Ayer murió mi muerte

«Se ha completado mi suerte: había muerto mi vida y ayer se murió mi muerte.«

POR ALEJANDRO ARROZ – Detrás de escena

Ese verso de Daniel Giribaldi me acompaña desde hace más de cuatro décadas. No como una cita literaria sino como una marca. Como una frase que, sin saberlo del todo, terminó dándole nombre, sentido y destino a una película que filmé practicando una forma de cine urgente en la que entonces creía y en la que sigo creyendo.

En 1984, a pocos meses de la muerte de Daniel Giribaldi, rodé en Buenos Aires el documental Ayer se murió mi muerte. Giribaldi no solo era un poeta inmenso; era el alma de Poesía Abierta, un espacio de resistencia cultural que se atrevió a decir lo que el silencio de la dictadura y el dolor de la posguerra de Malvinas intentaban asfixiar. Daniel murió joven, a los 54 años, y con él parecía irse una forma de habitar la palabra en los bares de San Telmo.

Filmamos en Super-8, con la urgencia de quien sabe que el tiempo es un enemigo. No había presupuestos industriales ni grandes equipos: había una producción artesanal de Beatriz Balvé y Aurora Giribaldi, y un grupo de amigos dispuestos a poner el cuerpo. Allí estaban las voces de Perla Santolla, Oscar Núñez y Armando Equiza; estaban Edmundo Rivero, Jorge Marziali, «Poroto» Botane y Jorge Calvetti. Hasta Hermenegildo Sábat sumó sus dibujos para que la imagen tuviera la misma fuerza que los versos.

La película fue, durante mucho tiempo, un objeto de culto, un registro de un ciclo que marcó una época. Pero el Super-8 es un formato frágil. Durante 36 años, el carrete original descansó en el silencio de un armario, hasta que Diego D’Angelo lo encontró en la casa de la familia Giribaldi.

Ese hallazgo fue el inicio de una segunda vida.

La remasterización que encaramos en este 2026 no es solo técnica; es emocional. Escanear el negativo original en 4K nos permitió ver detalles que en 1984 quedaban ocultos por el grano del celuloide. Al pasar del formato 4:3 al 16:9, tuvimos que reencuadrar la película plano por plano, tomando decisiones estéticas que dialogan con el presente.

Le sumamos capas que la tecnología del Super-8 no lo permitía. Ahora, digitalizado, el etalonaje permite acercarse a aquello que uno hubiera querido hacer entonces, cuando la técnica no alcanzaba.

A 42 años de su rodaje, Ayer se murió mi muerte tendrá por primera vez un tráiler, un teaser y un afiche. Pero, sobre todo, tendrá una nueva vida. La remasterización de un material audiovisual supone, en principio, un ejercicio de respeto por las decisiones estéticas y técnicas asumidas por su autor en el momento de la filmación. Sin embargo, en este caso particular, al tratarse de una obra realizada por mí mismo, el proceso no se limita a una restauración del material original. La intervención contempla una revisión integral de los aspectos técnicos que, en su realización inicial, estuvieron condicionados por las limitaciones de la tecnología disponible. De este modo, propongo una nueva obra construida a partir de una preexistente, donde restauración e intervención artística dialogan en un mismo gesto creativo. El estreno está previsto para abril de 2026.

Giribaldi quizá tenía razón: hay muertes que también se mueren. Y en ese gesto —frágil, artesanal, colectivo— el cine vuelve a cumplir su promesa más antigua: rescatar algo del tiempo antes de que desaparezca del todo.


Nota: Ayer se murió mi muerte forma parte del largometraje documental «Poesía Abierta, rebeldía y libertad» (INCAA 2025), dirigida por Diego D’Angelo sobre guion de Alejandro Arroz y producción de Eduardo Sánchez.


Fuente:

Publicado originalmente en la revista cultural El último bastión, Año VI, #30 (Otoño de 2026). Sección «Detrás de escena». Texto de Alejandro Arroz





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