Por Lucila Moro

Para comenzar a hablar del desprestigio, envidias, descalificación, negacionismo y violencia, debemos estar muy atentos a aquellas personas que siempre están criticando o juzgando los demás cada momento.
Para conseguir todo esto siempre buscan aliados que les ayuden a conseguir sus objetivos, deslegitimar o hundir a las personas que consideran sus rivales.
Ante estas personas es importante guardar y no dar información personal o laboral mas que la necesaria.

Alejarse, si es posible, de los entornos donde esté esta persona. No dar crédito a sus opiniones ni dejar que nos influya.
No permitir que nos utilicen para hacer daño o críticas inventadas y despiadadas hacia otros. No debemos entrar en su juego, pues a veces nos utilizará como víctimas y otras como cómplices.
Llevar las propias iniciativas laborales de manera que esta persona no pueda apropiarse de ellas o que no permita que prosperen. Y sobre todo conocer y asumir que estas personas hacen mucho daño.

Por eso es importante poder alejarse de ellas y no permitir que cubran sus necesidades haciendo creer que son los demás menos capaces, cuando no es cierto.
Emplea estos comentarios como una guía para mejorar tu autoestima y ver las mejoras que puedes tener a nivel psíquico personal y social.
Una motivación de la necesidad de hablar mal de los demás es para que los participantes de la conversación se sientan mejor con sus propias inseguridades. Cuando una persona habla mal de ti, muchas veces lo hacen por envidia. Una manera de ver la situación de forma positiva es tomarlo como una crítica constructiva.
Para conseguir una forma de pensar según les interese en cada momento, para llegar a esto, siempre buscan aliados que les ayuden a conseguir sus objetivos, deslegitimar o hundir a las personas que consideran sus rivales.
Las personas que sienten envidia en el fondo tienen una idea base de ser inferiores, que se confirma cuando ven que otros logran lo que ellos no pueden. Esto les genera comparación, frustración e incluso, en los casos más graves, odio y deseo de “destrucción”, humillación o denigración del otro.

Los envidiosos, que tienen una baja autoestima, menosprecian los logros ajenos, los viven como una ofensa a su propio ego.
Usualmente, se trata de personas cercanas: familiares, amigos, parejas, colegas o con las que existe una relación y forma de pensar según les interesa en cada momento. Para desprestigiar socialmente a las personas que sienten como rivales.
¿Qué hacer cuando nos encontramos con una persona afectada con este síndrome?
Para empezar, hay que estar muy atentos a aquellas personas que siempre están criticando o juzgando el trabajo de los demás.
Y sobre todo saber que, las personas afectadas por el síndrome de Procusto, hacen mucho daño, por eso es importante saber alejarse de ellas y no permitir que cubran sus necesidades haciendo creer que son los demás menos capaces, cuando no es cierto.
Las personas envidiosas tienen un lenguaje no verbal y por alli los puedes identificar. Es decir, el envidioso demuestra alegría extrema ante una buena noticia que le comuniques…
CUIDATE
No te quedes con tus emociones, porque si tus ojos no lloran, llorará otro órgano de tu cuerpo.
Madurar es cuidar lo que dices, respetar lo que escuchas.
Sé tan fuerte
que nadie pueda
herirte, tan
noble que nadie
pueda ofenderte,
tan humilde que
todos puedan
admirarte
y tan original
que nadie
pueda imitarte.

