LA PRIMERA FOTO
Por Claudia Fernández Vidal
La primera foto te la voy a mandar desde la estación central le dije a mi hermana la noche antes, a vos que te gustan tanto los trenes te va a encantar, bue, si no te perdès en el camino me contestó. Llegar hasta ahí era la cuestión.
Subí al avión con un desorden importante en la cabeza, un mapita dibujado a mano en un papel que guarde en el bolsillo de atrás y la sonrisa que me poblaba la cara de manera completa. Eran las once de la noche, 21 de septiembre. Me había pasado casi doce horas en Ezeiza esperando el vuelo, tenia jeans y sandalias, los dedos congelados, hacia frío y había llovido finito y sin pausa todo el día. Para el próximo me pongo zapatillas pensaba de ratos. Me gustaba distraerme con ese pensamiento y sentir el frío, cualquier cosa antes que pensar que iba a estar 10 horas arriba del avión, me subían y me bajaban las emociones, se me hacia un nudo en el estómago, esa adrenalina a la inversa que a veces nos toca sentir. La detesto jajaja. Mi destino Nueva York. Subí el volumen, respiré hondo y cerré los ojos mientras el avión levantaba vuelo, sonaba Lago en el cielo de Ceratti, los auriculares me salvaron de cualquier otro ruido, cuando abrí los ojos otra vez el miedo se había ido, el avión no se movió mas.
A las nueve de la mañana aterrizamos en el JFK, casi dos horas de controles y salí por fin a un pasillo largo con mi valija que ya comenzaba a sentir que era demasiado grande

Cuando salí del pasillo me enamoré del kioskito, lleno de miles de cosas ricas, lindas, chicles, revistas, me quedé como media hora ahí. Podría haber tomado una Shuttle o combi para llegar a la Estación Central, pero preferí hacer el viaje en tren,casi cuatro estaciones hasta llegar. Saqué el mapita que me había dibujado mi cuñado y salí por fin del aeropuerto, tomé el Airtrain, un tren que va por unos rieles en altura, casi en el aire. A los 15 minutos dos chicos negros y de remeras con flores armaron un espectáculo, pusieron un grabador en el suelo y comenzaron a bailar break dance. La gente los miraba sin ver, la costumbre tal vez, yo estaba maravillada. No tenia la menor idea donde iba, ni cuanto faltaba hasta la próxima estación, ni me importaba tampoco. Estaba en el tren y me gustaba.
Tomé dos trenes más, cargando esa valija que había comenzado a odiar, se me atascaba en las escaleritas en las estaciones, en los molinetes. El paisaje era gris y monótono, la gente era lo que más me llamaba la atención, todo muy cosmopolita, un entrevero de razas diríamos en tucumano.
Por fin entre en la estación, la que había visto siempre en las películas, enorme, con un techo que dibujaba constelaciones y luces de un color verde azulado, con ventanales gigantes, increíblemente hermosa, cosmopolita, con pantallas que anunciaban partidas de trenes a donde quieras ir, por fin había llegado a Nueva York. Con lo poquito que me quedaba de batería en el celular, saqué la primera foto. Atravesé el gran salón, y salí a la calle 42, yo nunca había visto una cosa así, si soy tucumana y mi provincia es tan chiquita, Nueva York me deslumbraba en ese instante. Pensé en mi viejo, que lástima no pudiste conocer…no tuviste tiempo, Entré otra vez a la estación y tomé el próximo tren. Cuando tenga wifi le mando a mi hermana la foto, y le saco la lengua también, para que vea que no me perdí.

