Habitar la luz y la oscuridad

El equinoccio desde la perspectiva de la psicología

Por Daniela Latorre

Hay un ritmo natural en cada cosa. Nos olvidamos porque estamos todo el tiempo enchufados a algo, pero… está ahí. Los árboles crecen. Las semillas esperan. La lluvia llega. El sol reaviva. El viento comunica. Las flores atraen la atención. Cada fuerza viva participa en los ciclos de la naturaleza y la completa. Y en esa completud, si nos atrevemos a observarla sin prejuicios, abandonando lo más posible nuestra educación social y valores personales, vamos a encontrarnos con una verdad simple y arrolladora: que lo claro y lo oscuro forman parte del todo.

La palabra equinoccio proviene del latín aequinoctium, compuesta por aequus (“igual”) y nox (“noche”). Se refiere a los dos momentos anuales (marzo y septiembre) en que el sol se sitúa sobre el ecuador, haciendo que el día y la noche duren aproximadamente lo mismo en toda la Tierra.

En los vericuetos de la vida creativa, por ejemplo, la noche toma formas diversas. Para mucha gente -y me incluyo-, puede representar ese momento de la semana en que podemos dejarnos llevar por la musa. O bien puede ser aquel período difícil que toca atravesar cuando no vemos la salida en el recorrido de una idea que recién llega, u otra en la que llevamos tiempo trabajando sin lograrla materializar.

La oscuridad puede ser refugio, hibernación, maduración en silencio. Puede, también, recordarnos que anhelamos la luz y la vitalidad. El verano de frutos y abundancia. Su cálido esplendor.

El síndrome del impostor, tan popular en estos tiempos, es una buena síntesis de esta convivencia: sentimos que no sabemos lo suficiente, justamente porque sabemos bastante. Nuestra mente nos indica que con lo que tenemos no nos alcanza, solo porque ya registramos cuál sería nuestro potencial. ( una reflexión que te puede abrazar cuando lo necesites)

Sobre el síndrome del impostor La psicología actual podría decir que los síntomas de tal síndrome son manifestaciones de la sombra junguiana.

Una parte consciente que se manifiesta en miedos y emociones turbulentas, junto a su parte inconsciente que permanece inaccesible pero altera y guía nuestros comportamientos. Así, se forjan nuestros vínculos sociales y nuestra personalidad individual

Hoy quiero tomar otra perspectiva. Una más natural. Una que me ayude a amigarme y reencontrarme con los ciclos de la naturaleza. Nuestra Madre Tierra. Esa que viene reciclándose y sobreviviendo por milenios, con -y a pesar de- nuestras humanas acciones y paranoias destructivas.

Si todos los seres vivos necesitan de los ciclos para existir…Si dependemos del sol para crear vida, a la vez que tiene la capacidad de destruirla, secando ríos, drenando pampas, liberando incendios…Si el agua habita en lo pequeño de una maceta de nuestro patio y en la inmensidad de los océanos que inundan costas de vez en vez…

¿Será que el cambio de estación, este día de inicio del otoño en el hemisferio sur y la primavera en el norte, trae un mensaje?

Si en el mundo natural existe un punto de equilibro, dos veces cada año, ¿podremos este 2026 tomar una pausa para emular ese balance?¿Qué aprendizajes nos esperan ahí? La creación siempre está a la mano. Para lo bueno, para lo malo… y para todo lo que nos resulte complejo.

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Publicado por María Daniela Latorre

De Argentina. Escribo y viajo. Lic. en Psicología. Tutora de lenguaje. Políglota 6+. Fan de la playa y los mares turquesas.

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