Reserva Natural – El Calafate/ Santa Cruz/Argentina
Por Claudia Fernández Vidal

El rosa de los flamencos, sus frágiles patitas, su delicadeza…
A pocas cuadras del centro de El Calafate está la Laguna Nimez. Está considerada Reserva Natural por la enorme cantidad de aves que viven dentro de sus márgenes. Tiene todo un circuito bien marcado por donde podes ir caminando y descubriendo escondidas entre los pastizales, codornices de cabecita colorada, gallinitas catuchas, patos negros y con pintas amarillas en el cuerpo, zorritos observando a quienes van llegando (si tenés suerte) y una variedad enorme de pájaros de belleza absoluta. Plumitas azules, doradas, verde esmeralda, naranja o bermellón cubriendo sus alas.

La Laguna comparte una orilla con el Lago Argentino donde hay una playa de arenas bien húmedas y se puede ver el oleaje del lado moviéndose al compás del viento. El viento es tremendo, y el frío también se siente intenso.
Tenés que ir de zapatillas porque te vas a embarrar andando en los senderos donde crecen los pastizales húmedos, donde se esconden y hacen nido un montón de especies nuevas. Hay que cuidar estos lugares y no llevar ni piedras ni plantas, porque todo forma un conjunto del ecosistema propio del lugar, con sistema de riego propio para no perder los humedales. Hay pequeños miradores, casitas de madera con pequeños visores para mirar el lago, la Laguna y esperar con mucha paciencia que vayan apareciendo las aves. Algunas cruzan el cielo en bandadas formando figuras y dando gritos y graznidos. Los patos, cisnes de cuello negro y gavilanes flotan en silencio atrapando lombrices y pescaditos con los picos sumergiendo la cabeza en el agua.





Los más hermosos de la laguna, son los flamencos rosas y de patas largas y finas, son ariscos y conservan su belleza y soberbia andante moviéndose despacio. Verlos en grupos desde lejos es un gusto para los ojos. La sutilidad de sus gestos, los pasos que van dando entre el agua y la arena van dejando sus pequeñas marcas. Una belleza para proteger y cuidar para las futuras generaciones.

Pastizales, barro, senderos y piedras, caminitos de piedras blancas, frío furioso y viento tremendo. Todas las aves surcando el cielo. Y el silbido de los pájaros azules que cantan a cuello lleno.
Abrigate, lleva gorro y guantes y meté sin miedo los pies en el barro, en los humedales. Es la única manera de llegar a la otra orilla.




