En el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer
Por Arelis Danger de la Cruz

La violencia de género sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas y generalizadas del mundo. Se calcula que, a nivel global, casi una de cada tres mujeres han sido víctimas de violencia física y/o sexual al menos una vez en su vida. Y lo que es aún peor, cada diez minutos, una mujer o niña muere a manos de su pareja u otro miembro de la familia. Por ello las Naciones Unidades este año promueven la campaña «ÚNETE para poner fin a la violencia digital contra las mujeres y las niñas» y tiene como objetivo movilizar a todos los miembros de la sociedad: los gobiernos deben acabar con la impunidad a través de leyes que la penalicen; las tecnológicas deben garantizar la seguridad de las plataformas y eliminar contenido dañino.
NACIONES UNIDAS
En América Latina y el Caribe, la movilización social y política de las mujeres es especialmente dinámica, demostrando su capacidad de respuesta rápida y su compromiso en diversas áreas, incluyendo la negociación y el cumplimiento de acuerdos de paz. Un ejemplo emblemático es el Acuerdo Final de Paz en Colombia (2016), donde se destaca la centralidad de las mujeres en la construcción de una paz estable y duradera. Su liderazgo incluye potenciales y desafíos, especialmente en garantizar que los acuerdos verdaderamente integren la perspectiva de género para que la paz sea inclusiva y sostenible.
Sin embargo, este liderazgo femenino también enfrenta múltiples desafíos. Garantizar que los acuerdos integren verdaderamente la perspectiva de género requiere superar resistencias culturales, políticas y estructurales que aún persisten en muchas sociedades de la región. La inclusión efectiva no solo debe darse en el papel, sino también traducirse en acciones concretas que aseguren la participación equitativa, el reconocimiento de derechos y la protección frente a nuevas formas de violencia.
No obstante, el liderazgo de las mujeres en estos procesos debe ir acompañado de un fortalecimiento de sus capacidades, redes de apoyo y recursos, para que puedan influir de manera decisiva en la formulación y ejecución de políticas públicas orientadas a la consolidación de la paz. Su protagonismo aporta una visión integral que combina la justicia, la reconciliación y el desarrollo sostenible, elementos esenciales para que la paz sea verdaderamente inclusiva y sostenible en el tiempo.


En definitiva, la participación política y social de las mujeres en los procesos de paz en América Latina y el Caribe representa una oportunidad clave para transformar las dinámicas de poder que han perpetuado la violencia y la exclusión, abriendo caminos hacia sociedades más justas, igualitarias y pacíficas. Su papel activo no solo en la negociación, sino en la vida pública postconflicto, confirma que la paz duradera sólo es posible cuando se reconoce y fortalece la voz y el liderazgo femenino.
La espiritualidad y fe como motor de paz femenina
La fe y la espiritualidad que profesan muchas mujeres les proporcionan la paz interior y la fuerza para promoverla en sus comunidades y familias. Diversas tradiciones religiosas reconocen el papel pacificador de la mujer, quien sembrando semillas de respeto, libertad religiosa y dignidad humana, contribuye a una cultura de encuentro que trasciende las diferencias y fomenta el diálogo.
La fe y la espiritualidad que profesan muchas mujeres constituyen una fuente profunda de paz interior y resiliencia, dotándolas de la fortaleza necesaria para actuar como promotoras activas de la paz en sus comunidades y familias.

Estas dimensiones espirituales les permiten cultivar valores como la compasión, la esperanza y la reconciliación, que se traducen en acciones concretas dirigidas a construir ambientes de convivencia armoniosa y respeto mutuo.
Diversas tradiciones religiosas alrededor del mundo reconocen y valoran el papel pacificador de la mujer, destacando su capacidad para sembrar semillas de respeto, libertad religiosa y dignidad humana. A través de estas enseñanzas y prácticas, las mujeres desempeñan un rol fundamental en la creación de una cultura de encuentro y reconciliación que supera diferencias culturales, étnicas o religiosas, fomentando el diálogo intercultural e interreligioso como camino para la resolución pacífica de conflictos.
La espiritualidad femenina, en sus múltiples expresiones, impulsa igualmente la inclusión y el cuidado de los más vulnerables, contribuyendo a la construcción de sociedades más justas y equitativas. Este enfoque integral, que entrelaza lo espiritual con lo social, fortalece las bases culturales de la paz y ofrece un horizonte ético desde donde se puede enfrentar la violencia y la exclusión.
En este sentido, la espiritualidad femenina es un recurso valioso y transformador que promueve una paz profunda, inclusiva y duradera.
Condición y derechos de la mujer para una paz sostenible
La paz sostenible no se puede concebir sin la participación plena e igualitaria de las mujeres. Los conflictos armados afectan desproporcionadamente a las mujeres, que sufren violencia sexual y discriminación. Sin embargo, su inclusión en los procesos de toma de decisiones y en misiones de mantenimiento de la paz ha demostrado ser vital para la prevención y resolución de conflictos, y para la construcción de estados libres de violencia. La igualdad de género se alinea como un indicador más fiable de la estabilidad y la paz que otros factores tradicionales como el producto interno bruto o el nivel de democracia.
Los conflictos armados afectan desproporcionadamente a las mujeres, quienes enfrentan no solo la violencia física y sexual, sino también múltiples formas de discriminación estructural que agravan su vulnerabilidad y limitan su acceso a recursos, justicia y protección.
Sin embargo, cuando las mujeres son integradas en los procesos de toma de decisiones y participan activamente en misiones de mantenimiento de la paz, se ha demostrado que las negociaciones y las intervenciones resultan más inclusivas, efectivas y orientadas hacia la reconciliación social. Su liderazgo aporta una perspectiva única centrada en la protección de los derechos humanos, la reparación integral y la construcción de comunidades resilientes.
Además, la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que se ha consolidado como un indicador más fiable de estabilidad y paz que otros factores tradicionalmente valorados, como el producto interno bruto o los niveles de democracia. Esto reafirma que las sociedades que priorizan la equidad de género no solo disfrutan de mejores condiciones de justicia y bienestar, sino que también presentan menores índices de violencia y conflictos.
Por lo tanto, la promoción y garantía de los derechos de la mujer se convierte en una estrategia fundamental para la prevención de la violencia, la consolidación de la paz y la creación de estructuras estatales que garanticen vida libre de violencia para todos sus ciudadanos. Es imprescindible que políticas y programas de paz incorporen de manera integral la perspectiva de género, no solo como un componente adicional sino como una base estructural para la construcción de sociedades justas, inclusivas y sostenibles en el tiempo.
Mujer, cultura y paz: una alianza estratégica
La cultura de paz se fortalece con la alianza entre mujer y cultura, en la que la mujer actúa como agente transformador que cuestiona estructuras patriarcales y promueve la resolución pacífica de conflictos. La cultura de paz feminista sostiene que la guerra y la violencia son dinámicas estructurales patriarcales, por lo que la inclusión activa de las mujeres en espacios culturales, sociales y políticos es indispensable para la transformación profunda de la sociedad hacia la justicia y la paz.

¿Cómo mejorar la participación de mujeres en negociaciones de paz?
Para mejorar la participación de las mujeres en las negociaciones de paz es necesario adoptar un enfoque integral que aborde tanto las barreras estructurales como las culturales. Aquí algunas estrategias clave basadas en las mejores prácticas y recomendaciones de expertos:
- Establecer cuotas y medidas afirmativas: Implementar cuotas de género y otras medidas que garanticen la participación mínima de mujeres en las mesas de negociación, así como en roles de liderazgo dentro de los procesos de paz.
- Apoyo logístico y financiero: Proveer recursos para cubrir gastos de viaje, cuidado infantil, asistencia técnica, formación y apoyo lingüístico para las mujeres que participen en negociaciones, con el fin de superar barreras prácticas que dificultan su inclusión [2].
- Capacitación y formación especializada: Preparar a las mujeres mediante talleres y programas de formación en negociación, mediación y liderazgo político para fortalecer sus habilidades y confianza en escenarios diplomáticos y de toma de decisiones [2].
- Fortalecimiento de redes y organizaciones de mujeres: Apoyar y vincular a grupos de mujeres activistas, mediadoras y organizaciones de la sociedad civil para multiplicar la influencia y la representación de las mujeres en las negociaciones y en la implementación de acuerdos.
- Cambio cultural y sensibilización: Promover en las sociedades y entre los actores políticos y militares el reconocimiento del valor estratégico de incluir a las mujeres en los procesos de paz, desafiando prejuicios y estereotipos que limitan su participación.
- Impulsar reformas legales y políticas: Garantizar marcos legales que aseguren igualdad de derechos y la autonomía económica de las mujeres, proporcionando un entorno donde puedan participar plenamente como líderes y negociadoras
- Mecanismos de apoyo y seguimiento: Establecer mecanismos que aseguren que la participación de las mujeres en la negociación se mantenga durante la implementación y seguimiento de los acuerdos, para que no sea solo simbólica sino efectiva y duradera.
Para mejorar la participación femenina en las negociaciones de paz se requiere garantizar su acceso efectivo mediante cuotas, formación, apoyo logístico, fortalecimiento de redes, sensibilización cultural, reformas normativas y mecanismos de seguimiento que aseguren su liderazgo real y sostenido en todos los niveles del proceso de paz.

Referencias:
- M. K.Gandhi,. An Autobiography: The Story of My Experiments with Truth, op.cit., p. xiii. Consultada 13/09/2025.
- Mandela, N. (1995). «Long Walk to Freedom». Little, Brown and Company.
- Yousafzai, M. (2013). «I Am Malala: The Girl Who Stood Up for Education and Was Shot by the Taliban». Little, Brown and Company.
- Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). (2021). «Informe sobre el Desarrollo Humano».
- UNESCO. (2022). «Educación para la Paz y la Prevención de la Violencia». Informe Global.
