Por María Fernanda Rossi – La Pluma Viajera
En estos días, palabras como Therian u Otherkin han saltado de los rincones profundos de internet a las mesas familiares, a menudo rodeadas de incomprensión, burlas o, peor aún, de un marketing que intenta vender como «disfraz» algo que nace como una inquietud del alma. En este vuelo, mi pluma no busca juzgar ni defender; busca recordar. Busca bucear en nuestra memoria ancestral para encontrar el hilo que une a un joven que hoy busca su identidad en un animal, con el chamán que hace siglos protegía a su comunidad desde la piel de un jaguar.
El Don de la Transmutación: No es un disfraz, es un Puente
En la cosmovisión andina y de las tierras bajas, la transformación no era un «trastorno» ni un hobby; era un don sagrado. Cuando escribí sobre Félix en mi libro Al son del Pim Pim, describí ese momento en que el hombre se vuelve árbol o guazuncho. En el chamanismo, el iniciado no «pretende» ser un animal: el animal lo elige a él.

Es lo que llamamos Nahualismo. Para nuestros ancestros, el espíritu es fluido. Habitar al animal totémico permitía ver lo que el ojo humano no percibe, sanar lo que la mano humana no alcanza y sentir el latido de la Pachamama con una agudeza divina. Pero este don no venía solo: requería pruebas de valor, silencio y un compromiso inquebrantable con el bienestar del pueblo. El animal no estaba al servicio del ego, sino de la comunidad.
El «Animago» y el «Patronus»: La Literatura como Espejo
Incluso la cultura popular contemporánea ha intentado darnos herramientas para entender esto. En el universo de Harry Potter, J.K. Rowling rescata dos figuras potentes:
- El Animago: Aquel que puede transformarse a voluntad en un animal, manteniendo su conciencia humana.
- El Patronus: Esa fuerza protectora que toma forma animal y que nace de nuestros recuerdos más felices.

¿Qué nos están diciendo estas historias? Que el ser humano siempre ha sentido que su «yo» es demasiado grande para caber solo en un cuerpo de carne y hueso. Que necesitamos la fuerza del ciervo, la visión del búho o la astucia del zorro para enfrentar nuestros propios oscuros dementores.
Entre el Bullying y la Memoria Celular
Hoy, vemos a niños y jóvenes buscando esta conexión a través de máscaras o videos en TikTok. Muchos sufren acoso por no encajar en la norma, mientras otros quedan atrapados en un consumo comercial vacío de significado.
Quizás, lo que estos jóvenes están experimentando es un eco de la sangre. En un mundo cada vez más desconectado de la tierra, el espíritu grita su necesidad de volver a la naturaleza. Si los miramos desde la lente del chamanismo, entenderemos que no son «raros»; son portadores de una inquietud milenaria que hoy no encuentra un «mojón» o un guía que les enseñe a canalizar esa energía de forma sagrada.

Un Vuelo de Respeto
Desde la Pluma Viajera, les propongo una mirada de respeto. Antes de burlarnos o de simplificar estas tendencias, recordemos que alguna vez todos fuimos parte de la misma rueda. Que el respeto que le debemos a las comunidades chamánicas —quienes aún guardan el secreto del «vuelo»— es el mismo respeto que merecen las nuevas generaciones que intentan, a tientas, redescubrir su lugar en el cosmos.
Porque al final del día, todos somos un poco como Félix: seres buscando raíces profundas para poder florecer con la fuerza de lo indómito.

Epílogo: El Vuelo de Félix como Espejo Ancestral
Para comprender esta conexión, basta con asomarse a la experiencia de Félix, el protagonista de mi libro Al son del pim pim, donde la transmutación es el lenguaje del espíritu:
- La Transformación en Guazuncho: Cuando Félix mira a la corzuela, sus sentidos se potencian. Esa sensación de libertad indómita y percepción agudizada es, quizás, lo que los colectivos modernos intentan rescatar: el deseo de volver a sentir el mundo con la intensidad de lo salvaje.
- El Hombre Samóu: La descripción de Félix sintiéndose árbol —echando raíces y floreciendo en amarillo— nos recuerda que la identidad no se limita a lo humano; somos parte de un ecosistema vivo. Es la esencia misma de la cosmovisión otherkin: ser planta, ser tronco, ser tierra.
- Las Máscaras (Aña Tairusu): Las máscaras de madera de samóu no se usan para ocultar quiénes somos, sino para revelar nuestra verdadera naturaleza espiritual y protegernos en el tránsito entre mundos. En el chamanismo, la máscara es el rostro del alma.
