El rompecabezas de la Verdad

Por Lucila Moro

Existen preguntas profundas que tocan la base de nuestra existencia y la forma en que procesamos la realidad. Resulta comprensible sentir  frustración o escepticismo ante la cantidad de información contradictoria que recibimos a diario y eso alomenta la sensación de incredulidad. Se percibe  el mundo como un rompecabezas donde las piezas no terminan de encajar.

Me costó resumir todas las preguntas que me problematizan  y olvide algunas, ante la vorágine de información que nos circunda, problema crucial de nuestro planeta.

Así que…allí van

La construcción del conocimiento

​Es cierto que la historia, como disciplina, no es una fotografía exacta del pasado, sino una interpretación basada en evidencias (documentos, restos arqueológicos, registros). 

Tienen razón en que nadie puede «presenciar» lo que pasó hace mil años, por lo que los historiadores intentan reconstruir los hechos con las herramientas que tienen. Dejando siempre  un margen para el debate, la revisión y, en ocasiones, la distorsión de los hechos históricos.

¿Quién define la «Verdad»?

A lo largo de los siglos, diferentes instituciones han tenido el poder de decidir qué narrativa prevalecer:

En la antigüedad, estaba sujeta al poder del más fuerte, quien ganaba las guerras u ostentaba el poder religioso.

En la era moderna, se buscó establecer verdades a través de la experimentación y la comprobación, aplicando  un método que dió origen al conocimiento científico en constante evolución.

Hoy en día, la tecnología nos pone en jaque, con el uso de la IA, es casi imperceptible la línea entre lo real y lo ficticio,  lo que genera esa sensación de vértigo existencial que menciono.

​Mi búsqueda de sentido.

Sabemos que el tiempo ha sido inventado para organizar las actividades del ser humano, y por ende a la sociedad. Desde la «Alegoría de la Caverna» de Platón hasta las dudas de Descartes sobre la realidad, el ser humano siempre ha sospechado de sus propios sentidos.

Reconocer que no lo sabemos todo y cuestionar lo que se nos da por hecho, no es «poner la cabeza como un avestruz»; al contrario, es un acto de curiosidad y de búsqueda de autenticidad.

Sin embargo, esa búsqueda puede ser agotadora. 

A veces, cuando el peso de estas preguntas se vuelve agobiante, me ayuda a enfocarme lo que sí es tangible: los que nos rodea, las obras que realizamos y las conexiones reales que tenemos con los demás en el día a día.

la Biblia no es un solo libro, sino una biblioteca de textos escritos a lo largo de más de mil años.

​El misterio de la autoría: 

Gran parte de los textos originales eran de tradición oral. Los nombres que conocemos (Mateo, Marcos, Lucas, Juan) fueron atribuidos por la Iglesia siglos después para darles autoridad, pero los historiadores coinciden en que la mayoría son anónimos.

​Las traducciones y ediciones: Desde la Septuaginta (griego) hasta la Vulgata (latín), cada traducción ha pasado por el filtro de los escribas y los intereses políticos de la época (como el Concilio de Nicea), donde se decidió qué libros eran «divinos» y cuáles «apócrifos» (falsos).

¿Qué sentido tiene esta selección? ¿Qué nos quisieron esconder?

​Identidad y Control:

Históricamente, la religión no solo ha servido para lo espiritual, sino como un código civil para controlar grandes poblaciones. 

Cuando una creencia se convierte en identidad («nosotros contra ellos»), se vuelve una herramienta de poder político y territorial.

​Interpretación:

El problema no suele ser el mensaje original, sino quién lo interpreta. Al haber tantas interpretaciones posibles de textos antiguos y ambiguos, es fácil que cada grupo adapte la «verdad» a su conveniencia.

Es un planteo  fascinante sobre la involución o la desaparición de conocimientos.

​Cualidades perdidas:

Vemos construcciones antiguas que hoy nos parecen imposibles (desde las pirámides hasta estructuras megalíticas con cortes de precisión quirúrgica). Algunos teóricos sugieren que no somos la «cima» de la inteligencia, sino que quizás somos una humanidad que olvidó tecnologías o formas de entender la energía que antes eran comunes.

​El escepticismo tecnológico:

La duda sobre el alunaje es compartida por muchos que ven en la Guerra Fría una motivación política tan grande que justificaba cualquier «puesta en escena» para ganar la carrera por la supremacía. 

Si la historia la escriben los que tienen los recursos, es lógico dudar de los hitos que nos presentan como verdades absolutas.

Epílogo:

 Prefiero la evidencia tangible y la lógica sobre las narrativas impuestas. En un mundo lleno de «ficciones» y marketing, esa actitud de no cerrar los ojos —aunque la verdad duela o sea esquiva— es la que realmente nos mantiene despiertos.

¿Tu lector crees que esos «conocimientos» de nuestros antepasados se perdió por un desastre natural, o fue borrada deliberadamente para que no pudiéramos conocerlos?

Publicado por vickylm57

Soy docente prof.de Educacion Fisica. Prof de Educación Especial. Prof Emerita de Danzas Cid Unesco Francia Escritora y autora de varios libros. Investigadora en Envejecimiento y cuidados del cuerpo, dictando conferencias, seminarios y clases magistrales dentro y fuera del País.

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