Victoria Ocampo: El té se enfrió, pero el mate está a punto

Por María Fernanda Rossi: Pluma Viajera

Llevo conmigo solo mi cuaderno, mi pluma y un mate de algarrobo que brilla bajo el sol de San Isidro. Como Pluma Viajera, no necesito pasaportes para cruzar la niebla del tiempo.

Hoy aterricé en el jardín de Villa Ocampo. El aire huele a río y a magnolias. Allí, bajo la sombra de un ombú que parece abrazar toda la historia literaria de la Argentina, la veo. Victoria está tendida en el pasto, revisando unas galeras de imprenta.

No parece sorprendida de verme; las mujeres que escriben siempre saben cuando otra está por llegar. Me acerco con cuidado de no interrumpir su lectura.

P: Hola Victoria, vine desde Salta, cruzando los años, solo para cebarte un mate y preguntarte si valió la pena tanto incendio.

Victoria levanta la vista y sonríe con esa elegancia que no se pierde ni en la eternidad.

«¡Salta! La tierra de Juana Manuela… qué buen presagio. Sentate, querida. Y sí, valió la pena. Cada crítica, cada desplante de los académicos y cada peso invertido en «Sur». Porque mirá este jardín… no son solo plantas, son las ideas que logramos plantar en una tierra que a veces parecía estéril para las mujeres.«

Cebo el primer mate y se lo alcanzo. Ella lo toma con curiosidad.

P: Te fuiste un 27 de enero, pero tu casa sigue en pie y tu voz también. En este viaje me preguntaba: ¿Cuál fue el molde que más te dolió romper?

Victoria se lleva el mate a los labios pensativa.

El de «la mujer objeto de cultura». Todos querían que yo fuera la musa, la que inspiraba al poeta, la que decoraba el salón. Pero yo quería ser el sujeto, la que decidía qué se publicaba y qué no. Romper con mi clase social fue difícil, pero romper con lo que mi padre esperaba de mí fue lo que me forjó el carácter. Me dijeron que una mujer no debía exponerse. ¡Y yo me expuse hasta los huesos!

Buscando el chisme matero y el consejo de alguien que admiro, la encaro:

P:Victoria, se dice que fuiste una mujer de amores intensos, de pasiones que no pedían permiso. En un mundo de matrimonios por conveniencia, vos te atreviste a sentir con una libertad que asustaba. ¿Cómo se vive con tanto fuego cuando la sociedad te pide ser hielo?

Los ojos de Victoria llamean ante los recuerdos.

¡Ah, querida! El amor fue mi gran aprendizaje. Me casé joven por mandato, pero pronto entendí que mi alma no cabía en ese contrato. Mi verdadero despertar fue con un amor clandestino, sí, pero fue el que me enseñó que mi cuerpo y mi deseo me pertenecían. Mis amores nunca fueron «tranquilos» porque yo no soy una mujer tranquila. Siempre busqué la comunión: que el otro me leyera el alma mientras me tomaba la mano. Sufrí, claro, pero preferí mil veces el dolor de la intensidad que la paz de la indiferencia.

P:También fuiste una mujer de amistades que cambiaron el mundo. ¿Qué consejo le das a la mujer que hoy escribe en su habitación, sintiendo que su voz es pequeña?

Me mira con esos ojos que escudriñan el alma, y me contesta pasándome el mate.

Que no hay voz pequeña si es auténtica. Yo recibí en esta casa a los más grandes, de Virginia Woolf a Rabindranath Tagore, y aprendí que todos tenemos las mismas dudas. La diferencia es que algunos nos atrevemos a publicarlas. No escribas para gustar, escribí para entenderte. Y sobre todo, no dejes que nadie te diga que «no es el momento» o que «no es el lugar». El lugar es donde vos estés sentada con tu pluma.

El mate se terminó y Victoria vuelve a sus papeles. La observo por un momento. Esta mujer sufrió, amó y arriesgó todo su reputación, por su deseo. Ella fue una romántica, al igual que otras mujeres como Juana Manuela, que pusieron el sentimiento y la libertad individual por encima de las normas. Eligieron ser auténticas y honestas con ellas mismas.

Yo guardo mi pluma, el viento empieza a soplar. Ya siento el aroma de mi próxima escala…

«Viví mi vida lo mejor que pude y con la mayor pasión que pude. No me arrepiento de nada.»

Retrato de una Pionera: ¿Quién fue Victoria Ocampo?

Victoria Ocampo (1890-1979) fue mucho más que una mujer de la alta sociedad argentina; fue la arquitecta del puente cultural más importante entre América Latina y el resto del mundo en el siglo XX.

  • La Fundadora: En 1931 fundó la Revista Sur, y más tarde la editorial del mismo nombre, donde publicó a autores de la talla de Borges, Bioy Casares, Virginia Woolf y Federico García Lorca.
  • La Rebelde: Fue la primera mujer en obtener un registro de conducir en Argentina y la única mujer presente en los Juicios de Núremberg. Su negativa a seguir los mandatos tradicionales la llevó, incluso, a ser detenida por el gobierno de turno en 1953, pasando un tiempo en la cárcel de El Buen Pastor.
  • La Escritora: Aunque a menudo se la recuerda como mecenas, su obra literaria es fundamental. Sus diez tomos de Testimonios y su Autobiografía son piezas clave para entender la subjetividad femenina y la historia intelectual de nuestro país.
  • El Legado: Primera mujer en ser elegida miembro de la Academia Argentina de Letras. Antes de morir, donó su emblemática residencia, Villa Ocampo, a la UNESCO, para que continuara siendo un nido de cultura y diálogo.

Falleció un 27 de enero de 1979, dejando tras de sí una huella imborrable: la convicción de que la cultura es el único territorio donde todos somos iguales.

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