Del libro infantil «Ronda de la Vida»
Por Jorge Triviño Rincón
OFRENDAS

Por los senderillos
poblados de hierbas
van los pastorcillos
con sus tres ofrendas:
oro, incienso y mirra
para el Niño Dios,
el rey de la tierra.
Y allá en el oriente,
flamea una estrella
anunciando a todos
que trae ley nueva,
—hermosa, y perfecta—:
La ley del amor…
Por los senderillos
iban tres pastores
y en mi corazón
dejaron sus huellas
indelebles y bellas
y mi luz aún son.
LA LOCOMOTORA

Chu, chu… chu, chu…
La locomotora
va siempre cantando
con diáfano acento
desde la mañana
hasta el bello ocaso.
Chu, chu… chu, chu…
Cruza extensos valles,
páramos, planicies.
Parece incansable,
avanza y avanza,
y cantando sigue.
Chu, chu… chu, chu…
dice en las alturas,
con lluvia o verano.
Los pinos al verla
dicen agraciados:
“Parece un gusano
de luz al mirarla”
Corre noche y día
alegre y ufana.
Chu, chu… chu, chu…
La locomotora
vierte melodía,
su gracia y su encanto.
Chu, chu… chu, chu…
La locomotora
pasó por mi vida
dejándome magia
y su alegre canto.
Chu, chu… chu, chu…
Chu, chu… chu, chu…
PEREGRINAJE

Una hormiguita
salió ligera
de su agujero.
Salieron dos,
salieron tres,
salieron cuatro,
salieron cinco,
salieron seis…
Volvió una hormiga
con una hoja
sobre su cuerpo
y tras de ella
iba una fila
bien ordenada
portando trozos
en sus espaldas,
después decenas
con huevos blancos
como guirnaldas.
Eran centenas.
Andaban lentas
al hormiguero
que cerca estaba.
Pronto la lluvia
larga, muy larga
se desataba.
Las hormiguitas
dentro se hallaban
bien resguardadas.
Llegó el verano.
Iban saliendo
en fila india
como viajeras
a la hondonada
donde había hojas
recién cortadas.
Volvió la hormiga,
volvieron dos,
volvieron tres,
volvieron cuatro…
¡El hormiguero
como un dragón
con boca abierta
las esperaba!!
MAGIA

Las ovejas balaban
alegres en la ladera,
y el balido lo llevaban
los vientos a la pradera.
Era un hermoso murmurio
que a todo ser alegraba.
El murmurio llegó al río
y la corriente meció
en su seno el sonido;
voló hasta un hontanar
y el hontanar devolvió
con alegría y bondad,
el balido al manantial.
El manantial transportó
en su corriente plateada
el canto de las ovejas
y entre los riscos dejó
sus voces como sonatas.
El canto se fue saltando
por los pedruscos que hallaba
y penetró en el sendero
donde un hada enamorada
se hallaba cortando rosas
que convertía en guirnaldas.
El canto llegó a mi oído
fascinando a mi alma,
tocando lo más profundo
de mi conciencia interior.
Entonces… ¡Gracia divina!
¡El canto se trasformó
dentro de mi corazón
en un hermoso suspiro
por la magia del amor!
TRAVESÍA

Una alba garza
salió del árbol
de cedro negro
donde dormía.
Levó sus alas
e inició el vuelo
sobre el cielo
de la ciudad.
El aire tibio
de la mañana
le dio a su cuerpo
tonicidad.
La luz dorada
bañaba a todo
ser y criatura,
dando alegría,
felicidad.
Las arboledas,
el amplio río
y las montañas
creaban encanto
y gran sentido
de eternidad.
A la viajera
los caminitos
le parecían
cual serpentinas
de esmeraldas,
ámbar y plata
y los jardines
tenían matices
del arco iris
y generaban
en su bella alma,
dulce alegría
y gratitud.
Mientras volaba
pensó la garza:
“Cuánta belleza
se halla dispersa
mientras pasamos
por nuestra vida,
y cuando el alma
se acerca a ella
con ansias serias
de conocer
la verdadera
razón de ser,
encuentra entonces
que es la armonía
—inmersa en todo—
la que motiva
a agradecer.”
“Gracias, mil gracias”
surgió del fondo
del corazón
de la andariega.
“Gracias, mil gracias”
Le respondieron
todos los seres
y las criaturas
con gran fervor.

Que buen regreso el mío a este manojo y entramado de poemas, de aquellos de la infancia y los tiempos cuando aprendimos la magia de la lectura. Los leo y amo aquellos tiempos cuando fui maestro rural y con poemas como estos, autores del siglo XX, los niños cantaban a otros porque les inventaban melodías.
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