una decisión diaria. Es preguntar «¿cómo te sentis?».Es pedir perdón sin un «pero» atrás. Es decir gracias. Es mirar a los ojos, abrazar y volver a pensar juntos.

Porque al final, la pregunta no es si nos amamos. La pregunta es: ¿cómo nos tratamos cuando decimos que nos amamos?

Si la respuesta duele, todavía estamos a tiempo de aprender otra forma. De volver a ser compañeros, no adversarios en la misma casa.

El amor adulto no necesita gritos para hacerse escuchar. Necesita respeto para quedarse.

Publicado por vickylm57

Soy docente prof.de Educacion Fisica. Prof de Educación Especial. Prof Emerita de Danzas Cid Unesco Francia Escritora y autora de varios libros. Investigadora en Envejecimiento y cuidados del cuerpo, dictando conferencias, seminarios y clases magistrales dentro y fuera del País.

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