
Por Lucila Moro
En términos generales, este eclipse se siente como una puerta.
Una puerta que cierra ciclos y abre una mejora importante, sobre todo en lo emocional.
Es una nueva toma de conciencia.
Y con esa puerta se asoma un tema muy de «almas antiguas»: *el servicio a los demás.
Te pregunto con cariño:
¿Cuánto diste por otros? ¿Cuánto te esforzaste?
Y también: ¿Cuánto te dejaste de dar a vos?
¿Cuántas veces pusiste tus necesidades al final de la fila, hasta olvidar que vos también merecés bienestar?
En los trabajos energéticos que acompaño hace años, vuelvo siempre a este punto.
Este eclipse nos ayuda a cerrar historias donde «yo no existo y el otro sí».
Porque cuando toda nuestra atención está puesta afuera, nos olvidamos por dentro.
Terminamos últimos. Y sostenemos vínculos que nos cansan, que nos anulan, con esa necesidad de «salvar» al otro.
Salvar al otro desde el vacío propio es una energía densa. Todos la conocemos.
Pero ya no podemos seguir así.
Si tu vida queda postergada, algo esencial está fuera de lugar.
Las relaciones familiares pesan mucho aquí. También nuestras memorias, lo kármico. Es complejo porque está muy arraigado en nosotros.
Quienes están en proceso de Ascensión saben de qué hablo:
Aprendimos a cumplir aunque no quisiéramos. A ir a reuniones, a sostener situaciones, porque creíamos que no había otra.
Y por mucho tiempo fue verdad.
Pero energéticamente algo cambió: empezamos a sentir que ya no pertenecemos a ciertas «masas».
Y eso toca directo a la familia, que a veces también se vuelve una imposición.
No me voy a extender, es un tema grande.
Solo te pido esto: mirá desde la energía, no solo desde el «deber moral».
Ahí está muchas veces el anzuelo que nos atrapa.
Para quien está transitando la Ascensión con el corazón, el objetivo es uno: tener una vida verdaderamente viva.
Y cuando eso pasa, algunas cosas dejan de coexistir con nosotros.
Como en la naturaleza: donde hay delfines no hay tiburones. Son energías distintas.
Pasa lo mismo con algunas relaciones.
Las que te anclan al dolor del pasado, consciente o inconsciente, necesitan ser miradas con amor y con límite.
Pensalo simple, como cuando te bañas:
No lavas solo una oreja. Te pasas el jabón por todo el cuerpo.
La limpieza es integral, o no es.

Este eclipse también habla del cuerpo, del ADN, de activaciones individuales.
Es un buen momento para mirar con prudencia la salud, el bienestar, y todo lo bueno que merecemos.
Este eclipse me gusta.
No digo que sea fácil. Sanar duele. Vivir humanamente duele a veces.
Pero no hay culpa. No hay castigo.
La culpa aparece cuando nos mentimos.
Lo que más me gusta es esto: El reencuentro de tu energía con tu propia energía.
Que tu persona y tu personaje se abracen.
Que tu humanidad y ese ser humano que está renaciendo en vos, por fin vivan en la misma casa.
Esa es la morada más humana.
Ahora te pregunto a vos:
¿Qué parte de vos necesita hoy que la vuelvas a invitar a vivir en tu casa?
¿Qué pequeño acto de amor te vas a dar esta semana para decirte «yo también existo»?
Oración para volver a casa:
Señor, ayúdame hoy a volver a habitarme.
Lucila moro
Enséñame a servir sin anularme, a amar sin olvidarme, a poner límites sin culpa.
Que esta nueva puerta que se abre me encuentre entera, cuidada y en paz.
Que mi cuerpo, mi mente y mi alma sean una morada digna de Tu presencia.
Amén.
