Por Liliana Bellone
En su ensayo La idea de Europa, George Steiner señala que una de las marcas del continente —además de sus calles y su historia— es la existencia del café. Estos espacios fueron puntos de encuentro, lugares de debates, conjuras y charlas; refugios que reunieron a artistas, poetas, filósofos y a seres solitarios.
Cafés que se extendían desde Lisboa hasta Viena, donde alternaron mentes como Freud, Sartre, Lacan, Julián Marías u Ortega y Gasset.

“El café es un lugar para la cita y la conspiración, para el debate intelectual y el cotilleo (…) y para el poeta y el metafísico con su cuaderno.” — George Steiner.
El ritual en el imaginario Argentino
No hay ciudad importante en la Argentina que no posea un café. Es el lugar del pasatiempo, del descanso y del encuentro. En nuestro lenguaje y vida cotidiana, la invitación «vamos, te invito a un café» o «lo charlamos, café por medio» es un código sagrado.
Los templos de Buenos Aires

La vida intelectual y artística porteña es inseparable de sus cafés.
El grupo de los poetas y artistas de Florida (en alusión a la calle Florida de Buenos Aires) solía reunirse en el famoso Café Richmond. Sus mesas vieron pasar a Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Jorge Guillermo Borges, Guillermo Juan Borges, Norah Borges, Nicolás Olivari, Roberto Mariani, Ezequiel Martínez Estrada, Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo, Norah Lange, a la gente del círculo de Editorial Sur: Victoria Ocampo, Silvina Ocampo, Elvira Orphée, Bioy Casares, Manuel Mujica Láinez, Eduardo Mallea, Ernesto Sábato y tantos otros.
El famoso grupo de Boedo, más proclive a la narrativa y al realismo social (Barletta, Castelnuovo, Arlt, César Tiempo, Álvaro Yunque), solía reunirse en el Café Japonés, en el barrio de Boedo, precisamente.
Otros cafés célebres en la vida social y cultural de Buenos Aires son el “Tortoni” (reminiscencia del Tortoni de París que descubrimos en Proust) y “El Molino”, el “London” y “Los 36 Villares” a donde concurría Federico García Lorca cuando estuvo en Buenos Aires. Algunos se tornaron también confiterías, con salones de té, más acorde con el gusto inglés. Alfonsina Storni solía asistir al “Tortoni”.
En el “Café del Gas” ya desaparecido comienza el famoso cuento “La noche de los dones” de Jorge Luis Borges, en el “Café London” comienza la novela “Los Premios” de Julio Cortázar, amante de los cafés en Buenos Aires, en Roma, en París… Es inseparable la vida intelectual y artística porteña, por ejemplo, del café “La Paz” en la calle Corrientes, o de la confitería “La Opera” en Corrientes y Callao.
La huella europea
Los cafés de Madrid evocan las vanguardias artísticas, y antes, en el siglo XIX, los de Cádiz, los cafés de las logias, remiten a los insurgentes y revolucionarios. San Martín era un amante de los cafés.
Los poetas ultraístas se reunían en el Café Colonial de Madrid, en donde todavía resonaban las voces de Miguel de Unamuno, Azorín y Rubén Darío.

Los famosos Cafés “ Gijón”, El Comercial”o” El Pombo”, evocan las tertulias de Ramón Gómez de la Serna, Gerardo Diego, Camilo José Cela o del célebre maestro del joven Borges, Rafael Cansinos Assens.
Cafés míticos como el “Fiori” de Venecia adonde asistía Casanova o el “Café de Flore”, en París, en el cual se daba cita la intelectualidad francesa en torno de Sartre y Simone de Beauvoir y que luego de la segunda guerra recibía en sus pequeñas mesas a escritores como Hemingway, Truman Capote y Marguerite Duras.
En otras ciudades argentinas: Salta y Tucumán
El escritor salteño Néstor Saavedra, traza en sus novelas el mapa de los cafés de Salta entre 1930 y 1980. Se mencionan así al “Globo”, a “La City”, al “Nipon”, al “Roma”, a la confitería «Ritz”, al “Hotel Salta”, y otros, que contribuían a conformar una ciudad menos atávica y más universal y cosmopolita. Durante la década del 70, los jóvenes intelectuales, políticos y artistas se reunían en el “Victoria Plaza”, o en el café de “La Peña” o “El Regidor”, todos en torno de la Plaza 9 de Julio. Estos ámbitos recordaban otros cafés de otras ciudades argentinas, como “La Cosechera” de Tucumán, espacio emblemático de discusiones políticas, literarias y psicoanalíticas.
Conversar mientras tomamos un café, leer los diarios o discutir ideas es una costumbre tan nuestra, tan argentina, que el café parece inseparable de los hábitos de nuestro país, acá, en el sur del continente.

Liliana Bellone.
Escritora. Premio Casa de las Américas de Cuba (1993). Premio Novelas Ejemplares, Universidad Castilla La Mancha (2020).
